jueves, 17 de marzo de 2011

Motivos para una intervención militar

Las fuerzas armadas sirven para garantizar la soberanía e independencia de aquellos países que tienen miedo de perderlas. Hoy en día, se acepta ampliamente que para garantizar la soberanía e independencia de un país, es necesario que su ejército actúe en el exterior.

Ya sea en misiones humanitarias tras desastres naturales, en misiones de interposición entre facciones o bien en operaciones directamente punitivas contra quienes afectan directamente contra la soberanía e independencia de la nación de origen.

Ejemplos de estas tres categorías de operaciones:

Misión humanitaria: Haití.
Misión de interposición: Nagorno-Karabaj.
Misión punitiva: Kosovo.

El hecho de que una misión la pida un organismo internacional, es menos relevante que la decisión propia de un país para enviar a su ejército. Si hay un acuerdo internacional por el que se decide formar parte de una fuerza multinacional, esto debe responder únicamente a un estrategia de victoria.


Casi me atrevo a decir que la excusa que se ponga para llevar a cabo una misión militar en el extranjero es lo de menos. Se puede poner cualquier excusa. Desde el momento en que la población carece de control sobre sus mandos militares, se puede hacer lo que se quiera. Luego quien tiene el poder de decisión es el poder político. La opinión de la gente es irrelevante, hay muchos ejemplos para confirmar esto.

Se suele argumentar que en la decisión de un gobierno influye la opinión pública (esa papilla que forman medios de comunicación con intereses comunes a partidos, empresas y demás grupos de presión organizados). Me llama mucho la atención que la "opinión pública" no influya ni a favor ni en contra de la guerra que tenemos a las puertas de casa.

Una guerra cuyo componente de guerra civil/interna disminuye día a día por la participación de terceros países que toman medidas unilaterales. Parece que Catar, Túnez y Egipto están dando apoyo al Consejo Nacional de Transición. Por su parte, países abiertamente declarados nuestros enemigos, como Zimbabue, están enviando ayuda al coronel.

A falta de una opinión experta, parece sencillo argumentar que una intervención militar limitada es posible a un coste asumible (teniendo en cuenta nuestro coste de oportunidad debido a que nuestro combustible está en ese desierto). Las principales vías que comunican la Tripolitana con la Cirenaica están muy próximas al mar (el país es una franja de 300 kilómetros de ancho), desde donde se pueden realizar operaciones de superioridad aérea. Es más, dada la actual autonomía de los aviones de combate y vigilancia, Malta, Creta y Sicilia pueden hacer la función de portaaviones con muchísima más capacidad de operaciones que uno o dos grupos de combate aeronavales (y a menor coste). Otra buena noticia geográfica es que a poniente y levante hay países enemigos del coronel, cuya "opinión pública" se ve hermanada con el Consejo de Transición.

En favor de la intervención limitada no solo está la geografía. El ejército libio, ya de por sí limitado a órgano de represión y control y no siendo una fuerza de combate digna de tal apelativo, ha disminuido sus filas por deserciones y está empleando pilotos extranjeros ante las constantes insubordinaciones que sufre. Es por tanto, una fuerza a la que le flaquea la moral, que combate con mercenarios en sus filas (un insulto para un militar profesional) y cuya capacidad de combate está en entredicho debido a su inoperancia reflejada en los hechos: tardan un mes en retomar una franja de terreno de mil kilómetros contra fuerzas dispersas, amateurs, sin apoyo importante de defensa aérea ni artillería.


Otro punto es el del apoyo internacional. Existe un creciente miedo a la pérdida de control en las satrapías orientales, la Liga Árabe condenó la actuación de Gadafi. Aquí no estamos en el mismo escenario que Afganistán o Irak. Es un error muy común hacer comparaciones. Estamos ante un nuevo escenario donde occidente ya aprendió un par de lecciones respecto a la ocupación de estados fallidos. Asimismo, los sátrapas saben que sus tronos de petróleo y sangre no son tan sólidos como creen, eso juega a nuestro favor.

Otra cosa más que juega a nuestro favor, la carrera armamentística (y aquí y aquí).

Según el nivel de implicación de la operación militar que se determine, incluso podemos realizar una misión punitiva quirúrgica que descabece -literalmente- al coronel. Ahora bien, no es cosa de los militares pensar en las consecuencias del descabezamiento. Una vez concluidas las operaciones militares, hay que dar por terminada la misión.

En resumen: cuando un régimen masacra a civiles (armados o no) y no compartimos intereses con ese régimen, debemos destruir sus centros de mando. ¿Por qué? Porque podemos. Que ningún dictadorzuelo se sienta seguro. Esta doctrina hace del mundo un lugar más seguro y eso repercute positivamente en nuestro día a día.

¿Argumentos en contra?

Más:
Once his army and police shot at protesters, the pent-up disaffection of Libyan society was unleashed, and it is too late for the regime to bottle it up. In recent weeks the revolt has even gained support from the historically pro-Qaddafi rural populace. No matter how much blood is shed today, the uprising will not be stopped. 
There is just one question to answer: Does the United States desire the rebels or Qaddafi to win in Libya?

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