sábado, 6 de febrero de 2010

Hamlet, cuarto acto, escenas nueve y diez


Escena nueve

UN CAPITÁN, HAMLET, RICARDO Y GUILLERMO, SOLDADOS
Hamlet
Caballero, ¿de dónde son estas tropas?
Capitán
De Noruega, señor.
Hamlet
Y decidme, ¿adónde se encaminan?
Capitán
Contra una parte de Polonia.
Hamlet
¿Quién las acaudilla?
Capitán
Fortimbrás, sobrino del anciano Rey de Noruega.
Hamlet
¿Se dirigen contra toda Polonia, o solo a alguna parte de sus fronteras?
Capitán
Para deciros sin rodeos la verdad, vamos a adquirir una porción de tierra, de la cual (exceptuando el honor) ninguna otra utilidad puede esperarse. Si me la diesen arrendada en cinco ducados, no la tomaría, ni pienso que produzca mayor interés al de Noruega ni al Polaco; aunque a pública subasta la vendan.
Hamlet
Sin duda, ¿el Polaco no tratará de resistir?
Capitán
Antes bien ha puesto ya en ella tropas que la guarden.
Hamlet
De ese modo el sacrificio de dos mil hombres y veinte mil ducados no decidirá la posesión de un objeto tan frívolo. Esa es una apostema del cuerpo político, nacida de la paz y excesiva abundancia, que revienta en lo interior; sin que exteriormente se vea la razón porque el hombre perece. Os doy muchas gracias de vuestra cortesía.
Capitán
Dios os guarde.
Ricardo
¿Queréis proseguir el camino?
Hamlet
Presto os alcanzaré. Id adelante un poco.

Escena diez

HAMLET solo
Hamlet
Cuantos accidentes ocurren, todos me acusan, excitando a la venganza mi adormecido aliento. ¿Qué es el hombre que funda su mayor felicidad, y emplea todo su tiempo solo en dormir y alimentarse? Es un bruto y no más. No. Aquél que nos formó dotados de tan extenso conocimiento que con él podemos ver lo pasado y futuro, no nos dio ciertamente esta facultad, esta razón divina, para que estuviera en nosotros sin uso y torpe. Sea, pues, brutal negligencia, sea tímido escrúpulo que no se atreve a penetrar los casos venideros (proceder en que hay más parte de cobardía que de prudencia), yo no sé para qué existo, diciendo siempre: tal cosa debo hacer; puesto que hay en mí suficiente razón, voluntad, fuerza y medios para ejecutarla. Por todas partes halló ejemplos grandes que me estimulan. Prueba es bastante ese fuerte y numeroso ejército, conducido por un Príncipe joven y delicado, cuyo espíritu impelido de ambición generosa desprecia la incertidumbre de los sucesos, y expone su existencia frágil y mortal a los golpes de la fortuna a la muerte, a los peligros más terribles, y todo por un objeto de tan leve interés. El ser grande no consiste, por cierto, en obrar sólo cuando ocurre un gran motivo; sino en saber hallar una razón plausible de contienda, aunque sea pequeña la causa; cuando se trata de adquirir honor. ¿Cómo, pues, permanezco yo en ocio indigno, muerto mi padre alevosamente, mi madre envilecida... estímulos capaces de excitar mi razón y mi ardimiento, que yacen dormidos? Mientras para vergüenza mía veo la destrucción inmediata de veinte mil hombres, que por un capricho, por una estéril gloria van al sepulcro como a sus lechos, combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de comprender, por un terreno que aún no es suficiente sepultura a tantos cadáveres. ¡Oh! De hoy más, o no existirá en mi fantasía idea ninguna, o cuántas forme serán sangrientas.

3 comentarios:

Teseo 06 febrero, 2010  

Prefiero el Ser o no ser de Sexpir

Teseo 06 febrero, 2010  

Aunque no pasando na, ser eres

Pablo 07 febrero, 2010  

Cuatro pipas son. Cuatro y empiezo a ser.

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