sábado, 27 de noviembre de 2010

El imperio de la confusión


En unos cuantos saltos de diccionario pasas de tontería a confusión y de confusión a mentira. Vivimos rodeados de mentiras, de poses. Hay un escenario en el cual se nos presenta una sucesión de acontecimientos aparentemente inconexos. Si te sientas en la última fila, quizás, por un momento, llegues a tener una visión de conjunto: ¡menuda obra!

Vemos el conjunto y vemos los detalles y nos cuesta a veces distinguir lo efímero de lo eterno. Creo que la sucesión de detalles efímeros son reflejo del conjunto de la obra. Esa obra que pretende ser eterna y marcar la senda de acontecimientos futuros (incluso a veces de los pasados). Pero como la obra se basa en la tontería/confusión/mentira, jamás podrá pertenecer a lo que es eterno.

Por ejemplo, el portavoz que no dudaba ni por un segundo de la inocencia de altos cargos del gobierno implicados en una trama de terrorismo de Estado, plantea hoy un "paréntesis" en la presunción de inocencia, diciéndole a los jueces qué medidas cautelares deben tomar a golpe de decreto. No soy jurista, pero creo que una de las características de un sistema judicial sano se basa en creer en el criterio de los jueces y tener un mecanismo de recursos a otras instancias. No creo que sea amarrar mediante decretos las decisiones de los jueces. Es más, otra característica fundamental que distingue a occidente de las satrapías bárbaras es el principio de la presunción de inocencia.

Otra escena de realidad o irrealidad es la forma en que el PSC cae con todo el aparato al descubrirseles enormes fotos de falso público para poner en los mítines y hacer bulto. Aquí lo gracioso es que los inútiles del PSC culparon a los corruptos de CiU de "manipular" y horas después reconocieron que sí, que las fotos eran suyas.

Incluso podríamos ahondar en este universo de la mentira con la famosa declaración política que unos empresarios enviaron al Rey y que ahora se reunirán con Zapatero para probar juntos los canapés de Moncloa. Esos mismos empresarios entre los que se incluyen bancos, contratistas y medios de comunicación que viven directamente de un gobierno al que retroalimentan.

Y otra más de última hora: en los telediarios se ha dedicado tanto tiempo al codazo a Hussein que a la epidemia de cólera en Haití.

Es tal la cantidad de ponzoña que acecha en el fango que a veces es fácil pensar "al diablo, que hagan lo que quieran y allá cada cual se las arregle con San Pedro". Pero claro, luego amanece un nuevo día y te miras al espejo y te das cuenta de que no quieres estar tan muerto por dentro como toda esa purrela.

Flowers on the wall

2 comentarios:

Teseo 27 noviembre, 2010  

Al tio que le pincho la escandicaina en la bemba al subsahariano afroamericano de color, le debio quedar la cabeza caliente. El que le dio el codazo, dijo que no lo volveria a hacer.

Pablo 27 noviembre, 2010  

Era un asesor, creo, ahora lo trasladarán a Alaska.

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