jueves, 17 de diciembre de 2009

Nuestros queridos amigos los pesetos


La Ley de Ordenación del Transporte Terrestre es una adaptación de una directiva europea -como el 90% de las leyes españolas-, que liberaliza el alquiler de coches con conductor en el sentido de que a partir de 2010 pueden desarrollar sus servicios en las comunidades autónomas donde no tienen licencia. Esto es, tener una licencia sacada en algún punto de España, hace que puedan operar en cualquier punto de España. ¡Vaya liberalización, señora!

Los taxistas, conocidos por su solidaridad y comprensión, están en contra porque tienen miedo de que el negocio se resienta. Deciden ir a una huelga en Madrid y Asturias (que yo sepa), y en honor a la tradición española de las huelgas bien hechas, nos deleitan con bucólicas imágenes de exacerbados piquetes informativos, rodeando y golpeando taxis de quienes no secundan la huelga.

Por supuesto, estamos en España y aquí la derecha apoya las reivindicaciones de los piquetes informativos. Piquetes que, aparte de fastidiar al ciudadano común que llega tarde al trabajo o quiere volver a casa después de un viaje, se dedican a decir cosas bonitas de sus -supuestamente- compañeros.

5 comentarios:

Clausius dijo...

No sé en otras ciudades, pero lo del taxi en Sevilla tiene delito...

Eduardo de la Fuente dijo...

El marido de mi sobrina es taxista. Que le vampo a hacer... a cada familia le toca uno.

Ahora en serio, lo que me parecía anormal es que el sector del taxi fuera poco menos que una mafia como hasta ahora. Creo que es el caso claro de servicio que debería estar liberalizado completamente. Entendería que hubiera mediación de las normas locales para garantizar el servicio en zonas rurales, pero poco más.

Un saludo

No a todo dijo...

Si conoces a algún estanquero y no temes por tu vida, háblale de liberalizar sectores.

Un abrazo.

Pablo dijo...

O farmacéuticos...

Teseo dijo...

... o funerarias ...o mariscadoras ...o el Sindicato del Transporte Ligero, las bestias mas peligrosas de toda la fauna animal sindical.

En Cuba es aun peor (o mejor)