sábado, 4 de agosto de 2012

La economía de un país no es como la de una familia

Carmen Tomás -la versión femenina de Roberto Centeno- estaba gritando en la tele la misma idea con la que Rajoy nos machacó en su rueda de prensa del reino de la piruleta. «No se puede gastar más de lo que se tiene». Que nadie se llame a engaño, me gusta tan poco la alegría contable en las finanzas públicas como al que menos, sin embargo el concepto de «no se puede gastar más de lo que se tiene», lo veo fácilmente rebatible.

Puedes endeudarte a largo e invertir a corto si te compensa el retorno de la inversión. Por ejemplo, tienes una tubería que pierde agua pero no tienes dinero para arreglarla. Esa pérdida, entre agua y humedades, te supondrá a final de año un coste de unos 600 euros (a los hijos de los ñapas no les alimentan los lobos). Entonces le pides 200 a un amigo para repararla. Tú no tienes dinero en ese instante, y quedas a deber 200, pero en el cómputo anual has ahorrado 400. Oh, cielos, parece que sí puedes gastar más de lo que tienes.


Ok, hice trampas: hablaba de reparar algo roto. Un hecho no previsible. La pregunta sería «¿puedes planear gastar más de lo que tienes?». Dependiendo de cómo pretendas recuperar ese dinero y de la rentabilidad que saques a la operación, puede o no ser rentable. Aquí, si hablamos de un estado o de una familia, son cosas completamente diferentes. Una familia puede quedarse en la calle por no poder hacer frente a sus deudas, pero es que una familia no tiene a nadie que vigile sus cuentas. En todo caso, si hay al menos un salario en el hogar, siempre pueden contar con una parte inembargable de ese salario y, cómo no, si tienen la suerte de ser del occidente cristiano, pueden contar con cierta solidaridad de amigos y parientes.

Ahora bien, ¿qué ocurre en el caso del estado? Los amigos borrachos de la disparatada contabilidad pública defienden que un estado puede vivir en un permanente déficit por la sencilla razón de que guarda un nivel de solvencia y genera retornos de la inversión de forma permanente. En muchos casos estos retornos no son directamente medibles (reparar una carretera es un gasto puro que sin embargo disminuye accidentes, ahorra reparaciones en los coches particulares, etc), pero existe un cierto consenso en que un estado puede estar permanentemente endeudado. A un estado le pueden embargar igual que a una familia, es más, pueden embargarle sus expectativas de crédito (cerrarle el acceso al mercado) igual que cuando a un Carpanta lo ingresan en una lista de morosos.

¿Cuál es entonces la diferencia entre una familia y un estado?

El control de las cuentas. Mientras que a la familia nadie le controla las cuentas y -salvo excepciones- puede prever lo que ingresará el mes siguiente; al estado le vigilan las cuentas un montón de agencias, comisiones, gabinetes (y en última instancia los ciudadanos si es que hablamos de países políticamente desarrollados). Es decir, un estado, aunque sea de risa, como Montenegro, tiene acceso a información sobre cómo le van a ir las cosas y puede aplicar medidas correctoras. Si un estado es muy irresponsable, probablemente ante un aumento drástico de ingresos, aumente en la misma medida sus gastos: se invente una ley de dependencia, dote de infraestructuras auténticos eriales mesetarios, etc. Si puedes pagarlo, en principio no pasa nada (bueno, sí pasa: recalientas la economía del país en lugar de guardar ese dinero en el cajón para cuando vengan mal dadas). El problema es que si de pronto caen tus ingresos de una forma no previsible, tienes que actuar muy rápido y hacer caer los gastos de forma rápida (yo solamente defiendo una excepción a esta regla: la guerra, un desastre natural muy bestia, una invasión marciana, un apocalipsis zombie...).

Si decides mantener tu nivel de gastos -e incluso aumentarlos- sin esperar un retorno de la inversión, como no tengas parientes o amigos multimillonarios que te rían las gracias, te estás arruinando. Los estados no tienen ni parientes ni amigos: si tiras tu riqueza por el retrete, lo más que harán será dejarte caer (algunos incluso te empujarán para eliminar competidores).


Un truquito que usan los estados para salir del pozo es devolver sus deudas en su propia moneda. Si en la anotación contable hay una cantidad fija y tu dinero vale menos que un somalí en casa de Kofi Annan, te costará "poco" pagar tu deuda (de paso te cargas la parte de tu economía nacional que hizo las cosas bien y recompensas a los idiotas que se endeudaron tanto como tú). Hay un método similar pero menos drástico que les gusta mucho a los progres modernillos: aceptar una inflación moderadamente alta durante una o dos décadas. Sigue siendo una solución horrible (¿qué prefieres, que te lancen a las llamas o que te metan en un microondas?).

¿No hay solución?

Sí hay solución pero no tiene muchos adeptos. Si no puedes envilecer tu moneda ni tienes amigos que te refinancien hasta el infinito, lo que te queda es empezar a enajenar bienes públicos como un loco. Nadie dice que sea fácil: lo que mejor puedes vender son las cosas rentables, lo que a la larga repercutirá negativamente en tu capacidad de crear prosperidad (a no ser que acompañes la enajenación masiva de bienes públicos con un plan de liberalización que dinamice tu economía y la haga atractiva y competitiva). En un país con una cultura que dice que los bienes públicos son vacas sagradas intocables, es políticamente difícil conseguirlo. Desde luego que en España ningún grupo político relevante ni ningún grupo de presión relevante están por la labor de defender esta idea. Creo que todavía están todos esperando a que suceda algo mágico.

Recordatorio


Dicho todo esto, que a nadie se le olvide que lo que hace falta es que la gente trabaje, es decir, un entorno competitivo y dinámico; reformas que controlen lo que hacen los poderes públicos; una reducción de los privilegios que expulsan al mercado de la actividad económica; una reducción de la burocracia en todos los órdenes; una administración que aproveche la economía de escala (sin cargarte la democracia por el camino); una clase política que no de vergüenza ajena; un plan que dibuje el aspecto que tendrá el país de aquí a veinte años; en resumen: lo que Inditex hace con Inditex, pero aplicado a tu país.

Como si no hubiera mañana




2 comentarios:

Teseo 04 agosto, 2012  

Por supuesto que ocurrirá una "cosa maravillosa" increíblemente buena, que devolverá la economía del país al primer mundo, solucionará todos los problemas y los perros volverán a lucir su precioso collar de longanizas.

¿Inditex? ¿Has visto lo que está haciendo don Amancio en el polígono de Morás? Aaargh!!

Pablo 05 agosto, 2012  

¿Y cuál es la cosa?

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo