lunes, 27 de febrero de 2012

Contrato único. Incentivos

Dada la dualidad de nuestro mercado de trabajo, los ajustes en las empresas se producen por vía del despido. Las empresas carecen de incentivos para contemplar otras medidas como el ajuste salarial, la reducción de jornada, etc. Los trabajadores temporales son más proclives a ser considerados como un factor de producción con el que ahorrar costes. Creo que este es el gran fracaso del contrato temporal en España. Como esto es un fracaso y repetir siempre lo mismo esperando resultados diferentes es la definición de locura, hay que pensar en un modelo que no contemple el contrato temporal. En todo caso, para aquellos empleos que por sus características tengan una naturaleza temporal (porque se trabaja en ciertos periodos del año), no hay razones para no englobarlos en un contrato único y definir sus detalles en cada caso particular, aumentando la capacidad de negociación entre las partes. También están los contratos por obra, pero entiendo que estos se quedan fuera del debate al ser una "compra de servicios" y no responder al mundo de los contratos de asalariados. Y, otro caso son los contratos de interinidad o sustituciones, que podrían incluirse también en un contrato indefinido único si los equiparamos a los estacionales.

Florentino Felgueroso
¿Contrato único obligatorio?

Cuando se habla de contrato único indefinido, no se habla de un único contrato. Este retruécano quiere decir que los empresarios no tendrían ante sí un único contrato obligatorio (eso carece de sentido). Sino que el mínimo regulatorio al que obliga la Constitución, sería común para todos. Evidentemente existe un Estatuto de los Trabajadores, y una serie de costes laborales que dependen de las cotizaciones a la Seguridad Social, por ejemplo. Pero estos son otros temas de otros debates. De lo que se trata es de eliminar la dualidad en el mercado de trabajo, que, cíclicamente, absorbe y expulsa a una enorme masa laboral.

Implicaciones en el modelo productivo

Villamayor de Calatrava, Ciudad Real

Además, con esto, y es un detalle que a mi particularmente me gusta mucho, se daría un pequeño paso en el cambio de modelo productivo. Las urbanizaciones a medio construir que vemos a los lados de las carreteras, no las levantaron precisamente ingenieros altamente cualificados con contratos indefinidos. Los cubos de kalimotxo que beben los sonrosados guiris en la costa mediterránea, no los llenan sumillers del Ritz con contratos indefinidos. Creo que veis por dónde voy: si existe una regulación para promover negocios "burbujiles", os aseguro que no solo se usará esa regulación, sino que además, los interesados harán todo lo posible por blindarla.

Incentivo monetario

La propuesta de Politikon, inspirada en el manifiesto de los cien economistas, incorpora la llamada mochila austríaca. Esta característica anexa, es particularmente interesante también. Que el fondo de indemnización se inmovilice y acompañe al trabajador durante toda su vida laboral crea un delicioso incentivo monetario. En la propuesta no lo explicitan, pero yo defiendo que ese fondo sea susceptible de ser capitalizado. En la indeseable situación de quedarse sin trabajo, el trabajador tendría un fondo que podría invertir en un negocio. Podría darse el caso de que varios compañeros, despedidos al mismo tiempo, utilizaran de forma conjunta ese fondo para iniciar una nueva actividad. Además, al margen de la indemnización creciente del contrato único indefinido, podría existir un pequeño plus, una cierta rentabilidad al estar capitalizado ese fondo. La forma de implementar esto, escapa de mis capacidades, pero en principio no veo mayor problema (tendría que ser un fondo asegurado, probablemente con una "protección frente al desastre" superior o similar a los fondos de pensiones). Todo esto no solo crea un incentivo, sino que además es una aproximación ética de naturaleza similar a las actuales indemnizaciones (nadie te regala nada, la indemnización es parte de la riqueza que has generado).

Más dinero circulante

Está claro que la capitalización, de ser rentabilizada, provocará la "obligación" de que una ingente cantidad de dinero se ponga a circular. No sólo existe la posibilidad de invertir el capital en renta fija, sino que se podría diversificar la inversión para protegerla. Doy por sentado que parte del dinero podría ir al exterior (tanto si se invierte en moneda extranjera como en participaciones de empresas), pero cabría una posibilidad de que parte del dinero quedara en el país, con lo que nuestro tejido productivo podría salir reforzado. En el caso de las personas que llegaran al final de su vida laboral, no sería descabellado pensar que tendrían un capital acumulado (al que sumar a su pensión), que también se incorporaría al "ciclo de dinero circulante". No olvidemos que una parte fundamental de toda crisis económica es que la circulación de dinero "se enfría", esto hay que tenerlo en cuenta para poder evaluar las consecuencias positivas del sistema propuesto. Para hacernos una idea del orden de influencia de todo esto en nuestra economía, pensad que en 2009, 8,5 millones de cotizantes privados chilenos, tenían invertidos 102.000 millones de dólares. No es disparatado pensar en cómo afectaría el contrato único a nuestra economía, capitalizándola de manera visible y protegiéndola frente a "enfriamientos".

Excepcionalidad española

Quitando a Irlanda, probablemente España sea el único país en Europa occidental cuya curva del paro se parece más a una montaña rusa que a otra cosa. No solo somos excepcionales en esto, sino también en precariedad laboral, desempleo juvenil,... Quien no vea un problema en nuestro mercado de trabajo es que está ciego. Y recordemos que no hablamos solo de estadísticas: nuestra economía tiene una parte muy importante que depende del mercado interno. Si nos dedicamos a precarizar y burbujear, hasta los más listos de la clase se verán perjudicados. Cada reforma nos afecta a todos.

Más protección al trabajador sin aumento de costes laborales para el empresario

Aquí está el quid del asunto más allá de las cuestiones técnicas. Implementar un contrato único indefinido es una cuestión política. Manteniendo los mismos costes laborales para las empresas, la inmovilización del capital dedicado a la indemnización sólo puede hacerse mediante dos vías: o bien bonificando a las empresas o bien reduciendo el salario al trabajador proporcionalmente. El combate a la precarización y a la dualidad tiene unos costes que si son asumidos por los trabajadores, encontrará muchas resistencias sociales. Si son asumidos por las empresas, estaremos dificultando el nuevo empleo. En todo caso, tengamos en cuenta que tras la última reforma laboral, gran parte de los costes sociales están siendo asumidos por los trabajadores. La implantación del contrato único repercutiría en una progresiva protección al trabajador con lo que a medio plazo los trabajadores estarían en todo caso más protegidos. Es decir, en caso de que el trabajador asuma el coste (o gran parte de él, acordándolo con su empresa), esto no sería a cambio de nada, sino a cambio de una mayor protección frente a una indeseable situación de despido.


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