lunes, 19 de julio de 2010

La crema que rejuvenece la piel


Pues eso, un buen día, Mónica Carrillo se dijo: "soy periodista y quiero conocer la verdad" y en lugar de meter mano a la intrincada relación entre banqueros, empresas y partidos políticos o en lugar de investigar lo que entra y sale de nuestros puertos (drogas, armas, personas) con connivencia de la autoridad pública, fue a las oficinas de una empresa de perfumería. Se plantó brazos en jarras la tía y gritó a la recepcionista "¡Vengo a conocer la verdad!".

La recepcionista le dijo: "Verdad, lo que es verdad..., aquí no tenemos de eso. Pero puede ir al departamento de alquimia y brujería y preguntar por nuestra última innovación. Al fondo del pasillo, justo después de la puerta que emite un desagradable olor a pescado podrido". "Muy bien", contestó Mónica. Y para allá se fue taconeando.


En el departamento de alquimia y brujería de Loreal, le recibió un agradabilísimo duende muy parecido a Josemi Rodríguez Sieiro vestido con mallas amarillas. "¿Qué se le ofrece?" preguntó el duende. "Soy periodista", contestó Mónica, "y como soy periodista y las puertas del centro en el que estoy internada estaban abiertas, vengo aquí a pasar la tarde".

Tuvo suerte Mónica, ya que el duende de Loreal tampoco tenía mucho que hacer. Así que le enseñó el último invento del departamento de alquimia y brujería: una crema que rejuvenecía la piel. Nuestra amiga, con ese sagaz olfato que caracteriza a todo periodista, forjado en años de una carrera que se pasó haciendo dibujos con lentejas y macarrones, preguntó: "¿tiene alguna base científica lo que me dices?".



El Josemi-duende, ofendido, le espetó: "¡Pues claro que tiene base científica! Nos hemos pasado diez años rascando el estucado de las paredes, robándole dientes al ratoncito Pérez y haciendo cálculos complicadísimos con dados de veinte caras para desarrollar la tecnología Pro-Gen". "¿Y qué hace la tecnología Pro-Gen?". "Ven conmigo, cordera, te lo demostraré", dijo con un brillo misterioso en los diminutos ojos que asomaban detrás de las gafas.

El duende cogió un tarro de crema y pidió un voluntario. Un tipo enjuto, con cierto parecido al actor del Chavo del Ocho se prestó voluntario. El duende le aplicó la crema y oye, en treinta segundos era clavadito al pelirrojo de Harry Potter. "¿Qué ha pasado?", preguntó Mónica. "Muy sencillo", contestó risueño el duende, "hemos despertado sus genes de juventud". Sí amigos. Hay genes que duermen. Algunos son "los de la juventud". Basta despertarlos para rejuvenecer la piel. No nos preguntemos cómo demonios una crema puede modificar la expresión genética de un individuo, la división celular, el proceso de oxidación, etc.

En ese momento, Mónica, de rodillas y con los ojos arrasados por las lágrimas confesó: "no creo en los milagros, creo en la ciencia". Tan emocionada tenían a la mujer, que daban ganas de darle una mantita y una tacita de chocolate. En lugar de eso, el duende le ofreció un lucrativo contrato para promocionar su crema.

Ahora, no dejan de llamar a Mónica vendedores de agua magnetizada, echadores de cartas, cienciólogos, creacionistas, frenólogos, homeópatas, partidarios del diseño inteligente, numerólogos, parapsicólogos, Enrique de Vicente, psicoanalistas, radioestesiólogos, telépatas, abiogenesistas, charlatanes, timadores y botarates varios de una España que vuelve a pasar hambre.

Todo lo que se etiquete como "científico" aunque de científico tenga lo que mis zapatillas, vende más, porque es "serio". Lo triste no es hacer caso a la ciencia, que nadie me malinterprete (me gusta que existan internet, los antibióticos y la comida precocinada), sino hacer caso a los "moinantes" modernos. Ponen una oficina bonita con muebles cutres de Ikea -pero muy estilosos-, se visten de forma elegante, pero no dejan de ser esos timadores que iban por los pueblos vendiendo elixires a los paletos.

4 comentarios:

No a todo 19 julio, 2010  

¿Has oído hablar de las bayas de Goji? Es el último berrido entre las señoras. La última vez que estuve en casa de mis padres, una paisana le había regalado a mi madre medio quilo para que mejorase su vida. Me acordé de los vendedores de crecepelo del Lejano Oeste.

Pablo 19 julio, 2010  

Vaya, no las conocía.

http://www.bayasdelgoji.es/propiedades.html

Las Bayas contienen numerosos nutrientes, entre los que figuran:

• 21 oligoelementos.
• 18 aminoácidos.
• Proteínas.
• Betasitosterol.
• 8 polisacáridos y 6 monosacáridos, incluídos los polisacáridos Lycium Barbarum, exclusivos del Goji.
• Fibra.
• Carbohidratos.
• Vitaminas esenciales.
• Un amplio espectro de carotenoides antioxidantes.
• Luteína y Zeaxantina.
• Superóxido dismutasa y Fenilpropanoides.
• Fisalina.
• Ciperona.
• Solavetivona.
• Betaína.
• Ácidos grasos esenciales.


Una de las características de las estafas pseudocientíficas es que siempre desbordan a sus víctimas con términos científicos. El desconocimiento de la víctima y el temor a no parecer tonto, hacen el resto.

En este caso de las bayas, al menos no se trata de algo desarrollado en laboratorio y ya se sabe que lo que no mata, engorda.

Teseo 19 julio, 2010  

Me parece completamente legitimo lo de la chica periodista esa. Los que no soporto son los anuncios esos en que viene una tia del futuro para enseñarnos a lavar la ropa.

Las bayas de Goji parecen un poco a unas pasas rojas que habia antiguamente para los ratones. Se las di a probar al gato pero no le gustaron.

No a todo 20 julio, 2010  

La presunta posología de las bayas éstas es hasta cuarenta al día. Al lorito, Paquito. Yo probé un par de ellas y no saben ni especialmente bien ni especialmente mal; nada del otro jueves. No noté que de repente se me duplicara la masa muscular y rompiera la camiseta.

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