jueves, 22 de marzo de 2012

¿La ley nos hace libres o no?

La planificación no me gusta por muchos motivos. La mayoría son motivos relacionados con la eficiencia en la administración de recursos escasos. Reconozco que soy egoísta y quiero vivir mejor, y lo que mejor cuadra para prosperar es la libre competencia y la libre iniciativa.

Entiendo que estos son motivos materiales, tangibles: funciona mejor no planificar que planificar. Pero hay un motivo, digamos, superior. Según la escala de valores de cada uno, será más importante o menos, pero para mi es más importante entre otras cosas por ser católico y haber leído un poquito de historia. A este motivo lo podríamos clasificar como formal. La propia esencia, el propio fundamento, de la planificación económica, siempre exige formas de control social.

Es fácil decir que el control social es inevitable. Es más, existe de forma natural en todos los seres vivos. El problema surge cuando este control no responde a la evolución natural de las cosas. El concepto de "evolución natural de las cosas", lo empleo teniendo presente la teoría moderna de la evolución: la evolución no es dirigida. No tiene un fin. Así que las formas de control social evolucionan: se crean, se transforman y van pasando por la historia. Se adaptan a las circunstancias. Van quedando las formas de control social más exitosas. Por ejemplo: no ir desnudo por la calle.

Y esto es un proceso natural: no hacen falta leyes que digan que no puedes ir en pelotas por la calle. Basta la primera gripe para convencerte de que te conviene vestirte. Pero te conviene a ti, exhibicionista, vestirte, si no quieres enfermar. Que le convenga o no a los demás, es lo de menos.

Cómo elegimos

El hombre es un ser vivo que está en la naturaleza. Tiene cierta herencia que le indica cuándo es mejor comer una manzana. Yo prefiero una manzana madura a una verde o podrida. El sabor y la textura me ayudan a elegir, el riesgo de sufrir indigestión, también.

¿Qué ocurre cuando puedo elegir entre dos manzanas similares? Que aparece el mercado. No soy un experto en manzanas, tan solo poseo instintos naturales, ¿qué proceso mental hago para elegir una u otra manzana? Me fijo en el precio, en la presentación o me dejo convencer por lo que me transmite el vendedor de manzanas. Ante una elección que en medio del monte es aleatoria, en el mercado obtengo más información con la que tomar una decisión.


El mercado no lo inventa nadie, ya estaba ahí. Podemos ser más sofisticados y en lugar de manzanas hablar de proveedores de internet. El proceso mental es el mismo. Nos basamos en elecciones constantes. No ignoro que salimos más beneficiados cuando poseemos más información: observando un lado de una manzana puede que tenga un aspecto apetitoso, pero detrás, en la parte que no ves, a lo mejor hay un agujero de gusano.

Imaginemos que hay dos puestos de manzanas. Uno, no te deja tocarlas. De forma natural acabarás prefiriendo el puesto que te deja comprobar si las manzanas tienen inquilino... a no ser que el otro puesto las venda tan baratas, que te compense arriesgarte a llevar un gusano a casa. Pero incluso compensándote por precio correr ese riesgo, puede que el puesto de las manzanas "buenas" tenga un vendedor que te convenza por su labia, su apariencia o...

Nuestro cerebro maneja millones de variables en segundos. Millones de años de evolución te han llevado hasta la calle de las manzanas para que tomes la mejor decisión posible de acuerdo a tu instinto de supervivencia. Un instinto de supervivencia que, sin riesgo inminente a nuestro alrededor, llamamos gusto.

Por qué elegimos

Del motivo material por el que estoy en contra de la planificación, paso al motivo formal: no me gusta alterar la naturaleza mediante el control. No me gusta porque no me parece éticamente aceptable.

Los planificadores de todo signo y condición a lo largo de la historia, están motivados: primero, para ellos y los suyos, vivir mejor; y segundo (recientemente): para que todos vivamos mejor.

Todo planificador tiene tendencia a querer el poder. Cree que es capaz de decirle a la gente cómo vivir mejor. Rechaza la inteligencia natural de la gente, la menosprecia e impone coactivamente su gran plan. Toda variable que altere el plan debe ser combatida. El fin justifica los medios.

Los líderes planificadores resuelven las pequeñas disputas de los individuos, creando un nuevo centro de atención. Quitar a la gente su capacidad de elegir supone encerrarles, hacerles prisioneros. Creo que es mejor, más humanitario, dejar que la gente llegue a acuerdos. Si por el camino hay disputas o problemas, se pueden resolver sin que ello obligue a planificar de antemano (toda planificación es de antemano, como si existieran bolas mágicas que digan lo que sucede en el futuro). Rechazo la idea de que se puedan planear las elecciones individuales.

Más aún: si tuviéramos un ordenador celestial que previera todos nuestros pasos, (con permiso de Heisenberg, claro), yo por lo menos, empezaría a actuar en contra de mis intereses, de mis instintos naturales. Me irá peor, pero rechazo la idea de ser dirigido. En mi revuelta contra la idea de ser dirigido alcanzo mayor satisfacción que en elegir la manzana óptima siguiendo las instrucciones del gran plan. Ningún plan puede medir la voluntad humana.

Planificación frente a intervención

Existe una delgada línea que separa la planificación de la intervención. Aclarado el punto de por qué rechazo la planificación (antieconomía y tiranía). Confieso que los líderes de la comunidad y la comunidad tienen justificada la intervención. No en busca del "bien común", sino para resolver disputas, mediar. E incluso para, de acuerdo a la costumbre, y siempre y cuando la comunidad se rija por pocas leyes claras impedir su propia tiranía y la tiranía a pequeña escala.


La tiranía del líder puede ser combatida mediante sistemas de alternancia en el poder. Más aún: todo grupo grande y complejo necesita el consentimiento de muchos para funcionar, no me refiero al sufragio, sino a la eutaxia (llevar el correo, imponer el orden, etc.). Si el tirano deja de tener el apoyo de la base, deja de tener poder. Así, se justifica que la comunidad intervenga al poder.

¿Cómo se justifica que el poder intervenga a la comunidad? Para eliminar las pequeñas tiranías. Si dos reconocen en un tercero una figura de autoridad. Sus disputas son resueltas por este tercero. Si uno viola a otro, está justificado que la autoridad, de acuerdo a las leyes aceptadas, le imponga un castigo ejemplarizante o retributivo.

En caso de que uno abuse de todos, debe haber algo que compense a todos. Es una forma muy ineficiente de hacer las cosas (y moralmente debatible), pero de momento no hemos encontrado otra solución (pienso, por ejemplo, en cómo compensar los daños por contaminación: sólo puedes imponer una multa y usar ese dinero para... bueno, para... esas cosas que compensan... no sé, ¿un programa espacial?).

Ley

En cierta forma justifico la intervención por el imperio de la ley. Y reconozco que es un peligro que el imperio de la ley se convierta en dictadura de la ley. Es por eso que hay que insistir mucho en que la ley no sólo sea la misma para todos (incluyendo a la propia autoridad), sino en que no sea aleatoria, caprichosa, opaca, complicada. Por ello, la ley debe poder ser cambiada de acuerdo a ciertos principios. Es muy complicado definir los límites en que las leyes se deben de mover (leyes de leyes), pero no se puede dejar al interés de unos pocos la posibilidad de cambiar la ley.

No soy un planificador, no sé cuál es la mejor ley de leyes. Pero sí sé que nos podemos acercar a la mejor ley de leyes si dejamos atrás los mitos y usamos la cabeza. Si debatimos en el ágora. Por ejemplo, frente al mito de que las señales de tráfico son necesarias, hay lugares donde las han quitado y se redujeron los accidentes. Hay un mecanismo mental por el que la gente, cuando se siente insegura, actúa con más cautela. Estas cosas hay que saberlas.

Al final, dándole vueltas a las cosas, siempre vuelvo a la persona, al individuo, como protagonista de la vida que quiere llevar. De la vida que elige.

Lo que me lleva de vuelta a las manzanas (no os libraréis tan fácilmente de mi). Pienso en el comprador, pero también en el vendedor, pues ambos se reúnen en el ágora. ¿Le va mejor dando más información al comprador? Entonces elegirá dar más información.

Dos temas en el tintero

Un tema que queda en el tintero y que viene a cuento de lo de compartir la ley, es lo que sucede cuando son los estados y no los individuos los sujetos de derecho. Si un estado usa su independencia para que unos corten cabezas a otros, ¿no es lícito hacer presión a tu gobierno para que use su poder y ponga fin a la matanza? Este es un gran tema que me lleva a la doctrina de intervención militar humanitaria universal, y de ahí a los problemas derivados del cálculo del coste de oportunidad ético.

Otro tema que queda en el tintero es el de la vacunación. Es muy curioso, porque la inmunización funciona en tanto no sólo tú, sino los que te rodean, están vacunados, con lo que el máximo egoísmo ético individualista es exigir, incluso obligar, a los demás a que se vacunen. Alucinante e interesantísimo.

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