lunes, 5 de diciembre de 2011

La UE debe decidir qué quiere ser de mayor

Alemania y Francia (con el acuerdo tácito del resto de gobiernos) muestran las líneas generales de la refundación europea. Se descarta la emisión de eurobonos para que no paguen justos por pecadores, pero se introducen temas que afectan a la soberanía de los estados.

Seamos francos: al estar en una unión económica y política, ceder soberanía es algo que viene en el menú. La historia de la construcción europea es la historia del control político de la economía europea para evitar un nuevo conflicto. Ahora, una de las características más destacables de esta última vuelta de euro-tuerca es el protagonismo del Tribunal de Justicia europeo (no veo que las noticias mencionen al Tribunal de Cuentas, pero de aquí a marzo de 2012 sospecho que veremos novedades).

La cosa es que los estados miembros estarán obligados a limitar su déficit presupuestario al 3% del PIB, bajo pena de sanción (sanción que puede detenerse en caso de acuerdo, supongo que esto lo reservan para casos de catástrofes naturales ya que en otros casos creará inseguridad y desconfianza). Lo que más me llama la atención, es que en el gobierno colegiado europeo las decisiones no se tomarán por unanimidad, sino por mayoría cualificada del 85% de los estados. Esto significa que los países con economías más pequeñas (y/o los receptores netos de ayudas) pasan a perder su soberanía presupuestaria. Es una solución que da más libertad a las grandes economías, pero sus consecuencias en la política nacional de muchos países de Europa oriental están por verse. Creo que este último punto no se ha estudiado suficientemente: las alertas rojas ya aparecen a lo lejos, en forma de crecimiento de los movimientos nacionalistas en aquellos países.

En conjunto, nuestros próceres creen que la salida de la crisis del euro es hacia adelante. Hacer una unión política más fuerte (¿y el BCE qué?) y esperar que por ósmosis los gobiernos nacionales vayan tirando en la misma dirección. Será interesante contar con sondeos de opinión a nivel europeo y también ver cómo se comportan las oposiciones de los países. Conociendo cómo resuelve la UE sus tratados mucho me temo que seguiremos arrastrando los problemas de participación del ciudadano en la política europea.


Veo dos vectores de soberanía, el de los estados y el europeo. Veo, pues, dos soluciones antagónicas: deshacer la UE manteniendo el mercado común o bien dirigirnos hacia un "gobierno europeo" votado por el "pueblo europeo" y controlado por una "ley europea". De momento, la mayoría de la gente se deja llevar, pero puede que este problema haga surgir nuevas formas de posicionamiento político. Voces discordantes en el mar del "europeísmo sin preguntas".

Un dilema parecido surgió en Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión. Para expandir la esclavitud a los nuevos territorios incorporados al oeste, los sureños defendieron los derechos de los estados citando la Declaración de Independencia y la Constitución, los unionistas les respondían que los derechos de las personas debían ser comunes en todos los estados. El pacto constitucional quebró definitivamente cuando Lincoln juró el cargo. Y el dilema lo resolvieron a tiros y a mordiscos.

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