lunes, 7 de noviembre de 2011

La voluntad de la mayoría

Es conocido el aforismo vulcaniano "el bien de la mayoría es superior al bien de la minoría o al de uno solo". Llama la atención que este aforismo "democratista" sea de uso corriente en una sociedad como la vulcaniana que en ningún momento practica la democracia (tras la guerra civil, Vulcano solo conoce el gobierno del Alto Mando, militar, y después el de la Academia de Ciencias, académico-aristocrático, en cierto modo platónico).

¿Qué es la mayoría? No quiero importunar a nadie al hacer una pregunta tan tonta, pero considero crucial establecer las bases del uso común del lenguaje antes de avanzar. Damos por hecho que todos otorgamos el mismo significado a las palabras cuando no es así (se me ocurre el manido ejemplo de la diferencia entre "respeto" y "tolerancia": se usan ambas palabras como sinónimos y no tienen nada que ver). Como en democracia -o lo que sea esto- se toman las decisiones que acuerda la "mayoría", quiero saber quién es esa mayoría.

El Diccionario de la Real Academia no ayuda mucho. De mayoría nos remite a mayor, de ahí a grande, de grande a superior y ahí ya tenemos el grado de excelente. Si nuestra única herramienta fuera ese diccionario, la decisión de la mayoría sería la mejor decisión. Tomemos nota y dirijámonos al concepto matemático "mayor que", este concepto usado en inecuaciones indica el orden de los términos (por ejemplo, sobre la recta real). Tres es mayor que dos, porque tres va después de dos. Tres manzanas son más que dos manzanas, porque tres es igual a dos más uno. Creo que por ahí van los tiros. Por la cantidad.

Cuando dejamos las matemáticas y volvemos a las cosas relativas, ¿qué sentido tiene aplicar la idea de mayoría? ¿Cuál es la forma correcta de interpretar la mayoría? ¿Cuándo podemos decir que hay mayoría? ¿Por qué la mayoría es mejor? ¿Por qué no? ¿Buscamos lo mejor? ¿Es igual decir "lo mejor" que "lo menos malo"? Como vemos, cosas que están muy trilladas no son en absoluto banalidades.

En un referéndum, la ley dice que la mitad más uno es la mayoría. En el caso de que efectivamente hubiera una diferencia de un solo voto, afirmo con rotundidad que el resultado de ese referéndum, de hacerse al día siguiente, podría cambiar con alta probabilidad. ¿Es correcto esta forma de hacer las cosas? ¿Es la única forma de hacerlas? Parece que no, porque esa misma ley nos dice que para reformar un estatuto de autonomía, hace falta -como primer paso-, una mayoría de dos tercios en el parlamento regional. Es decir, el voto de unas docenas de personas, avaladas por recibir a su vez mayorías simples en cada división de la ley d'hondt de su circunscripción, en la que a su vez -por motivos que pueden ser razonables- no vota todo el cuerpo electoral. Telita.

No encuentro argumentos para defender la mayoría simple como un método bueno de elección. Si en lugar de mayoría más uno, habláramos de mayoría más tres, ¿acaso no sería más razonable, correcto, útil, seguro?

Dado un conjunto de electores N, la mayoría simple la establece el número (N/2)+1, al reformar un estatuto de autonomía, aquélla -de entre los miembros del parlamento- pasa a ser (2/3)*N. En la práctica, cuando la minoría es (N/2)-1, tan solo el aceptar voluntariamente el método de elección hace que el sistema funcione. Imaginémonos por un momento que la minoría cubriera precisamente la parte de la población que tuviera revólveres, medios de comunicación y tiempo libre para dedicarlo a hacerse oír. ¿En este caso, cómo cambiarían las tornas? El asunto no es en absoluto baladí: toda sociedad democrática se basa en la aceptación tolerante de decisiones ajenas a nuestra voluntad. Es esa tolerancia la que hace que no haya derramamiento de sangre. La mayoría conviene en que evitar el derramamiento de sangre es algo bueno (en este caso, estoy con la mayoría). Pero, ¿qué pasa cuando el precio del derramamiento de sangre es inferior al de la tolerancia? El sistema deja de funcionar.

Con esto último, estaremos de acuerdo en que las decisiones de la mayoría han de reducirse a aquéllas que no traten asuntos más graves que el de la confrontación civil. Así las cosas, se puede defender que eliminando el riesgo de confrontación civil, el acuerdo mayoritario sería inútil y caería en desuso. Quizás por ello, bajo un régimen dictatorial, no hagan falta consultas populares, ya que no hay riesgo de confrontación civil (en principio no lo habría ya que estoy pensando en la idea de dictadura "ideal", "total", "absoluta").

Pero ¿no hay acaso una alternativa que elimine el riesgo de confrontación civil y que no signifique imposición? En principio, los monoteístas lo tenemos fácil: Dios es siempre la mayoría (lo difícil viene después: la voluntad de Dios pasa por un filtro). Como juego lógico podríamos pensar en alguna alternativa, pero lo malo de las matemáticas es que cuando hay personas por medio, la realidad supera los límites de la teoría.

Conformémonos con el acuerdo de la mayoría, califiquémoslo de "consenso" y miremos hacia otro lado. Hay cosas en las que es mejor no escarbar, aunque escarbar sea lo que la inteligencia exija, aunque escarbar sea lo que nos define como seres racionales.

Cuando la democracia se impone como ideología dominante, pensar en ella como mero sistema es entrar en el terreno del crimental.

2 comentarios:

Elentir 07 noviembre, 2011  

Muy buen artículo, como de costumbre.

Pablo 07 noviembre, 2011  

Con referencia friki incluída, que mola más. ;)

Últimos programas del podcast

Archivo

Se admite el debate

Blogorrollo