viernes, 23 de mayo de 2014

Contra el centralismo y el separatismo al mismo tiempo

A la mayoría de la población, partidaria de cierto liberalismo político, siempre le ha preocupado tener un estado fuerte, funcional y que protegiera la libertad de los ciudadanos en la forma que más éxito tiene: limitando el poder de quien ordena, dicta y ejecuta las leyes. De ahí que no sorprendan los postulados federalistas de los partidos liberales europeos, que pueden ser interpretados de dos formas.


De arriba a abajo, el federalismo propugna una descentralización competencial y política. Municipios, departamentos, provincias, etc. Este es un federalismo no estricto, pues no habla de la unión de estados, sino de la división del poder estatal. Una distribución del poder que sin embargo guarda el principio del orden jerárquico, pues no se trata de una vía para la fragmentación del estado. De hecho, la fragmentación del estado impediría la segunda forma del federalismo que espera al lector en el siguiente párrafo.

De abajo a arriba, el federalismo propugna el agrupamiento de los estados en comunidades más amplias, de varios estados. Esto también implica una división del poder por el método de la cesión. Sobra decir que cada compartimento estanco debe guardar su impermeabilidad para evitar la acumulación de poder.

El problema federal viene precisamente de la tendencia a la acumulación de poder. Y no hablo de poder malvado y oculto, sino de un poder a la luz del día que puede significar extraer recursos económicos, propiciar la cortesanía de una bulímica capìtal o sencillamente la imposibilidad de ofrecer los mismos servicios y oportunidades a todos los ciudadanos independientemente de donde residan.

¿Cómo evitar la inflación orgánica en una federación?

Pobre Lois Lane :(
Los detractores del federalismo argumentan el mayor coste que las diversas estructuras orgánicas tienen frente al vaciamiento institucional. Sin embargo, el vaciamiento institucional es una fantasía cuando vemos que el estado centralizado también se aqueja de esta inflación. No es la forma de distribución y división del poder político origen del mayor gasto, sino las políticas que se lleven a cabo. Un estado centralizado puede costar más que uno federal y viceversa. En España, el ayuntamiento de Madrid es la administración pública con mayor deuda y curiosamente nadie pide su disolución ni que las farolas de Chamberí pasen a ser un asunto que decida el Congreso de los Diputados o un delegado real con una carta otorgada en Bayona por Su Majestad.

La acumulación de poder en el sistema federal puede venir por dos vías. Una vía es la degeneración del principio de jerarquía. El órgano que toma decisiones comunes que afectan a varios sub-miembros corre el riesgo de convertirse en un insaciable paquidermo orgánico extractor de recursos. Otra vía de acumulación de poder se produciría al romperse la isonomía si en el mismo rango federal unos miembros están privilegiados frente a otros (por ejemplo, el País Vasco en nuestro estado de las autonomías).

Sede del ministerio de Defensa de EE.UU., el edificio de oficinas más grande del mundo.
Si un objetivo del federalismo es evitar o dificultar la acumulación de poder deberá buscar las cautelas con las que combatir la degeneración de la jerarquía y la rotura de la isonomía. Tiendo a pensar que esto se consigue haciendo que la jerarquía responda más a la participación que a la subordinación. Ejemplo gráfico: imaginemos una comarca formada por varios ayuntamientos. Si la comarca es un elemento ajeno a los ayuntamientos, el principio jerárquico podría hacer que privilegiara a un ayuntamiento. También se podría correr el riesgo de que la comarca cobrara vida propia y aplastara a los ayuntamientos con sus delegados del Gran Visir y sus recomendados. Para evitar esto, sería necesario que esos ayuntamientos participaran del gobierno de la comarca mediante una representación no popular o no sólo popular con prerrogativas de veto, etc. Podéis cambiar "comarca" por "UE" si queréis, el principio es el mismo.

Federalismo no es secesionismo

No sólo el federalismo no significa secesionismo, sino que a mi entender es antónimo de éste. El federalismo implica la participación de las entidades federadas en el gobierno del órgano superior. Por lo tanto, este gobierno conjunto (con el que paralelamente es imprescindible una representación de la soberanía nacional, si es que hablamos de las entidades inmediatamente inferiores al estado-nación) estaría legitimado por las partes constituyentes. Partes constituyentes que co-gobernarían la nación, con lo que no cabe el "España nos roba", ya que "España" no sería un ente ajeno, lejano y malvado que se acaba en Buitrago del Lozoya (topónimo que mola mucho, por cierto), sino que España eres tú también, con lo que si eres secesionista, no se te enfrentaría sólo un poder capitalino, sino ese poder capitalino con el concurso del resto del país. El federalismo, insisto, o mantiene la unidad o no es federalismo.

Anuncio electoral de CiU.
Es sorprendente que una de las vías posibles de hacer prevalecer la unidad nacional sea atacada por aquellos que dicen defender esta unidad. Yo me pregunto si acaso confunden unidad con uniformidad o si simplemente no confían en sus compatriotas. Quizás haya motivos más viscerales y antiguos, como que la gente de provincias es medio lela y no sabe gobernarse. Aún tendré que sacar la interminable lista de presidentes del gobierno con orígenes gallego y andaluz.

Anuncio electoral de UKIP, pero podría ser de CiU.
Sobre esto oía hace poco en la radio a un indocumentado diciendo que regionalismo, federalismo, nacionalismo y separatismo son la misma cosa «porque ellos siempre quieren más». Ciertamente la actual construcción constitucional autonómica da pie a que suceda un mercadeo persa con los recursos conjuntos a repartir, pero no es menos cierto que esto no es un argumento para el centralismo. Es más, el federalismo exige un reparto competencial cerrado y una clarificación de los ingresos propios. Y si los recursos propios no son suficientes y por cuestiones de convergencia en el acceso a las oportunidades hace falta dar más a alguien, ese dinero deberá ser supervisado. Esto ya sucede a nivel UE: si te dan dinero para hacer una línea de tren y te lo gastas en mojitos, te lo piden de vuelta. No encuentro razones para no encontrar esto en España. Será que los españoles «no sabemos gobernarnos y hace falta que nos dirijan». Pues no señor. No hay razones para pensar que no puedan cambiar las cosas.




2 comentarios:

gmolleda 25 mayo, 2014  

Si discriminan a mis hijos imponiendo el inglés, incluso los no turnistas moderados defienden que me sigan discriminando al no proponer un idioma no irregular (esperanto por ejemplo).
¿A quién votar? Piensa que el esperanto supondría que nos toca la lotería a todos: 60.000 euros de ahorro por hijo.
Los políticos tienen a sus hijos en colegios privados bilingües con profesorado nativo: 600 euros/mes.

Republica bananera 25 mayo, 2014  

El federalismo implica unos valores diametralmente opuestos a los valores que manejan los nacionalismos identitarios españoles. (Artur Mas: Nuestro ideal es formar parte de los Estados Unidos de Europa)

Y no, el sistema autonómico no es un sistema federal (EEUU vs España II, EEUU)

Hay una cosa que ese contertulio radiofónico tenía razón: Los nacionalismos regionales son centralismos. Hace 40 años teníamos en España 1 centralismo, hoy 18.

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