jueves, 8 de diciembre de 2011

Trabajo no remunerado en el hogar

El estudio de la Fundación BBVA sobre el trabajo no remunerado, confieso que al principio me pareció una broma. Atendiendo a la definición de "trabajo" como el desplazamiento que requiere energía, resulta evidente que la inmensa mayoría del trabajo no está remunerado. (Sería divertido que alguien calculara el movimiento de rotación de la Tierra a precios de Fenosa).

Cuando hablaron del cuidado de niños y ancianos, y de las tareas del hogar, ya empezó el mosqueo. Llegué a pensar que el estudio sólo se refería a las personas contratadas para realizar esas tareas. Pero no. Se refiere también al cuidado de familiares en el ámbito del hogar, sin terceros. Es más: "incluye el autocuidado o la alimentación, pero esencialmente, la prestación de cuidados a terceros, cuyos principales destinatarios son niños, enfermos o mayores sanos que requieren atención". Es decir, incluye el trabajo que "me cuesta" cepillarme los dientes, dar la papa a mi sobrino o recoger la mesa. Impepinéibol.

Entiendo que exista interés por saber qué parte de la economía gris suponen las tareas domésticas y/o cuidado de niños y ancianos, realizados por personal contratado. Lo que no entiendo es que cuidarte a ti, a tu familia y a tu casa sea objeto del estudio.


¿Desde cuándo se considera un trabajo de la economía productiva (del PIB concretamente) hacerte tú mismo las tareas de toda la vida? ¿Desde cuándo hay que quejarse porque "alguien" no te está pagando por vivir? ¿Acaso no existe ya un incentivo vital por tener la casa limpia, el mandilón del crío lleno de churretones y la vejez de nuestros mayores acompañada y dignificada?
...importancia de cuantificar y valorar el trabajo no remunerado ante retos como el del sistema de atención a la dependencia, que supone el trasvase al mercado del cuidado de enfermos y mayores antes desempeñado en el hogar.
Efectivamente: si se establece un programa público de asistencia social para quitar babas, hay que cuantificarlo (es más, hay que cuantificar ese trabajo antes de aprobar la ley), si hay personas que dejan su trabajo para cuidar de un enfermo, creo que eso también tiene un coste susceptible de cálculo. Pero insisto: asumir tú mismo tu responsabilidad como ser humano es por definición incalculable. No sólo incalculable en el sentido económico (no forma parte del PIB), sino en el ético (puede derivar en medidas políticas de servidumbre e incluso en casos de abandono por impago).

Es por esto que sospecho que ningún estudio de estas características es útil. Puede tener cierta utilidad si a igualdad de parámetros comparamos los resultados de varios países o regiones (la misma utilidad curiosa de comparar tamaños de países). Pero rechazo completamente la idea de establecer un programa de ingeniería social sobre la base de la cuantificación de la vida. Porque no nos llamemos a engaño: estos estudios que tratan de reducir la vida a una hoja de excel tienen detrás una ideología. Y por mucho que se venda esa ideología como la única válida, no dejará de ser cierto que existen otras.


Evidentemente en la presentación pública del estudio de marras, que circuló por todos los medios, se dejaban caer opiniones sobre esta malvada sociedad falocrática que esclaviza a las mujeres en sus hogares. Sin entrar en el cansino e interesado debate sobre la guerra de sexos: ¿se ha tenido en cuenta que los hombres realizan los trabajos más pesados (con mayor "coste" para la salud) y que las mujeres viven más años? ¿Se ha tenido en cuenta que a igualdad de grado de minusvalía, dos casos pueden ser completamente distintos? En el tema hay tantas variables como personas.


Insistamos en que no existe un incentivo monetario en ser humanos, nos viene dado serlo con un comportamiento que responde a la piscina ética en la que nadamos.

Si tuviera ganas, ahora hablaría de la misericordia y de su relación con la justicia en la ética occidental, diferenciándola de la lástima y la compasión, pero como no tengo, me quedo aquí.

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