sábado, 10 de septiembre de 2011

La lengua de Mordor

La inmersión lingüística es una forma de enseñar lenguas. Consiste básicamente en dar más horas de clase en la lengua secundaria del alumno con el objetivo de igualar su conocimiento al de la lengua materna. Es decir, una política educativa con inmersión lingüística bien hecha, supondría que en Galicia las escuelas dieran más horas de castellano que de gallego. 

Podéis sentaros.

El problema no es educativo, sino político, como siempre. La lengua es tan solo una excusa. Se trata del control. Se trata de apelar a sentimientos telúricos. Se trata de engañar y robar. Estos temas son excusa para una infinita sucesión de institutos de estudios lingüísticos, ONGs por la lengua feliz y solidaria, atropellos en las oposiciones a puestos públicos, patadas a diccionarios varios y fraude electoral. Es eso.


La solución definitiva a la política lingüística de un sitio en el que hay varias lenguas, no pasa por un programa diseñado desde un despacho ("demos 194,5 minutos de gallego, 179,6 minutos de castellano, 98,3 minutos de inglés y 37,7 minutos de silbo gomero a la semana"). Cualquier programa de estudios se encontrará con el rechazo de parte de la sociedad, que esperará su turno para cambiarlo, lo que redunda en que seamos la primera potencia en la producción de legiones de idiotas.

Puede que la solución no pase por poner de acuerdo a nadie. Puede que la solución pase por dejar que los centros educativos compitan entre sí. Si padres y profesores -en cada centro- acuerdan los currículos a impartir en los colegios al margen de políticos, habrá más opciones, más libertad y menos imposiciones. Se cortaría así el manejo político de la educación y tendríamos información sobre la educación real que la gente desea.

Alfalfa

Para que a todos se nos hinchen las venas del cuello, se plantea el debate en términos que ni la ley de educación de Cataluña, ni la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña mencionan. Pero eso sí, términos fácilmente masticables para quienes tragan con todo. De uno y de otro lado.

Es decir, buenos y malos españoles y buenos y malos catalanes. Hacer elegir a la gente una u otra lengua como si el concepto de bilingüísmo nos fuera ajeno.

Levantar trincheras es el método más fácil de ganar voluntades. También el más miserable.

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2 comentarios:

Elentir 11 septiembre, 2011  

¡Has dado en el clavo! Ésa precisamente es la clave para acabar con el chalaneo educativo que tenemos en España. Pero claro, los políticos no lo aceptan porque prefieren decidir por nosotros, usurpando nuestros derechos y tratándonos como borregos.

Si a esto que comentas se le añadiese en España el cheque escolar y la libre elección de idioma, no sólo se acabaría el control político sobre la enseñanza -ningún político se atrevería a poner sus garras nunca más sobre los colegios, a riesgo de quedar como un dictador-; no sólo se mejoraría la calidad de la enseñanza, al hacer más competitiva; es que además mejoraría considerablemente la salud democrática de un país en el que hoy por hoy los políticos deciden por nosotros en demasiados asuntos.

libreperspectiva 13 septiembre, 2011  

Aquí el problema es que en el Parlamento que representa a todos los españoles hay unos vampiros que representan sólo a unos palurdos con complejo de superioridad. Sé lo que digo, porque me tuve que exiliar de Barcelona después de aguantar 13 años de arrogancia provinciana.

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