martes, 24 de noviembre de 2009

Ductilidad política

Cuando la política se convierte en un refresco de cola, al alcance de todo el mundo, fácil de digerir y vendida tras una campaña publicitaria fastuosa que oculta que se trata de agua carbonatada y diversas sustancias fabricadas en laboratorio; es cuando deben saltar las voces de alarma.

Incluso tratar de vendernos que existe un debate ideológico es un atropello a la inteligencia. No existe el debate. Los dos grandes partidos, ya institucionalizados, representan el fin último de un sistema que poco tiene de democrático. Quiero explicar esto último.

Si cogemos el sistema político español y lo analizamos, no podemos hablar de sistema democrático (ni legislamos, ni elegimos a los legisladores; tan solo elegimos a unas asociaciones que de deciden quiénes legislarán). Ojo: no soy un antisistema: creo que tenemos un régimen de libertades más o menos asentado y es bueno que así sea. En cuanto a las libertades formales, es dificil que las perdamos más allá de la estupidez de la corrección política o de la forja de las próximas generaciones de idiotas con la EpC.

Imagen de un libro de la asignatura Educación para la Ciudadanía

Pero dentro del sistema, la libertad a la hora de elegir representante se basa en eso, en elegir. No tenemos donde elegir quienes creemos que las cosas van por donde no deben ir y tampoco pensamos que hace falta tirarlo todo. Carecemos pues, de libertad en este aspecto. Y esto aun suponiendo que eligiéramos a los legisladores.

Alguien puede aducir que dentro de lo malo o cogiendo lo que defiende cada uno, siempre hay opciones menos malas o más coincidentes con lo que uno piensa. Lamentablemente entre las opciones reales, esto no es así. Tampoco me vale la burla de decir "elijo a estos, para que estos otros, que son peores, no ganen". Eso lo pensaba hasta hace un tiempo y tolero a quien piense así. Allá cada cual.

Lo cierto es que algo debe de estar pasando. Vemos cómo UPyD en dos años tiene representación en el Congreso, en el Europarlamento y en el Parlamento Vasco. Está claro que se debe a un fenómeno mediático muy personalizado y a una acertada visión de mercado: la necesidad de una izquierda que no pacte con nacionalistas. Sin embargo, ese partido al que miles de personas se unieron porque no tenía ningún tipo de fundamento ideológico, sino meras declaraciones de intenciones, resultó aunar desde gente de la extrema derecha hasta intelectualillos psicoprogres. Algo que parecen intentar arreglar ahora, estableciendo las bases de un programa cerrado. Los desencantados dejan el partido, claro. Espero que más por motivos políticos que porque la Díez sea muy personalista. Me parece estúpido estar en UPyD e ir contra la Díez. Ella sola representa la mitad de su publicidad. Al mismo tiempo me parece terrible depender tanto de una persona.

El resto de partidos o bandas políticas, directamente no hay por dónde cogerlas. En la mayoría de los casos por hacer gala de un socialismo totalmente fuera de lugar. En otros, los más tolerables, por ser partidos monotemáticos. Hasta los hay también que no sé si son el negociete privado de alguien. Lo siento, pero no me fío de un partido al que no le veo la cara.

Viendo el panorama llego a la misma estúpida conclusión que Lenin y me pregunto ¿qué hacer?

Una opción es huir (no, no voy a hacer una disertación sobre el exilio interior). Debe haber más. Siempre hay más opciones. Si no las hay, se crean. No hay mayor fuerza terrenal en el universo que la voluntad humana.

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3 comentarios:

Clausius 25 noviembre, 2009  

Conforme pasa el tiempo, cada vez tengo más claro que la única solución para España es una escisión en la derecha. Esto es, que tengan las mismas narices que Rosa Díez para plantar cara al sistema, sabiendo que se preparan para el crudo invierno.

UPyD no es la solución, es parte de ella, pero hace falta más.

Le poinçonneur 25 noviembre, 2009  

Lo de UPyD me parece hilarante: según he medio leído, en su último congreso se han definido como "ni de derechas ni de izquierdas". Toma ya.

Díez se pasa tres pueblos, más habiendo estado en un gobierno de coalición con el PNV, y su personalismo y falta de mesura a la hora de "declaracionar" me parecen indignos de una política de su talla.

Como tú, Pablo, creo que el sistema renquea, pero una cosa tengo clara: UPyD no va a solucionarlo.

Haría falta casi un proceso constituyente para acabar con la actual desafección de los españoles hacia la política. Pero como sería casi imposible encontrar a más de tres personas que remasen hacia el mismo lado, me temo que tendremos sistema para rato.

Abrazos.

Pablo 25 noviembre, 2009  

Si se deduce de lo escrito que UPyD es solución de algo, es por casualidad. UPyD ha sido un fenómeno político que tiene el mérito que tiene. Como chispa inicial es bienvenida, pero el partido carece de coherencia, está demasiado hecho con filigranas. No sé: lo del Estado Federal, sacar la Religión de la Educación, el sentirse cómodos cuando les acusan de querer cargarse las lenguas cooficiales... Parece que van haciendo su partido a mano alzada y eso no tiene mucho futuro.

Creo que parte de la solución va más por lo que dice Clausius: una división en la derecha que aporte coherencia y contenido ideológico.

El PP es un cubo donde pretenden que quepa todo. Pero eso solo lo consigues con un liderazgo que una.

Un saludo.

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