domingo, 12 de diciembre de 2010

El ataque de las tarjetas de crédito del espacio exterior


Confiar tu futuro a las ideas preconcebidas que tienes sobre lo que significa un préstamo personal, es como confiarlo a los posos del café o a las entrañas de un cordero. Leo en Pedrojota el caso de un chaval que casi no sale del cascarón y ya le han cortado las alas:

Decidí independizarme y, para la compra de electrodomésticos, solicité un préstamo. Me lo denegaron y me dijeron que la solución era una tarjeta de crédito y aplazar la compra en cómodos plazos.

Vi las facilidades y comencé a pagar todo lo que compraba con ellas. Al final acabé en la lista de la ASNEF [lista de morosos] porque me quedé sin trabajo y no podía pagarlas. Siempre he pensado: la tarjeta de crédito, qué gran invento para el banco, qué maldición para los seres humanos.

Si la consideras una maldición ¿por qué la contratas? Si antes no sabías que era una maldición, a lo mejor tendrías que haberte parado a leer el contrato que firmaste. Poco avanzas si no asumes las consecuencias de tus actos. Ahora, lo fácil es culpar al banco de las consecuencias de tus propios actos. Genial.

Conceptos como "deuda", "bonanza económica", "crédito" y similares, no son enfermedades que se transmiten por vía aérea (en ocasiones puede que se transmitan por vía sexual, pero ese es otro tema). Son conceptos con significado, y pertenecen al mundo real.

Los bancos facilitaban tarjetas de crédito sin muchos impedimentos. (...) Algunos jóvenes se han dejado llevar y "las usan de forma temeraria" y, de este modo, "acumulan deudas importantes, puesto que no olvidemos que los créditos al consumo tienen intereses que, en algunos casos, pueden llegar al 20%", asegura Antonio López, portavoz de CECU Madrid.

Lo que faltaba, ahora que los clubes de las viudas de guerra empiecen a exigir una regulación sobre las tarjetas para evitar su "uso temerario". Oigan, beber una cantidad absurda de agua puede causar la muerte, ¿vamos a restringir el "uso temerario" del agua? Estaremos de acuerdo en que restringir ese uso es una tontería, porque ya nos consideramos mayorcitos. Pues lo mismo para las tarjetas de crédito.

Ya lo dice el refrán: si no sabes torear, pa'qué te metes, Manolete.

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3 comentarios:

Teseo 12 diciembre, 2010  

Bueno, de las entrañas de un cordero no se nada. Pero si en el higado de un buey encuentras escrito una amenaza de muerte en latin, yo me lo tomaria en serio.

¿Y que pasa con esas tarjetas de credito, debito o lo que sea que te manda el banco sin que tu las hayas pedido y luego te las cobra? Me recuerda a los niños malos que regalan muestras gratuitas de droga a la salida de los colegios...

Los bancos en la actualidad estan desprestigiando el buen nombre de la usura y del bandolerismo. Cuando un particular tiene una deuda, van los bancos y lo despellejan vivo. Si la deuda la tiene el que manda en el banco, el estado le regala el dinero para que puedan seguir desangrando al personal. Con un par.

Por cierto, tengo la impresion que a Manolete no lo mato el miura. Ups.

Pablo 12 diciembre, 2010  

¿Seguro que no las has pedido? Suponiendo que no, se reclama.

Claudia 13 diciembre, 2010  

No creo que sea necesario se Einstein para saber que, al no tener contacto físico con el dinero (y por tanto no tener una idea real del dinero que pagas) vas a gastar más. Eso te lo dice cualquiera que tenga tarjeta.

El banco, como empresa, quiere tener cuantos más clientes mejor a quienes pueda cobrar cuantas más comisiones mejor porque de ello depende su beneficio. Pero "contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar". El banco lucha por su beneficio, lo que ocurre es que muchos no entienden que son ellos quienes tienen que luchar por el suyo...

A mí me han mandado una vez una tarjeta que no pedí. simplemente la devolví y dije que no quería que me mandaran ninguna hasta nueva orden. No tuve ningún problema.

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