sábado, 5 de diciembre de 2009

No jugar con las cosas del comer

Restaurante modernillo y minimalista. Decoración estilo Ikea cutre. Entro, busco una mesa y como los percheros son anatema, debo colgar el abrigo y la bufanda sobre el respaldo de una silla. El sombrero ocupa el asiento de la silla.

Inmediatamente un solícito camarero me pone algo que parece pan, mantequilla y agua que no he pedido, pero que a buen seguro tiene intención de cobrar igual. Me da la carta. Quince minutos después vuelve.

-¿Qué desea el caballero?
-Sorpréndame.

A la media hora vuelve con un café hirviendo, me lo tira a la cara y me cobra doscientos euros.

Totalmente merecido.

Sirva la anécdota inventada para enmarcar la tontería que nos rodea con las cosas del comer. No es que sea un paleto que se agarre a cinco platos y no quiera probar nada nuevo, no es eso. Pero es que las moderneces no me entran. Prefiero un asador a un japonés, y un chiringuito cutre de playa a un mcdonalds ("disculpe, he pedido una cocacola, no hielos con un poco de cocacola"). No es que repudie el japonés o el macdonalds, si hay que ir se va, pero por regla general y en base a la experiencia, lo que está comprobado que funciona, supera a la novedad modernilla.

El otro día probé el sushi. A la mayoría de la gente que conozco le encanta el sushi. Hay que explicar a quien no lo conozca que se trata de pescado crudo. Debo decir que no lleva espinas pues supongo que se debe tragar sin saborear y por precaución ya se ha pensado en quitárselas. Digo que se debe tragar sin saborear porque su sabor es asqueroso. No excesivamente asqueroso como cuando alguien no ha tirado de la cadena. Simplemente asqueroso, es decir, sabe mal. Pescado crudo ¿qué esperabas?

Para tratar de disimular su sabor, lo acompañan con salsa de soja. Genial idea, salvo por el detalle de que la salsa de soja es insabora. Touché. Además, en el sitio donde lo probé, acompañaba otra salsa verde picante mexicana. La salsa era una especie de pasta de dientes verde fosforito que quemaba del picor.

No entiendo nada. Es científicamente imposible que a alguien en su sano juicio le guste tremendo insulto al sabor y al concepto "alimentación vía oral". Es como si existiera un pacto secreto para decir que la mayor mierda del mundo es algo agradable y apetecible, y rodear ese dogma con la idea de que innovar y hacer el idiota es algo modernillo y positivo.

Pues no, no lo es.

Pero todavía hay más. Están los que ven cómo se hace el paté de hígado de pato y sienten vergüenza por la especie humana. "¡Cómo son capaces!" y esas cosas. Ya. Luego bien que comen canapés de paté a dos manos. Y no quiero olvidar esa clase de gente que -sin prescripción médica por medio-, tienen el valor de pedir sacarina con el café después de meterse un señor cocido entre pecho y espalda.

Oh, y no me hagáis hablar de los überpaletos. Los überpaletos son fácilmente reconocibles por gastar el dinero en los restaurantes pidiendo lambrusco para beber y mini-mierdas de comer en platos cuadrados. No comen pan, sino palitos duros de pan. Son los primeros en remangarse la camisa y dejar la chaqueta en el respaldo del asiento, antes de empezar a comer. De los codos en la mesa ni hablo. Cuando les atiende un camarero, se separan medio kilómetro como si les diera asco. Y desde luego, los muy idiotas no se cortan en encenderse un cigarrillo entre plato y plato.

Definitivamente somos lo que comemos, aforismo que explica por qué estamos rodeados de idiotas.





3 comentarios:

Eduardo de la Fuente 05 diciembre, 2009  

Hombre!!!! El sushi mola aunque entiendo que no es un plato que pueda agradar a todo el mundo. La pasta verde esa de la que hablas es wasabi, ránabos picantes, y la verdad es que de lo más potente. Entiendo que no te guste el sushi, lo malo es que mucha gente lo venera para estar "in" pues de lo contrario parece que no entiendes de cocina. Es cierto, en el mundo del sushi hay mucho gilipollas snob.

Yo también desconfío de la "nuvel cusín". Creo que en no pocas ocasiones se camuflan las carencias del chef con artificios estrambóticos.

Y de los palurdos en los restaurantes... Palurdos hay en todos lados. es lo que teiene salir. Sé indulgente con ellos, no te queda otra.

Me ha divertido el post, muy bueno.

Un saludo.

Stuart Sala 06 diciembre, 2009  

No me entusiasma el sushi pero me lo como, no está mal del todo. De todas formas si hay sushi en la carta es que estoy en un japonés y ya voy prevenido. Lo jodido es ir a un restaurante de aquí con apariencia normal pero con una carta que no entiendes ni papa de qué coño estás pidiendo, los platos son minúsculos y encima te cobran una burrada.

Lo inquietante es la sensación de que tu eres el único allí que preferiria estar en un restaurante normal y que critica ese timo, los demás, encantados, pero bueno, también hay gente que está contenta con el tripartito, supongo que eso lo explica todo.

Teseo 06 diciembre, 2009  

Hay que ser zote para ir a un restaurante, comer pescado crudo y encima pagar. Recuerdo una escena de Le llamaban Trinidad(?), que aborda el tema de la nouvelle cuisine con sabiduria.Existe un episodio de Bear Gylls en un restaurante japones en el que va y vomita delante de las camaras. Pero, ¿que tienes en contra de la comida en el templo de los arcos dorados? Y de paso, ¿te molesta la pizza? ¿Y el bocata de zorza? ¿La merluza con forma de animalitos?

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