lunes, 11 de octubre de 2010

12 de octubre, ¿algo que celebrar?

El Día de la Raza como celebración de la Hispanidad tiene lugar en los países hispanos y Estados Unidos. En las últimas décadas varió su nombre debido a la corrección política pero en esencia sigue siendo lo mismo que hace 90 años. Mucho se puede hablar sobre el significado de la Hispanidad y doctores tiene la Iglesia. Yo, desde mi humilde punto de vista y el contexto que encierra a la decadente ex-metropoli no sé muy bien qué celebrar.

A quienes creemos que uno es de donde pace y no de donde nace, y que la verdadera patria es la infancia, nos suena un poco carpetovetónico celebrar a la nación. Una nación que se confunde con Estado y que por tanto concebimos no pocas veces como hostil. Más aún cuando a las opíparas cenas y jugosos contratos académico-editoriales están invitados tres pinchauvas que en no pocas ocasiones parecen agentes de potencias enemigas.

Colegio de Nuestra Señora de la Antigua ("el Escorial gallego"), Monforte de Lemos (capital de la Ribeira Sacra, (Orilla Sagrada), excelentes vinos por cierto, provincia de Lugo)
Bien es verdad que a pesar de todo esto, de algún modo extraño, hay pequeños momentos que lo reconcilian a uno. Lástima de esos momentos, porque siempre vuelves a la realidad.

La España actual como nación cultural y emocional, tiene su razón de ser mirando a América. Tras tanto tiempo de dar la espalda al Nuevo Mundo, nuestras miserias aldeanas surgen inmediatas, zafias y vergonzosas. España sigue teniendo el problema de buscar su ser en el mundo y en la historia: a medio camino de Europa y América. No veo yo que haya un debate filosófico interesante sobre este tema. La oficialidad académica se pisa por llegar antes que nadie a agarrar nuevos conceptos extraños como "plurinacionalidad", haciéndonos creer que un país con la heterogeneidad de España es una excepción. Lo cierto es que todas las viejas naciones europeas son tan heterogéneas como España y que en algún punto de su historia moderna han pasado por una etapa de reflexión. Aquí la inmediatez política nos impide avanzar intelectualmente para descifrar quiénes somos realmente como nación o como comunidad de personas insertas en el mundo y en la historia.

¿Merece la pena hoy en día reflexionar sobre esto? No lo sé, sí sé que se corre el riesgo de ser señalado. Se sigue teniendo miedo de la palabra escrita y hablada. Aquí destaco una característica común a los españoles de ambos hemisferios: no hay nada más español que rechazar ser español. Ante esto yo recomiendo dar un paseo por el Museo Naval de Madrid o recordar las láminas de los libros de historia del colegio viendo los originales en el Prado. Las fotografías pictóricas de Tiziano, Velázquez, Murillo, El Greco, Goya, etc; consiguen -aunque solo sea por un fugaz instante- hacernos partícipes de una historia común. Una historia vieja, con muchas miserias, sí, pero también con grandezas.

No se trata de añorar el pasado -inútil esfuerzo- pero sí de reivindicarlo, de homenajearlo. Como cuando visitas un cementerio y sin saber muy bien por qué, hablas bajito. Nuestra historia tiene algo mágico, que nos eleva y nos evade por un momento. Y dejadme recordaros que de esta historia participamos todos. Es una historia que también se escucha en gallego, en una taberna de la Costa da Morte mientras el viento hace temblar los cristales. O en catalán, en el vestíbulo de un palacio modernista. O en latín, en cualquier esquina de cualquier iglesia. Incluso es una historia que se respira en muchos rincones de Italia.

Esperamos grandeza futura porque una vez fuimos grandes. Debemos lograr definir qué significaría hoy ser grandes. Yo creo que ahora mismo eso está relacionado con conseguir una prosperidad económica y moral que pasa por que la gente encuentre trabajo, deje de tratar al hispano como un extraño en España y arrinconar intelectualmente al secular pesimismo que ocultamos con nuestra frívola actitud hacia los de fuera.

Adenda

Hay dos formas de ser súper-español que a mi personalmente me provocan arcadas. Una, fácilmente identificable, es la "estilo Anasagasti". Otra, de la que no se habla tanto es la "estilo NNGG de Madrid". Ambas están relacionadas con viajar poco por España y conocer a pocos españoles de otras provincias.

6 comentarios:

Tribuna Sala 11 octubre, 2010  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tribuna Sala 11 octubre, 2010  

Con este artículo demuestras que no sólo sabes hablar de robots comunistas intergalácticos, lo suscribo al 80%, va, al 85% porque mañana es fiesta. Bravo, jefe, bravo.

Teseo 11 octubre, 2010  

Tenia entendido que el Escorial gallego era el monasterio de Osera, en Orense. Tambien hacen un licor tradicional, el Eucaliptine. Tan tradicional como el eucalipto gallego.

Pablo 11 octubre, 2010  

Gracias, Ignacio.

Sala, pues viniendo de ti es un súper-halago. :D

Teseo, el monasterio de Osera mola más, es cierto.

Luis I. Gómez 12 octubre, 2010  

Me encantan tu conclusión y tu addenda.

Es difícil imaginar un futuro, más difícil aún un futuro "común". Con quién? Por qué? Llevo algunos años dándole vueltas al asunto ... sin resultados, casi. El marco institucional está podrido y corrupto, el histórico desvirtuado y manipulado, la ley es esclava del partidismo y la libertad subastada en para comprar "seguridad".

Yo no tengo nada que celebrar, porque no veo nada que me sirva para mañana.

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