martes, 4 de diciembre de 2012

Díaz Ferrán, héroe del pueblo

Quiebra de Viajes Marsans, de Air Comet, de Seguros Mercurio, compra irregular de Aerolíneas Argentinas, el chanchullo hilarante de los pagarés de Nueva Rumasa... cuando uno cae, cae con todo el aparato. Y todos los implicados que aparecen en tu lista de contactos cambian de número de móvil. Si te he visto i don't remember.

Año 2011. ¿Hace falta que os recuerde que la población/PIB/nº de ricachones de España es mucho menor que los de esos países?
La ley de la comadreja nos dice que si el foco de atención recae en alguien, no se deben escatimar esfuerzos para que continúe ahí la atención pública, y así, otros cenagosos intérpretes de la farsa puedan tener tiempo para escurrir el bulto.

Pobre hombre el Díaz Ferrán. Ni siquiera la naturaleza le ha concedido la gracia de no tener cara de malo de cine negro de los 40. Un tipo que seguía vendiendo billetes tras conocerse que su empresa de viajes estaba quebrada, no debería ir a la cárcel, le tenían que poner un monumento. Un tipo que deja a 25.000 pepitos en la calle mientras emprende un proceso de ingeniería financiera para evadir su patrimonio, es un genio. Un tipo que empresa que toca, empresa que desaparece, que llegue a presidir la CEOE es la mínima recompensa con la que se le puede obsequiar.

En serio, irá a la trena (a una de esas trenas con piscina climatizada, pista de pádel y tele de plasma) donde pasará varios meses jugando a las cartas con viejos conocidos y después a este hombre lo tendrán que nombrar ministro o algo. ¿Vosotros veis el favor que le está haciendo a la chusma?


Por una parte, la chusma A ve en la tele a un empresario ladrón que va a ir a la cárcel. Orgásmica constatación de la caricatura del empresario ladrón (¡tenía un kilo de oro en la cisterna del váter!). Por otra parte, la chusma B tiene a un cabeza de turco al que señalar y decir mirad a ese que camina por el valle de las sombras, que buenos somos los demás, que o bien robamos menos, o de forma menos torpe.

Como ruido de fondo, permanece esa cosa de la evasión fiscal tan de moda (bueno, tan de moda desde los gloriosos tiempos de Sofico Renta, ¡abra la puerta al hombre de Sofico!). Uno de los lugares donde ocultaba su patrimonio este santo varón es Suiza, conocido destino de la ocultación de patrimonio de varias decenas de miles de millones de euros (la famosa lista que salió de HSBC que ya empieza a ser leyenda urbana). Esto mismo, en Alemania, llevó a iniciar una investigación de más de 5.000 cuentas en Suiza. La investigación va para largo, pero de momento, Credit Suisse tuvo que apoquinar 150 milloncejos. Ojo, el banco, no ningún cliente evasor. Para empezar que vaya pagando el banco, dijeron los jueces teutones (ahora hay otro caso similar, con el UBS por medio, no paran, los tíos, por eso están donde están). ¿Alguien se imagina esto en España? No. ¿Por qué? Bueno, porque España es un país especial. Un sitio que hace aeropuertos sin aviones, los remata con estatuas horribles y después amplia pistas, es un sitio con un sustrato distinto.

Cambia la tecnología, pero el sistema siempre fue el mismo.
Aquí un juez deja libre a un chino que defrauda miles de millones por errores en la instrucción, y el togado tipo regresa al día siguiente a su puesto de trabajo. A ver, siguiente expediente, buf, este fulano robó dos gallinas, me voy a poner las botas. Aquí está enfangada desde hace treinta años toda una administración como la Junta de Andalucía o la Generalitat de Cataluña y no se nombra a un fiscal especial que venga de Alemania o no se lleva el caso a instancias europeas (no sé si se puede, pero no estaría mal). No me fastidia que roben, me fastidia la impunidad con la que roban.

El tipo que roba, pero al que pueden pillar, al menos le queda algo de heroicidad. Uno asume lo que hace, se la juega, sabe que si le sale mal el atraco, paga las consecuencias. Pero quienes roban sabiendo que existe una red de intereses mutuos, una protección redundante de sus sistemas de información, roba sin aventuras, sin riesgo. Esos son los tipos que me escaman. Tipos sin escrúpulos a quienes otros con menos escrúpulos tienen la función de vigilar.

Y ese pepito que enciende la tele y Ana Blanco le dice que un empresario con cara de perro ha robado mucho y tenía un cuadro de Miró en el baño (toda esta gente tiene en común lo cateta que es). El pepito se reconcome por dentro y piensa «uno menos, ya era hora» y la siguiente noticia es algo sobre las bragas nuevas de una actriz anoréxica. El pepito no ve que el problema es precisamente esto último.

Esto ocurre de verdad.
A veces pienso que nos merecemos todo lo que nos pasa. Pero solo a veces. El resto del tiempo pienso que no, que no nos lo merecemos y que un par de horcas en la plaza del pueblo nos vendrían de perlas. Ah, pero ese pensamiento es propio de la chusma, de esa chusma que abraza hospitales y que pide más electrolineras cuando ni Pirri compra un coche eléctrico.

Lo malo de vivir en un país en vías de ser un país en vías de desarrollo es la chusmización global. Somos la patria del «mira, llevas la bragueta abierta» y de ahí no salimos.



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