miércoles, 22 de febrero de 2012

Sobre la propuesta de contrato único

Debido a la importancia de la arquitectura de nuestro mercado de trabajo, siempre son bienvenidos los análisis y debates sobre el mismo. De nuestro mercado de trabajo se infieren toda una ristra de problemas que afectan a toda la actividad económica (por el lado del consumo, sin ir más lejos, pero también por el lado de los costes de producción, por ejemplo) y a los servicios públicos (una importante parte de los ingresos de las CC.AA. (que son quienes gestionan los servicios públicos del día a día) provienen del impuesto de la renta que pagan los trabajadores). Cabe señalar que el problema del desempleo en España es la excepción en el mundo desarrollado. No es de recibo soportar la montaña rusa de incorporaciones y expulsiones del mercado laboral. Desensibilización mediante, estamos muy mal acostumbrados a padecer cotas de desempleo extremas.




Es evidente que el tema del mercado laboral no se puede analizar tan solo por la legislación aplicada, hay otros problemas que afectan: competencia internacional, formación, estructura productiva, economía sumergida, roles en el hogar, etc. Pero qué duda cabe que es preciso corregir en la medida de lo posible aquellos factores susceptibles de corrección legislativa y uno de ellos es el de la dualidad de nuestro mercado laboral. Otro, susceptible de corrección legislativa, sería el de la diferente regulación en las regiones.

En España hay básicamente dos tipos de trabajadores por cuenta ajena:

  • los fijos. Trabajadores muy protegidos, con altas indemnizaciones por despido. Hay casos que claman al cielo como el de aquellos empresarios a quienes les sale más barato seguir pagando un salario a quien no produce nada, antes que despedirlo y contratar a otro trabajador. Esto afecta de forma muy negativa a nuestra productividad y por lo tanto, es un hándicap a la hora de competir en el exterior. En este grupo debemos incluir a los funcionarios en general, entre quienes hay gente muy productiva mal incentivada y gente que debiera ser sustituida por máquinas expendedoras. Algunas administraciones han llevado hasta el paroxismo la contratación de funcionarios de dudosa productividad debido a problemas de carácter electoral y político.
  • los temporales. Trabajadores menos protegidos por ser su despido menos costoso al empleador. Propiciar un despido barato, es algo que por la parte del empleador es positivo: hay una mayor rotación de trabajadores y se puede ajustar la productividad. Intuitivamente en esta categoría caben todos los becarios y trabajadores de poco valor añadido (porque requieren poca formación), así que no solo tienen menos indemnizaciones sino que también coinciden en tener sueldos más bajos (con lo que ello implica a la hora de establecer un proyecto de vida). Pasando de la intuición a los datos, existen sectores de alta exigencia formativa donde este tipo de trabajador supone una parte importante del total (con lo que ello implica a la hora de perder a personal formado, afectar negativamente a la productividad y producirse la llamada "fuga de cerebros").

Con todo esto, cuando se produce el boom inmobiliario, se produce un efecto parecido al Gold Rush californiano: en muy poco tiempo, trabajadores poco cualificados son rápidamente absorbidos. Pero al tener sobre todo contratos temporales, cuando vienen las vacas flacas, el mercado laboral es capaz de expulsar también rápidamente a estos trabajadores, con lo que si hablamos de trabajadores/consumidores, toda la economía se ve afectada negativamente. Efecto bola de nieve donde los haya: bajan tus ventas y tienes que echar a gente, etcétera.

Ante esto, un primer impulso es corregir la temporalidad para acercarla a las condiciones de los "fijos". Es la aproximación que hacen los sindicatos del régimen, por ejemplo. El caso es que esto no tiene en cuenta el aumento de costes total, la bajada de productividad y la pérdida de competitividad. Si se protegen "al alza" todos los trabajadores, inmediatamente se enquistaría un paro mayor y aumentarían los costes sociales, con lo que aumentarían las cargas impositivas y habría un retraimiento general de la economía (y del nivel de vida). Otra bola de nieve.

Se trata por lo tanto, a mi entender, de buscar cómo eliminar la dualidad del mercado laboral evitando en la medida de lo posible los efectos perniciosos de un aumento de costes. Como tal como está, tenemos un sistema dual, todo aumento de protección a los desprotegidos, repercutirá en una disminución de la protección a los protegidos.

Es eso lo que se pretende al proponer un contrato único indefinido.

Se trataría de disminuir la protección a los más protegidos y aumentársela a los menos, en similar proporción. De ahí que el sistema deba ser unificado. La forma más inmediata es con un contrato único que asegure la productividad. La concatenación de trabajos de poco valor añadido, se irían sumando a la vida laboral del trabajador, con lo que la productividad que el trabajador pueda tener se reflejaría en una mayor indemnización por despido. Es decir, por tiempo trabajado habría que ir teniendo una mayor indemnización. Al llegar el fin de la vida laboral, esta indemnización, subproducto de su trabajo, se incorporaría a su pensión de jubilación.

Para casos en que trabajadores con poca experiencia se queden en paro, al no haber una paga prefijada, se supone que tenderían a una búsqueda de empleo más activa. Por parte de los empleadores, los bajos costes de despido de estos trabajadores, les animarían a contratarlos. Esta es la parte que no me queda muy clara de la propuesta de contrato único indefinido.

Otros temas que requieren un análisis mayor, a mi juicio, serían las situaciones ante trabajadores autónomos del Régimen Especial y los eventuales agrarios. En todo caso tendríamos un sistema de indemnización creciente, pero por ejemplo, en el caso agrario, una mayor experiencia no se corresponde con una mayor productividad (es más: un jornalero cuando se hace mayor, puede ser incluso menos productivo). Así, tendríamos una mayor protección para trabajadores menos productivos, con lo que se expulsarían del mercado de trabajo (en situaciones de poco capital acumulado, poca formación y poco atractivo para volver a ser contratados).

Por su parte, la ministra del paro dijo que el contrato único indefinido contraviene lo desarrollado en el Convenio 158 de la OIT (aquí en pdf), cosa que dudo tras leerlo y que, en todo caso, no ha explicado por qué.

Como alternativa para acabar con la dualidad también está la negociación directa entre empleador y empleado (contrato libre), pero la similitud de trabajos o categorías de trabajos, junto a la presión sindical, haría que crecieran docenas de contratos-tipo. Además, el contrato único indefinido podría ser desarrollado como una especie de tipo único de contrato libre cuyas condiciones se podrían establecer entre las partes dejando un margen de negociación, y con las esperables excepciones en ciertos tipos de empresa de características muy concretas (por ejemplo, microempresas en una situación financiera sórdida).

En síntesis, la dualidad de nuestro mercado laboral es un tema que afecta de tal manera a nuestra productividad, que debe ser abordado como uno de los grandes temas legislativos de este tiempo, es por ello que el debate del tema y todas las aclaraciones oportunas son bienvenidas. Pensad que no nos estamos jugando nuestro pan, sino el de los que vienen detrás.



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