lunes, 16 de abril de 2012

El asalto a YPF

En los años 90, el gobierno argentino emprende una serie de privatizaciones en las que se dice que malvendió empresas públicas quedándose con su deuda -lo que se llama "vaciamiento"- lo que junto a la dolarización -la paridad interna peso/dólar- produjo cierta ilusión de ser un país normal, con una importante clase media, etc. Vanas ilusiones.

Tras producirse la implosión económica en el 2001 y, entre otras cosas, descubrirse aberrantes casos de desnutrición infantil, parecía que Argentina iba a lograr salir del pozo. No contábamos con la infinita capacidad de su clase política para ahogar las esperanzas de su población. La casta parasitaria kirchnerista fue a por Aerolíneas, a por los fondos de pensiones y, ahora, a por YPF.

En los últimos años, de una forma un tanto extraña, y coincidiendo con altos precios del petróleo, Argentina pasó de ser exportador neto de productos energéticos a ser importador. Si esto lo aderezamos con peronismo revenido -donde cabe cualquier cosa: desde el vaciamiento menemista hasta la caricatura socialista de la yegua-, tenemos un caldo de cultivo genial para que la masa de descamisados apoye la eterna deriva populista de la Casa Rosada a la que nos tienen acostumbrados en medio mundo.

Les viene muy bien a los políticos culpar a las empresas extranjeras de la caída de las exportaciones. Jamás veremos un análisis crítico que indique qué cambios en la normativa tributaria sufrieron estas empresas, qué impuestos en comparación con otros países estaban pagando, ni a cuánto ascendió la finalización de las exenciones fiscales. Es que estas cositas también influyen en la vida de una empresa.


Ahora, cual república bananera caribeña, la yegua nacionaliza YPF. Genial. Me gustaría saber de dónde van a sacar los cuartos para emprender el programa de inversiones chiripitifláuticas que se supone necesita YPF. Me gustaría saber qué criterios seguirán. Y si los plazos que tienen encima de la mesa son realistas. No nos engañemos: nos movemos por incentivos y el gobierno argentino está peor incentivado para asignar recursos escasos en la buena dirección, que una empresa privada.

Lo sé, lo sé: es legítimo que un gobierno expropie cosas. Al fin y al cabo tienen las armas. El caso es que me gustaría saber cómo se supone que controlarán el aumento del gasto público, la inflación y al mismo tiempo mantener una economía competitiva y en crecimiento. A estas alturas, sospecho que en la Casa Rosada también les gustaría saberlo. ¿Chavez como modelo? Ni los argentinos pueden estar tan chiflados.

La expropiación no es una fórmula mágica. Es una decisión que trae más mal que bien. Tan solo veo como algo realizable, elevar un poco la moral nacional entre las capas menos formadas de su población. Bueno, también están los recursos patrimoniales de YPF que, a muy corto plazo, ayudarán a cuadrar las cuentas nacionales, pero eso es pan para hoy y hambre para mañana.

En general, sospecho que no hubo una valoración del riesgo que esta decisión conlleva. Si quieres ser competitivo como atractor de inversiones (máxime teniendo vecinos como Brasil, Chile y Perú), tu principal enemigo es la inseguridad jurídica/empresarial. ¿Qué mensaje acaba de enviar la presidenta al mundo? "No invirtáis aquí".

Si hubiera una lista de "cosas que un país no debe de hacer", Argentina las estaría cumpliendo todas, una a una.

2 comentarios:

Teseo 17 abril, 2012  

Creo que Evita Perón se ha pasado un poco. Pero me preocupan más los filósofos e intelectuales adolescentes celebrando el asalto a YPF y montando el botellón por las calles. Son el futuro del país.

Por cierto, en el mapita,España aparece de un color naranja ligeramente más oscuro que Inglaterra, Francia, Alemania y USA. Y deduzco, por el color de África, que no puede ser bueno.

Pablo 18 abril, 2012  

El mismo color que Botswana.

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo