miércoles, 27 de enero de 2010

Buscar la excelencia

También estoy en contra de la tendencia contemporánea a creer que uno debe ser demócrata si es cristiano, so pretexto de que los principios cristianos y los principios demócratas se confirman sobre algunos puntos. Por supuesto, coinciden en el respeto debido al hombre, pero de ningún modo sobre la estructura ideal de la sociedad. Créanme: si el buen Dios hubiese sido demócrata, nos lo habría hecho saber.

Por mi parte, estoy dispuesto a convertirme en demócrata si se adopta estrictamente el sistema de Henry Ford, quien escribe en su autobiografía: “Soy partidario de la Democracia que le da a todos las mismas oportunidades de triunfar” (hasta aquí todo el mundo de acuerdo) “según la capacidad de cada cual”. Y es ahí donde todas las verdaderas democracias modernas reviran porque, sin decirlo abiertamente, lo que no aceptan es que no todos tienen la misma capacidad. Y tienen razón: aceptar eso es meter el dedo en el engranaje de la jerarquía. En cuanto a aceptar que éxitos diferentes vienen a coronar capacidades diferentes es, peor todavía, reconocer que le compete a los “mejores” caminar al frente.

Pero Henry Ford va más lejos: “Estoy en contra - sigue impávido - de aquella que pretende conferirle al número la autoridad que le corresponde al mérito” .

¡El mérito opuesto al número! ¡La autoridad sancionando al mérito! Me parece, mister Ford, que allí no está hablando usted de democracia. ¿No sería más bien una definición de aristocracia la que nos está dando?

La dificultad, en nuestro sistema, consistirá, por supuesto, en reconocer el mérito al que le será conferida la autoridad . En los negocios, en el comercio, el mérito se puede medir con cierta facilidad en base a la ganancia. El mundo de la política es más complejo.

Pero, francamente, estoy cada vez más seguro que no es con la urna.

Vladimir Volkoff Por qué soy medianamente demócrata.

Antes de que me llevéis las manos a la cabeza: no se trata de perder lo bueno que tiene el sistema. Sino de repensar lo malo. Un sistema que trate a todos por igual, significa que todos tengamos los mismos derechos y deberes políticos. No hace falta ser muy despierto para darnos cuenta de que a día de hoy, no todos tenemos los mismos derechos políticos. De los deberes no hablo porque, legalmente, no pasa nada si no los cumples.

En la época en que los partidos políticos son uno de los principales problemas de los españoles, quienes tienen la facultad de tratar de solucionar el problema, son el propio problema.

Maniatados.

Estamos maniatados o secuestrados desde un punto de vista político. Sólo un político o un grupo de políticos nos puede conceder nuestros derechos legales. Es terrible que esto sea así porque no se nos asegura que la situación no se repita.

Decía el otro día uno: hay que cambiar el sistema. Y yo respondía: sí, pero para cambiar algo hay que tener su repuesto. O sea, su alternativa. ¿Tenemos alternativa o seguiremos como la rana de Al Gore, en un vaso de precipitados, sumergidos en un agua que cada vez está más caliente?

Este es el tema inmediato: resolver ahora lo posible de la ecuación para mañana estar preparados para nuevos problemas. Lo que nos lleva a:

De aquí al 2012, resolver el problema de los 9 millones de votos que tiene Rajoy secuestrados en su corralito. Aquí veo dos estrategias, una rápida y una paciente. La rápida: cargos públicos del PP y personajes conocidos del partido, que abandonen a Rajoy y los sorayos. La paciente: construir una alternativa sin el peaje de herencias del pasado. Es decir, una derecha moderna pero no modernilla, de camiseta más que de camisa, de buscar el compromiso antes que la cuota. Una derecha que sea más derecha por sí misma que por no ser izquierda. Una derecha que en la medida de lo posible no sea socialista.

Una derecha que no tenga que decir que es de derechas para que no la confundan con la izquierda.

Esta catarsis no solo repercute en el votante del PP, sino que el votante del PSOE también necesita que alguien le proponga una alternativa. Para poder elegir hay que tener opciones.

La política del "y tú más" no beneficia a nadie (bueno, sí). La política de "es que Aznar dijo no sé qué hace cuatro mil años", no debe de rendir frutos. La política de "digo que corrí delante de los grises para que se me permita todo ahora", no debe de tener futuro. Tantos peajes nos lastran a todos.

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