jueves, 13 de diciembre de 2012

La parte alícuota del sacrificio

Imaginaos un país cuya economía dependa mucho de fabricar carros de combate. Imaginaos que esas fábricas necesitan mucha mano de obra porque a los empresarios les sale más rentable usar trabajo humano que incentivar la tecnificación. A los trabajadores, organizados en sindicatos, esta situación les parece bien. El paro es reducido, llegan los sueldos a casa y entra dinero en el país en forma de crédito para producir cada vez más tanques.

Viendo la evolución mensual de la iniciación de viviendas en España desde los años 70 (se puede consultar en el INE), hasta finales de los 90 se iniciaban unas 30-40.000 viviendas al mes. En 2007 llegamos a las 140.000. Hoy estamos en 6.000. Viendo la estadística de hogares creados, esas viviendas no sirvieron para crear hogares.
En un momento dado, se produce una crisis crediticia internacional porque alguien jugaba con los derivados de alguien. De pronto, en nuestro país imaginario se hunden las expectativas sobre la compra de carros de combate. Ya no hace falta fabricar tantos. Las empresas empiezan a cerrar, el crédito se paraliza y millones de personas se quedan en la calle. Se produce una recesión económica, miles de empresas quiebran. Prácticamente toda la industria de los carros de combate se reduce al 5% de lo que fue en su punto álgido, lo que arrastra a su vez a la industria auxiliar, sector de ventas, de distribución, transporte, etc.

La situación es calamitosa, pero en un momento dado, alguien se da cuenta que los carros pueden ser empleados para otras cosas. Son máquinas fuertes que desarrollan mucha potencia: sirven para arar el campo, para transporte pesado, para la minería, etc. Incluso las fábricas de carros de combate, con pocas modificaciones pueden fabricar tractores, excavadoras y grúas.

Van pasando los meses, y los millones de obreros de un sector arruinado como el de los carros de combate, vuelven a ir reincorporándose al mercado de trabajo. Esta vez fabrican otras cosas, pero su experiencia anterior es válida para el nuevo mundo. Las cosas, en tres años, se solucionan. Y además, en ese país han aprendido la lección sobre la amenaza que supone tener un sector económico imprescindible. Ellos tuvieron suerte porque encontraron varios bienes sustitutivos para su economía monolítica.

Vale. Ahora pensad qué pasaría si en lugar de carros de combate, fácilmente sustituibles por palas excavadoras o tractores, ese país se dedicara a construir casas.

Ganamos menos y mantenemos las mismas deudas (más intereses).
Hemos hecho muchas casas y quienes las tenían que comprar, están en el paro y no pueden. Primer punto -poco importante-: qué hacer con las casas vacías: alquilarlas, bajar su precio de venta, derribarlas, etc. Segundo punto -crítico-: dónde reubicar a millones de personas que sólo saben poner ladrillos o conducir camionetas camioncitos.

¿Hace falta recordar la relación entre nivel de formación, seguridad en el empleo y nivel de ingresos?
¿Qué otra cosa, similar a una casa o no, se puede hacer que requiera un montón de mano de obra poco formada? Responder a esta pregunta es la piedra filosofal de la crisis. Podemos debatir hasta el infinito sobre las reformas institucionales que precisamos, pero lo crítico es que la gente trabaje.

¿Y qué futuro se les está prometiendo? Servir raciones de olorosos langostinos en temporada alta. También está lo de fabricar coches para la exportación, pero entonces habría que asumir sacrificios salariales. Sobre el papel es sencillo decir que no hay más remedio: tienes que competir con gente que acepta sueldos más bajos así que no tienes más remedio que bajarte el sueldo. Sospecho que la gente está dispuesta a sacrificarse hasta cierto punto, pero pedirán algo a cambio. Por ejemplo, ¿qué tal pedir responsabilidades a prevaricadores y corruptos? No basta con sacar en los titulares al pobre Díaz Ferrán. El mal trago se pasa mejor si los fiscales actúan de oficio, si los jueces emiten órdenes de alejamiento entre empresarios y políticos, si la Infantería de Marina entra en oficinas de la Castellana y en chalets de la sierra sin previo aviso.

En este país, cuyo pecado capital es la envidia, tú te fastidias menos si ves que a tu vecino también le están fastidiando. Pero esta idea no es transversal. No cuesta mucho llegar a la conclusión de que no todo el mundo se jode de la misma manera. Para esto también hay clases.

Así que sacrificios los que queráis. Somos un país pobre y debemos asumirlo. Ahora bien, la crisis no es un desastre natural. Ni el nacimiento de la crisis ni las medidas que se están tomando para salir de ella se corresponden con fenómenos meteorológicos.

...detrás de este crecimiento desordenado del crédito -especialmente, en la parte dedicada a la financiación de la actividad inmobiliaria- se encuentra, en último término, la falta de determinación demostrada por el Gobernador para exigir a las entidades sometidas a la supervisión del Banco de España el rigor en la asunción de riesgos exigible a gestores de recursos ajenos. Como consecuencia inmediata de esta ausencia de medidas, el proceso de aceleración del crédito bancario, originalmente circunscrito a las entidades con menor cultura en el control de sus riesgos, se ha ido extendiendo a las demás entidades de crédito que operan en el sistema financiero español por efecto de la, por otro lado saludable, competencia. De este modo, incluso las entidades con mejores sistemas de evaluación y gestión del riesgo, se han visto «obligadas» a entrar en esta carrera por la captación de negocio y -muy a su pesar con el único objetivo de evitar ser expulsadas del mercado- han tenido que conceder operaciones cuya rentabilidad esperada no justificaba en modo alguno el riesgo asumido al concederlas.

Asociación de Inspectores del Banco de España, marzo de 2006


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