domingo, 15 de enero de 2012

Disertar

Cuando te acercas a un tema, lo puedes hacer al menos de dos formas: una, leyendo lo que otros han escrito, la segunda, la aproximación "salvaje" que consiste en emprender camino sin mochila. Si no somos eremitas, por mucho que nos esforcemos en cerrarnos, nuestra mochila siempre llevará algo. Las disertaciones, que no son sino desarrollos de temas, siempre tendrán por lo tanto, cierta inclinación bajuna. La inclinación bajuna, el perfil, o la perspectiva de una disertación es un hecho por mucho que busquemos la más alta cota de purismo temático. (Pregunta: ¿buscar la puridad -lo objetivo- es síntoma de inteligencia? ¿Puede ser deseable la mezcla y el barullo de ideas? ¿Hay alguna teoría sobre la confusión?).


Un tema recurrente es el de España (a mi me gusta por su eterna actualidad y por su relación con las cosas que pasan aquí y ahora, pero podría elegir otro tema). Según las dos aproximaciones mencionadas para encarar una disertación, tendríamos:
  1. Desde Isidoro de Sevilla y hasta hoy en día, tenemos no ya una descripción de España como realidad existente. Sino definiciones, debates, posturas, relaciones, comparaciones, afirmaciones, etc.
  2. Sin nada previo, sin haber leído nada, ¿cómo podemos disertar sobre España como tema de pensamiento? Aquí está el intríngulis, porque sin citas ni referencias, esto pasa a ser materia de lógica, ciencia, argumentos, abstracción, falsabilidad, etc. Elige tu propia aventura.
La dificultad inherente a la segunda aproximación, obliga a pensar que lo que otros han dicho, pensado y escrito, resulta esencial. Por ello, nunca podremos descartar una "inserción en la historia" de cualquier tema. Hay que situar el contexto y describir lo que hay en función de lo que hubo. No es casualidad que la tiranía (tiranía política, pero también tiranía de las ideas), siempre trate de arrancar las ideas y los temas de la historia.


La mayor tiranía, el peor castigo, es siempre despojar al ser de sus recuerdos, de su historia, de lo que otros han podido construir previamente. Cuando alguien eleva una tea ardiendo diciendo "seguidme, yo os sacaré de la cueva", que salten todas las alarmas. Cuando se insiste en la defensa de explicaciones sencillas a problemas enrevesados, que salten todas las alarmas. Cuando, en cierta forma, se intenta sustituir a Dios, que salten todas las alarmas. Etcétera.

Claro que citar constantemente a otros, también tiene un problema que no se debe de obviar: existe el riesgo de cerrarnos a establecer nuevas ideas. Introducir nuevos puntos de vista es siempre recomendable, ya que en el caso de ser ideas válidas, enriquecerán, y en el caso de ser inválidas, reforzarán tesis previas. Es por ello que no entiendo la vocación de quienes se emperran en repetir mantras sin intentar ir más allá. Tenemos la herramienta más compleja que miles de años de interaccciones atómicas han logrado conseguir: llámale cerebro, alma o Nubecita, pero esta herramienta tiene un extra que llamamos imaginación, la mayor capacidad intelectual viene del uso de la imaginación: tenemos varios enfoques para el mismo tema, ponemos en relación diferentes ideas y podemos intercambiarlas para pensar juntos.


Subido a tu columna, como Simón, en la peli de Berlanga, puede que te acerques a conclusiones muy viables. Pero no te acercas a la perfección si no las compartes ni te arriesgas a que te las invaliden.

Compartamos. Sumemos. Mejoremos.

1 comentarios:

Teseo 16 enero, 2012  

No te confundas... el alma es el hardward, mientras que el cerebro y otros es aproximadamente el softward. Lo que queda del cuerpo es la máquina herramienta. Por tanto hay una parte del pensamiento que está siempre determinada, conocimiento instintivo, como la fabricación de nidos por los pájaros.

¿Cómo se puede llegar a ser santo haciendo alguna gilipollez como subirse unos años a una columna o pasarse la vida debajo de una escalera?

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