jueves, 10 de marzo de 2011

How the west was won

MUCHO se ha hablado y viene hablando contra la emigración y sin embargo, la emigración, lejos de evitarse, continúa de una manera lastimosa, tanto que un día y otro salen de nuestros principales puertos vapores cargados, no solo de hombres, sino hasta de mujeres, lo cual indica que intolerable malestar existe en Galicia, sin que basten á remediarle ni las obras públicas que con perjuicio de la agricultura dan ocupación á algunos brazos, ni otros paños calientes que, dejando el mal en pie, lo que hacen es diferir más ó menos tiempo sus consecuencias, ó sea la ruina del país. Galicia es eminentemente agrícola, y sus labradores, por más apego que sientan á la natal patria, tienen necesariamente que abandonarla, ya porque en el estado actual de cosas los impuestos públicos absorben casi el valor íntegro de los productos de la tierra, ya porque el resto no alcanza para gastos de cultivo, alimento y satisfacción de rentas dominicales. De ahí que las tierras no mejoren, por falta de capitales, que las cosechas disminuyan y que multitud de cosecheros, obligados á vivir como pobres y a contribuir al Estado como ricos, lo cual es un absurdo, prescindan á veces de afecciones y se lancen á remotos climas siquiera no sea más que en busca de alimento, no cegados por el ansia de hacer fortuna, ó con devoradora sed de riquezas. Esto sin contar porción crecida de rurales habitantes, á quienes ni aún para la contribución alcanza cuanto de toda especie llegan á cosechar. 

Monumento a la hambruna irlandesa. Dublín.

La causa, pues, de la emigración, el malestar que aflige hoy á Galicia, es la enormidad de los impuestos, siempre en crecimiento, á medida de las necesidades que se crean; complicando la máquina administrativa y convirtiendo á nuestra España en nación de empleados, ó baraja de solo ases.

Quizá que, al hablar así, hombres de moderna ciencia nos tachen de oscuros visionarios, enemigos de toda civilización y progreso. No. Somos españoles, amamos á España como el primero y queremos civilización y progreso bien entendidos; es decir, hasta donde permitan nuestra posibilidad y circunstancias, porque cierto y sabido es que aquella nación se aniquila que consume más de lo que produce; y España, cuyo presupuesto de gastos es hoy insostenible, marcha apresuradamente á su ruina, si los Gobiernos no entran por el sendero de las economías y economías en grande escala que aminoren la cifra de los impuestos, sobre todo el odioso de consumos.

Medítenlo los gobernantes y nada de paliativos, ni estadísticas, sí, cual la descabellada de 1.881, han de costar á los contribuyentes miles y miles de duros, como costó aquella y fué para Galicia especie de nuevo tributo inútil que ni aún al Estado aprovechó. Medítenlo los gobernantes, repetimos, y corten así de raíz el mal, pues, sin economías grandes en el presupuesto, sin rebaja notable en las contribuciones territorial y de consumos, la emigración es inevitable y la agricultura, base esencialísima de riqueza en nuestro país, lejos de producir, quedará casi enteramente abandonada, faltosa de brazos útiles que sin cesar la arrancan, el Ejército por una parte, y esa misma emigración, por otra. Verdad que la empresa es á la vez ardua y difícil; pero cansados están ya los pueblos de sufrir: propietarios, ayer desahogados, corren, para salir de apuros, á empeñarse ahora, mediante un rédito convencional, que no calificaremos, é hipotecando fincas de que el prestamista se apodera luego, si los deudores no pagan, ó no concurren oportunamente con el rédito; los labradores no pueden más y el remedio urge, si no queremos que la disolución social nos envuelva mañana á todos, y unos contra otros guerreemos por un pedazo de pan.

MARCIAL VALLADARES
  • Emigración. Galicia, revista regional de ciencias, letras, artes, folk-lore, etc. Año I. Tomo I. La Coruña. 1887 (extraído de la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España).

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