viernes, 22 de junio de 2012

ETA gana otra batalla

Pensar el Mal es uno de los ejercicios más complicados que hay. En primer lugar porque vivimos en una época donde la separación entre Mal y Bien no está clara. Se difuminan las barreras en aras de frasecitas de libro de autoayuda: "son sus costumbres y hay que respetarlas", "no se pueden ilegalizar ideas" (os juro que esta última frase no me la he inventado, la dijo el otro día un diputado que debe tener un melón en el lugar del cerebro).


La homogeneización democrática, una parte más del terrible fundamentalismo democrático, cubre todo con una película de ponzoña: se trata de igualarlo todo por abajo. Incluso la ética. Una ética bajuna, una ética para salir del paso, una ética de balones fuera ("ya estaba así cuando llegué", "la sociedad es la culpable"). Si hubiera un campeonato mundial de alimañas, España quedaría en segundo lugar, pues a la ética bajuna se le une la tan manida envidia. Ese cainismo o revanchismo que nos impide ser la primera potencia mundial en algo más que fútbol (la altísima competitividad en el fútbol hace que seamos los mejores. Nadie se plantea esa misma competitividad en el mundo de la robótica o en la ingeniería genética. Curioso).

Como decía, en el mar del fundamentalismo del respeto a todo (y digo bien, respeto, pues la tolerancia está a punto de ser ilegal: hay que respetar todo, pero ya no se puede tolerar nada), tardaban en llegar esos efluvios ponzoñosos, esos humores suicidas a un Tribunal Constitucional que, como cualquier otra institución del Estado, vive porosamente de los vapores que destila la masa informe del omnirrespeto. Un Tribunal Constitucional que se supone compuesto por doce heterótrofos, pero en el que solo están presentes once. Un TC en el que de esos once, tres están en situación de interinidad. Un TC cuyos miembros salen tarados de fábrica: elegidos por políticos a su vez elegidos por otros políticos, que en una especie de sondeo general reciben un cierto apoyo de una parte minúscula de los ciudadanos.


No cabía esperar otra cosa de esta institución tarada. Que ETA gane al Estado de Derecho no es algo que suceda de la noche al día. Estamos viendo un proceso de rendición paso a paso en el que por un lado los terroristas no hacen nada y por el otro el Reino de España otorga concesiones. Infinitas cantidades de políticos pasean por el medio de este proceso, deteniéndose de vez en cuando para bajarse los pantalones, agacharse y cagar sobre las tumbas de las víctimas mortales de los terroristas.

Luego pedirán adhesiones, seguirán declaraciones conjuntas y habrá lagrimitas de cocodrilo (ya se empieza a ver todo esto en los medios fundamentalistas). Después, se señalará con el dedo a quienes siempre han mantenido una misma posición: ni se negocia con terroristas, ni se cede ante el terror. Para a continuación, etiquetar y meter en una cajita a toda esta gente como poseedora de un "paquete completo de ideas" (esto me hace gracia, ya que en alguna manifestación estaba al lado de gente con ideas frontalmente opuestas a as mías). Una vez hecho esto, viene la deshumanización y la expulsión de la vida pública. Casi nos harán un favor: ¿quién quiere vivir en la misma sociedad que gente que prefiere ser sierva? Para ellos la perra gorda: elevad piedras a los altares, construid vuestros ídolos y regocijaos en vuestra egolatría. Tan solo estaréis plantando la semilla de vuestra autofagia. La serpiente de ETA convertida en ouroboros.

Claro que aunque las cartas ya estén marcadas, la partida todavía no ha terminado. En nuestra mano está el que su juego no les salga gratis. Para ello, con la convicción del que no tiene nada que perder -pues la partida ya la tienen ganada de antemano-, hace falta ser más pesados que nunca, poner todos los palos en las ruedas posibles, ser pegajosos, cansinos, pelmas, incordiantes, fatigosos, importunos, machacones y onerosos.


Cada vez que alguien suelte la de que hubo víctimas "en los dos lados", recuérdese que no hay dos lados. Cada vez que alguien recuerde que hay que condenar a "todo el terrorismo", se condena a todo el terrorismo, sí, para a continuación detenerse en el terrorismo-de-ETA, que, dentro del terrorismo, debe ocupar el 99% del espacio, tiempo y esfuerzo de la discusión. Cada vez que alguien diga que no se puede "ilegalizar una idea", tras la preceptiva colleja, se le explica lo que es un imposible metafísico y que digan lo que digan las palabras, lo único técnicamente condenable son las acciones. Cada vez que alguien insinúe que perseguir el terrorismo etarra es perseguir una idea distinta de España, se le responde que el terrorismo no es una cuestión política. Cada vez que alguien emplee eufemísticamente el concepto de "presos vascos", se le pide que indique si se refiere a los terroristas para dejarlo en evidencia. Cada vez que alguien pida medidas preferenciales para los presos terroristas, se le puede echar en cara su falta de compasión por el resto de presos. Cada vez que alguien critique la lucha antiterrorista en términos de persecución de las libertades, se le responde indicando cómo afecta a la democracia los cientos de miles de exiliados, por no mencionar a los muertos que no pueden votar. Y así con todo, incansablemente, una y otra vez.

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