lunes, 10 de octubre de 2011

La tecnología salvará la educación o no

De un tiempo a esta parte me cansa mucho el anacronismo cotidiano. Innumerables empresas y políticos creen que todavía estamos en 1999. Hablan de Tecnologías de la Información como si fuera algo nuevo. Los más listos, emplean el acrónimo TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y se quedan tan panchos.

En la competición silenciosa por ser el más tonto del pueblo, pasaron a usar "Sociedad de la Información" entrando en una contradicción de términos entre el concepto y lo que realmente hay en este erial. Como la competición de la tontuna no puede parar, enseguida pusieron de moda "Sociedad del Conocimiento". Uau, ese paleto que nunca aprendió a programar el vídeo nos da lecciones de "Sociedad del Conocimiento". Ay del que se desvíe del camino de lo que es Oficialmente Guay.


La producción de tontería es tal, que hasta se plantean metas absurdas como que cada alumno tenga un ordenador en el aula o planes de ayuda a la compra de pizarras electrónicas supernecesarias para aprenderse los ríos de España (tema que están preguntando en la Selectividad actual a mastuerzos de 17 añazos).


Frente a esta competición auspiciada por gente canosa y mercachifles que quieren sacar tajada del erario público, está el sentido común. No seré yo quien critique que un ordenador conectado a una red sea una herramienta didáctica, pero por favor, basta de exagerar y montar campañas grotescas: cualquier materia de Humanidades se puede estudiar con un libro, una libreta y un boli. Las de Ciencias, libreta, lápiz, goma y papelera (je).

Sospecho que de un tiempo a esta parte se le da demasiada importancia a la herramienta y no tanto al fin para el que se emplea. El otro día se gastó casi un millón de euros en comprar mil ordenadores para el Senado. Ignoro como todo el mundo qué diablos se hace en el Senado, pero sospecho que las necesidades tecnológicas de sus funcionarios no pasan de la tecnología que había en el 2001. En contraposición a esta anécdota que hizo al cuñado de alguien un poco más rico, hay lugares donde realmente sí hay necesidades de actualización de equipos. Me cuesta comprender que no haya ningún tipo de criterio unificado que exponga las necesidades tecnológicas de la administración (y en su caso de las empresas, pero esto es asunto suyo).

Algo de esta tecnofilia absurda se ve en lo de la TDT. Con la televisión analógica, podía haber alguna interferencia causada por una prueba nuclear secreta en el espacio o por una tormenta solar interesante. Ahora que la recepción de datos es discreta, si hay ruido en la señal no recibes nada. Eso sí, los paisanos pueden ver Qué hago yo aquí si mañana me caso en versión original, aunque no entiendan nada, porque los jueves pares del mes llega a la plaza del pueblo el bus de la diputación con ordenadores para aprender a hacer ganchillo en inglés.

-Señora, súmese a la Sociedad del Conocimiento.
-¿Lo qué?

La introducción desigual de la tecnología en la administración y sobre todo en la educación (que es lo que más nos interesa a todos) puede ser empleada como una pantalla que oculte, tras las cifras y el marketing, que en este país no se tiene ni idea de lo que se está haciendo. Órdenes de arriba acaban por frustrar la legítima vocación de enseñar a los niños que tienen la mitad de los maestros (perdón, edukador@s). Frustran también las expectativas de niños de 12 o 14 años que les inundan a distracciones (como le hizo la OCP a Robocop en Robocop 2) en lugar de ir a lo básico, a los pilares fundamentales: aprender a leer y a escribir.

Toda una larga historia de abusos en educación y planes de modernidad extraños están generando completos idiotas dóciles y serviles. Lo Oficialmente Guay no distingue color político ni razón de vecindad y además es imparable.

Adenda

Sospecho que el nivel de tecno-tontería crece en relación directa al abuso del verbo "implementar". Peste de tíos.



1 comentarios:

Rotwang 10 octubre, 2011  

¡Es la educacion 2.0!
¡Ahora con esquinas redondeadas!

jajajaja

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