domingo, 5 de febrero de 2012

De la prosperidad a la ética

Una vez expresada la necesidad de hallar una teoría de la prosperidad (estoy en la misma línea que Hoppe, que dice que "la realidad más fundamental de la vida humana es la escasez"), hace falta disponer de las herramientas necesarias. Para ello hay que ir muy atrás, hasta los principios últimos con los que el lenguaje expresa ideas.

No se puede empezar a desarrollar una teoría dando por sabidos sus términos, relaciones, operaciones y condicionantes. Un informático estaría ante un problema previo a la implementación y posterior a la especificación de requisitos, es decir, un problema de análisis y diseño. Un matemático estaría ante los axiomas mínimos de un nuevo álgebra. Una persona de letras ya habría escrito dieciocho libros dando por sabidas muchas cosas, como si todos estuviéramos en su cabeza. :)

Veamos qué dicen otros sobre la prosperidad, quizás encontremos pistas valiosas o respuestas completamente satisfactorias. La definición usual de prosperidad, del latín prosperitas, es el éxito en lo que se emprende, la buena suerte en lo que sucede o el curso favorable de las cosas. La definición de la Academia no implica "estar bien", sino "tener la expectativa de estar mejor". Es decir, prosperidad puede ser definido como un vector cuya magnitud es la riqueza. Ahora habría que definir el adverbio "bien" y el sustantivo "riqueza".

Sigo con el diccionario y me encuentro:

riqueza. 1. f. Abundancia de bienes y cosas preciosas. 2. f. Abundancia de cualidades o atributos excelentes. 3. f. Abundancia relativa de cualquier cosa. Riqueza alcohólica, de minerales, de vocabulario.

Bien, como adverbio es:

8. adv. m. Según es debido, con razón, perfecta o acertadamente, de buena manera.

Tanto riqueza, como "estar bien", son conceptos fuertemente relacionados e imbricados. Todo apunta a que es necesario estudiar qué es el bien, lo bueno y lo deseable. Es decir, ética.


Parece que la sustancia que se oculta tras las cosas más cotidianas siempre se revuelve entorno a conceptos fundamentales y radicales. Cada actividad y cada resultado de nuestro quehacer diario y nuestro sistema de pensamiento siempre acude a la raíz de las cosas, seamos o no conscientes de ello. Resulta también curioso que alguien millonario en dinero o en bienestar, pueda ignorar esto; cosa que no desincentiva a quienes, de algún modo u otro, sentimos la necesidad de pensar sobre lo que es bueno y deseable.

Es evidente que debido a mis limitaciones no he analizado convenientemente y en profundidad la relación entre prosperidad y ética. Pero con los principios básicos que ya identifican la relación como objetivamente existente y el método analítico de ir primero a las definiciones para posteriormente establecer el diálogo, podemos o bien continuar con el análisis de la cuestión (como sacando capas de una cebolla) o pasar al diseño (según el símil del ciclo de vida en las ingenierías). Las fases de análisis y diseño se realimentan continuamente así que es de esperar que volvamos continuamente a tocar y retocar conceptos para depurar el problema.

Modularidad como ejemplo de la dimensión del problema

Reducir el problema a sus partes fundamentales (módulos) y comprobar que se comporten de forma correcta, es un método de abstracción para llegar a la solución del problema mayor y complejo. El propio método de la abstracción puede emplearse para determinar qué demonios es la propia abstracción.

Cuando dividimos un problema en partes, ¿qué queremos decir? ¿Qué son las partes de un todo?


Si cogemos una manzana y la cortamos en trozos. Tenemos partes de esa manzana. Sin embargo, los átomos de esa manzana, que en su día surgieron de la fusión termonuclear de una estrella ¿ya eran partes de la manzana? O bien, cuando la manzana se pudre y se degrada en la tierra y sus partes fundamentales pasan a formar parte de un ser vivo, ¿siguen siendo partes de la manzana? En ambos casos, en cierto modo sí son partes de la manzana original, pero no son tan partes como los trozos que cortamos de una manzana. El resultado es que hay al menos dos tipos de partes o módulos en las cosas. En unos casos hablaremos de un tipo de partes o módulos: aquellos en los que las partes formen parte del mismo mundo de operaciones que el todo. En el otro caso hablaríamos de partes o módulos no operables en el mismo mundo que el todo.

Sirva este ejemplo de la modularidad para hacer ver que el problema ante nosotros desborda los cuatro conceptos manidos que se emplean continuamente cuando se dialoga sobre problemas complejos. Más aún cuando se trata de hacer una aproximación ontológica (yo siempre pienso en escenarios de isla desierta, no en busca de la puridad o la esencia de las cosas, sino para sacar de en medio lastres y tener una aproximación más sencilla a las cosas) a la ética.

Continuamente oímos a gente hablar y juzgar sobre bases no asentadas, sobre cosas que no son más que rumores o prejuicios, en todos los temas y ámbitos de la vida. Tener una base teórica crítica sobre la ética es fundamental para poder establecer distinciones entre conocimiento y mito.



1 comentarios:

Teseo 08 febrero, 2012  

El problema es que la parte de una manzana deja de ser manzana (la propia manzana deja de ser manzana con el tiempo). Si reúnes todos los trozos de la manzana, lo que tienes es un montón de trozos de manzana, pero no la manzana. Un griego de esos, contaba una historia sobre un rey de Grecia (ejem) cuyo barco se conservaba como reliquia en un museo. Cada vez que el barco se deterioraba, una nueva pieza era construida y la sustituía, de manera que con el paso de los años, los turistas podían ver el barco nuevo. A alguien se le ocurrió coger todas las piezas gastadas y con el tiempo, construyó un nuevo barco. Así que surgió la discusión sobre cuál era la reliquia auténtica, ¿la nueva o la tradicional mejorada? Creo que siguen hablando del tema y por eso no aprueban las cuentas...

El informático ese, primero apagará y volverá a encender el ordenador y si sigue sin resolver el problema, cambiará de ordenador (un informático sin ordenador es como una mesa sin patas). El matemático en cambio planteará el problema comenzando "supóngase que ya está resuelto...". Solo el tipo ese de letras asegura diversión y entretenimiento con los dieciocho mil libros, a menudo contradictorios, que puede escribir sobre el tema.

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