viernes, 28 de enero de 2011

La reforma pendiente

Los que negocian una reforma de las pensiones, me recuerdan a los que negocian la ley de censura de Sinde. Gente ajena al tema, que ni le va ni le viene, que llega a opíparos acuerdos en beneficio de la sociedad, etcétera.

Ambos son ejemplos pristinos de estar en la huerta y no ver las coles. Quizás -sólo quizás- el problema no es el envejecimiento de la población, al igual que el problema tampoco eran las páginas de enlaces. El problema puede que sea el propio sistema de pensiones público y obligatorio, la única pirámide de Ponzi legal en este país. Pongamos por caso que dentro de veinte años nuestra esperanza de vida esté entorno a los noventa años. ¿Volvemos a parchear el sistema? Desde el punto de vista de la ingeniería es un absurdo.

¿Y si cada persona en función de sus intereses particulares decidiera negociar la pensión que quisiera o ninguna pensión? En ese caso mucha gente tendría que aprender cosas del mercado (fondos de inversión, origen de rentas alternativas, etc). Eso -convendremos todos- no puede ser malo. ¿Es imposible? Lo dudo. La proporción de gente con inversiones en bolsa es muy amplia, existen millones de pequeños inversionistas: no requiere un gran esfuerzo intelectual saber cuatro pinceladas y estar al día. Además, existen intermediarios financieros.

¿Por qué temer al capitalismo popular? Supongo que hay muchas razones que se me escapan, pero la más importante creo que es la que nos dice que el gobierno odia la competencia. Si el 80% de la población del país no necesitara al gobierno para vivir en la vejez o en la enfermedad, habría un enorme capital dedicado a iniciativas de caracter privado que hoy se está malgastando en justificar la extensión de los tentáculos del Estado.

Creo que el primer paso para afianzar la idea de un sistema de capitalización individual como alternativa útil a la pirámide de Ponzi de la Seguridad Social es convencer a la gente hablando con ella. A mi lo primero que me suelen responder es que vale, muy bien, pero que hay gente con sueldos muy bajos que no se pueden permitir dedicar una parte a un plan de pensiones. Sorprendentemente la gente no es consciente de que su sueldo no es el total de los costes laborales que le ocasiona a su empresa. La empresa le paga el sueldo a él y otra parte a la Seguridad Social. Esto, con el sistema de capitalización, no existiría.

Un currito que gana 800 euros al mes, realmente le cuesta a la empresa algo más de 1.000. "Al día siguiente" de establecer el sistema de capitalización individual podría ver aumentado su sueldo en casi un 30%. Al menos los trabajadores por cuenta ajena.

Lo siguiente que te preguntan es por el caso extremo: ¿cómo puede costearse alguien que está en la absoluta miseria un tratamiento médico? La gente también ignora que los gastos de sanidad no se costean con la caja de la Seguridad Social, sino con los impuestos generales. Pero sigamos con el ejemplo extremo: alguien que ha vivido de la caridad toda su vida y está a punto de desfallecer de frío y hambre en la calle. Vale. Que la gente tenga más dinero en el bolsillo significa que la iniciativa privada (voluntaria y pacífica) dedicada a la beneficencia, dispondría de más recursos. Además, si no recibiese subvenciones, respondería a criterios de excelencia y no a criterios de cuotas de poder político.

El sistema de capitalización individual tendría como consecuencias a corto plazo:

  • Aumento de salarios (aumento del consumo, del ahorro personal, etc).
  • Eficiencia en programas sociales privados que dejarían de responder a criterios políticos ("el dinero va a donde se necesita" y "¿no cumples? te dejo de financiar").
  • Aumento del capital total en manos de proyectos de inversión (hablamos de decenas de miles de millones al año en disposición de ser usados en todos los campos de desarrollo económico e industrial). Esto además corrige el problema de incentivos de caracter político y de gasto burocrático.
  • Reducción del dinero en manos del Estado (la revalorización de la caja de la Seguridad Social depende de los criterios que sigan los gobernantes de turno a la hora de invertir, esto es poder, y el poder es la capacidad de destruir y controlar. Con el sistema de capitalización, este poder queda repartido y difuminado).
  • Introducción de una muy necesaria "pureza" en las campañas electorales (dejaremos de oir esa subasta al alza de "subiremos las pensiones", que tanto fango demagógico mete).
  • Extinción de la necesidad del Estado de tener a una masa en situación de servidumbre y subvención perpetua (yo todavía tengo pesadillas con el "Tengo una pregunta para usted" dedicado a Manolo Chaves).
  • Pérdida de capacidad de negociación de las centrales sindicales y la patronal (y del Gobierno y oposición). Cada uno se dedicaría a lo suyo.
Hay otra cosa que se debería de discutir también: tanta cantinela con retrasar la jubilación y nadie habla de adelantar la incorporación al mercado laboral (¡oh, cielos, parezco un malo de novela de Dickens!). ¿Habéis salido de España últimamente? Muchos chavales de secundaria, al acabar las clases, trabajan tres horas en un cine, una pizzería, etc. Incluso se fomenta que a los 16 años muchos puedan dedicarse a una profesión y no entramparse en un sistema educativo absurdo e ineficiente. El debate de la educación es uno de los grandes temas pendientes.

3 comentarios:

Teseo 28 enero, 2011  

Y si te jubilas a los 65, ¿puedes meterte autonomo y seguir trabajando, si no estas muy abollado, conservando la pension de la piramide de Ponzi? ¿De que dinastia egipcia era era el faraon Ponzi? ¿O es una piramide guanche?

Pablo 29 enero, 2011  

Supongo que tendrías que decalarar en Ganancias la pensión como un ingreso. Probablemente no te salga a cuenta. A no ser que hagas trampa y tributes en Antananarivo. Por ejemplo. (Ahora que lo pienso, los países pobres suelen tener tributos altos).

Lo de Ponzi viene de Carlo Ponzi, un italiano.

Teseo 29 enero, 2011  

No. Engañar a hacienda es de gente sucia y miserable. Aunque el dinero negro sea del mismo color que el blanco...

Lo de Ponzi es una aplicacion del segundo principio de Termodinamica a la rentabilidad de la empresa.

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