jueves, 17 de abril de 2014

Nuestra Sicilia

Andalucía es un cuadro tenebrista, lúgubre, barroco. Trazo grueso y claroscuro. Brocha gorda que pinta seres aberrantes de ojos muy juntos mirando fijamente al vidente, traspasando la cuarta pared. Opresiva imagen de un pasado del que nunca podemos huir porque una y otra vez aparece como presente. Asfixiante presentismo de una tierra que no cambia. Andalucía, nuestra Sicilia.

Chulos y chulas. José Gutiérrez-Solana, 1906.
Un relato amargo el de un lugar de occidente que no se parece a occidente salvo entrecerrando los ojos. Una obra trágica en la que los buenos nunca ganan, y en la que hay actos en los que ni siquiera hay buenos. Una obra adornada por cierto lirismo habitual que trata de ocultar la desdicha cotidiana. Nuestra Sicilia no acaba de salir del hondo pozo de brusquedad, zafiedad, premodernidad, hosquedad y más cosas acabadas en dad. Una tierra en la que los buenos, por escasos, destacan. No es casualidad que gran parte de los mayores creadores, artistas y sabios de la historia universal fueran y sean paridos al sur de Despeñaperros. Héroes trágicos.

Es casi inevitable caer en el pesimismo con tal retrato. Cuando todo en un medioambiente está orientado a la permanencia del statu quo solamente factores exógenos pueden cambiarlo. Un lugar en el que las leyes están de adorno, los dirigentes para robar y el grueso social para vivir de las sobras, crea un círculo vicioso de dependencia del sistema. Andalucía, un lugar sólo un poco mejor que Sicilia porque sus ciudades, esos refugios de civilización desde la edad antigua, ejercen de bastiones frente a la opresión del sistema rural de dependencia.

Una tierra donde se jalea tanto al que recibe ayudas sin trabajar como al que las recibe trabajando. Un búnker premoderno donde el caciquismo hoy se vende con buen rollo. Si hace cien años el cacique del pueblo era un ser duro, pero fuente residual de riqueza; hoy ese cacique es una oficina de la administración donde cuando uno llama a la puerta ya sabe lo que encontrará. Y por esto mismo tienen esa defensa tan manida de decir que la culpa no es de ellos. Cuando no es la financiación autonómica es Bruselas, cuando no es Bruselas es un partido político, cuando no es un partido político es un sindicato y cuando no es un sindicato es la casa de los Coloraos, que "siempre fueron así".
Corrida de toros en Eibar. Ignacio Zuloaga y Zabaleta, 1899.
Y mira que en Galicia tenemos experiencia con redes de clientelismo brutales, pero nuestra horrorosa demografía propició movimientos de población que han quitado poder al campo en las últimas décadas. Andalucía, que también tiene movimientos de población internos, no acaba de integrar al excedente rural en la vida urbana. Se crean guetos y se usa la excusa de la triste historia de latifundismo como si eso explicara a día de hoy algo. Se repite mucho que Galicia es tierra de minifundio, pero no se recuerda tanto que hasta hace bien poco la Iglesia era propietaria de más de la mitad de la tierra. Es decir, había un über-terrateniente y aún así, poco a poco y a pesar del gobierno, vamos saliendo del pozo. En Andalucía eso no pasa.

El gobierno autonómico ha pasado a ser el nuevo proveedor de la tribu y lleva casi cuatro décadas de régimen asfixiante. ¡Hay dictaduras africanas con más relevo en el poder! Mientras una mayoría vive a expensas del empleo público improductivo y de las limosnas públicas de la gleba, reciben una idea que cruza las barreras ideológicas: somos pobres pero el plato en la mesa no falta. Está condenado quien piense así.

¡Qué arte!
Decía el hombre que ganó la guerra que el mejor argumento contra la democracia es tener una conversación de cinco minutos con el votante. A pesar de todo yo sigo defendiendo un sistema representativo para los andaluces que, al margen de factores circunstanciales, biológicamente no son muy diferentes al Homo Sapiens que pulula por la Alta Baviera con su 2,6% de desempleo. Se sabe que los sistemas electorales determinan, acotan las políticas que se pueden llevar a cabo. Puede que parte de la solución al problema andaluz sea una reforma en la que su gobierno autonómico dependa más de los ingresos que recaude en Andalucía. Así, creo que se incrementaría la vigilancia interna en las políticas que lleva a cabo —aumentando las posibilidades de relevo— y además establecería unas prioridades muy claras: o paguitas o agencia internacional del flamenco, pero las dos cosas no pueden ser porque tú no te lo puedes permitir. Este sistema evidentemente sería necesario exportarlo al resto del país y debe incorporar ciertos mecanismos que aseguren la igualdad ante la ley. Otra idea, un poco loca, es experimentar con el divide y vencerás. "Siempre" hubo dos Andalucías, una oriental y otra occidental, la historia no es un motivo serio sobre el que basar la política actual pese a lo que repiten los nacis (juego de palabras, jiji), pero tal vez dividir Andalucía en dos, tres o cuatro comunidades no sea una idea a descartar. Una tercera propuesta, que es la que más me gusta pero la más irrealizable, pasa por ciudades-estado y a correr. ¿Por qué hablo de dividir? Por la competencia entre territorios. La competencia introduce información y la información significa una mejor asignación de los recursos.

En fin, me resulta dificil hablar de un lugar del que pienso que el problema está en la mayoría electoral. Nuestra Sicilia lleva el sintagma "incentivos perversos" a la estratosfera y quienes primero la sufren son sus héroes trágicos. Vaya mi saludo y admiración hacia esos héroes.

Coda

No sorprende el último caso andaluz de malversación de fondos europeos para políticas de empleo. El mismo caso se dio en la Andalucía del norte. De momento la Junta protesta al gobierno, esta canción nos suena. Ah, el eterno retorno.

Pulverizando récords:




6 comentarios:

Lavrenti Beria Perillovsky 17 abril, 2014  

ya les gustaria ser sicilia...nuestra grecia mas bien

Miguel Angel Velarde 18 abril, 2014  

Pero no te confundas: no es el último caso de corrupción. Sigue siendo el mismo. La Junta es un mecanismo de captación de dinero (impuestos, fondos europeos, transferencias de impuestos desde el Estado y extorsión pura y dura a los andaluces) para desviarlo a la financiación del mantenimiento del poder: mediante el establecimiento de una red clientelar y el pago de servicios a los siervos leales. Y para ello usan todos los aspectos de la vida, total entes intervenidos por la Administración.

Después hay una parte de la población (grande, en serio, pero no significativa electoralmente) cuyas únicas aspiraciones son, o bien meterle fuego a todo (de ahí el auge de radicales de cualquier ideología), o bien emigrar (aunque de momento nos conformamos con sobrevivir, poder pagar la hipoteca, y aguantarnos mientras nos roban, se ríen en nuestra cara, y encima nos dicen que es por nuestro bien, que es lo que duele más).

Y algunos, de paso, nos dedicamos a dar el codazo y a discutir con todos los imbéciles que te encuentras diciendo lo bien que se vive en Andalucía gracias al régimen. Y de paso nos convertimos en apestados sociales. A mi me da igual, porque soy muy raro, pero la gente suele pensárselo dos veces antes de pelearse con la familia.

anoimo ignoto 18 abril, 2014  

¿Solo andalucía es nuestra Sicilia? Si Sevilla es Palermo ¿Dónde está nuestro Nápoles? Seamos sinceros tenemos dos tercios del país dependiendo del sector público. Lo destacado de Andalucía es que se lo han llevado crudo, les han pillado y tienen una desvergüenza que espanta. Pero el fondo es el mismo en muchos sitios.

Pablo Otero 18 abril, 2014  

En circunstancias normales la dependencia del sector público interpretada como asistencia social pública para paliar casos puntuales no es mala por sí misma. Va en mi interés egoísta que si a mi vecino le ocurre algo, exista un colchón para echarle un cable. De ahí a elevar a categoría de derecho adquirido el trasiego de fondos para capturar votos y poder dista un trecho.

Pablo Otero 18 abril, 2014  

Miguel Ángel, por eso digo que tal vez no sea mala idea repensar las circunstancias institucionales y tal vez quebrar la espiral de clientelismo desde fuera.

Miguel Angel Velarde 18 abril, 2014  

Es algo tentador, pero a estas alturas ya no me fío ni del Estado. Un ejemplo:

Si se te ocurre dar de alta en la Seguridad Social a un trabajador con un día de retraso, en cuestión de horas te viene el aviso amenazándote con las penas del infierno (burocrático). Pues aquí ha habido gente que nunca ha trabajado, pero que en un momento dado se le ha dado de alta con la antigüedad del día de su nacimiento (en serio, así de descarado). ¿Alguien que se crea que en la Seguridad Social (Estado central) no se sabía perfectamente qué estaba pasando?

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