miércoles, 7 de octubre de 2009

Historia del comunismo II: La teoría marxista

Hegel

El origen de la filosofía materialista lo podemos contextualizar en la tradición hegeliana de la primera mitad del XIX. Como lo que “mola” para quienes piensan como un adolescente es rebelarse contra el sistema establecido, la nueva filosofía surge como negación del liberalismo en auge. El liberalismo por aquella época contaba con los mejores intelectuales, filósofos y economistas. El liberalismo, que propugna la unión indisoluble de derechos del individuo y propiedad privada, hallará en el totalitarismo que surge con Marx su antítesis.

Marx y otros, empiezan a escribir un montón de artículos. Los marxistas imitan a su iniciador y escribirán artículos y libros equivalentes al papel que se puede sacar del Amazonas cuyos contenidos son un 40% pucheritos, 50% odio profundo a la libertad humana y un 10% alabanzas y lamidas de orto a otros marxistas para no ser purgados de la familia política.

Resulta imposible resumir la doctrina original del marxismo para un marxista. Prácticamente ningún marxista ha leído entero a Marx, por mucho que el fancine de Estercolar se empeñe. Incluso los intentos posteriores de gente como Luxemburgo o Gramsci son intragables por dar vueltas y más vueltas. ¡Qué diferencia hay con la sencillez de sus contrarios! Por ejemplo, en Economía en una lección de Hazlitt, cuando te dice “imagina que tienes dos manzanas”, te imaginas que tienes dos manzanas. A partir de ahí te explica las leyes del mercado. Todo el mundo lo entiende porque es algo natural. Sin embargo, la mierda marxista es tan profundamente retorcida para intentar venderse como seria y sesuda, que su aparatosidad resulta impracticable. Es por eso que para explicar el marxismo lo más rico-fácil es imaginar a una persona encadenada, en el fondo de un río y con el abdomen abierto. Esto, por cierto, nunca importó a los revolucionarios comunistas a ellos el marxismo se la soplaba finamente.

No podemos dejar de ser conscientes de que el desarrollo de la filosofía marxista parte de la concepción de la libertad humana y de su independencia. Ésta la sitúa en un marco social pero sin referencias a la Ley. No hay libertad sin que esta libertad esté supeditada a un bien común. Luego añade unas pizcas de márketing para vender libros con una visión novedosa para la época. Por ejemplo: la libertad religiosa no es la libertad de profesar o no una religión, sino “ser libre de la religión” (Sobre la cuestión judía, 1943). La libertad de poseer propiedad privada, pasa a ser la libertad de no tener propiedad privada. El giro, novedoso, parece una evolución del pensamiento liberal y una superación de este, cuando realmente es su negación.

Engels y Marx

Sus fans entonces empezaron a pedirle más y más y Marx no tuvo más remedio que seguir escribiendo, incluso metiéndose en teoría económica (Manifiesto comunista, 1848). Pese a que la revolución industrial estaba llevando a cada vez más personas a acceder a una educación superior, arraigaba la clase media, aumentaba el poder adquisitivo y fomentaba los intercambios entre las distintas naciones haciendo más difíciles los conflictos bélicos; él niega estos avances y denuncia los salarios de subsistencia (El Capital, 1864), ignorando de paso cómo funciona el dinero. Denuncia que el capitalismo es un sistema económico inestable (El Capital 2, 1877), ignorando el libre albedrío propio de los seres humanos. Critica que el sistema económico determina el sistema cultural, religioso y filosófico y que por tanto todos los males del hombre que existen bajo el capitalismo, son debidos al capitalismo, ignorando la historia del ser humano e ignorando cómo los “males” de la humanidad dependen de las personas y estos se han repetido muchas veces bajo sistemas económicos diferentes. Pero a Marx no le importaba ni la historia, ni el libre albedrío, ni explicar cómo funciona el dinero, él quería vender libros para pagar sus deudas. Claro que Marx no era tonto: sabía que criticar al capitalismo resultaba abstracto. Había que ir a por “los capitalistas”. Grupo social en el que paradójicamente no se incluyó.

Un día se despertó en el sofá-cama de Engels, se frotó la nariz como Vicky el Vikingo y decidió inventarse una movida retorcidísima y cogida por los pelos para ponerle cara al enemigo: la lucha de clases.

La lucha de clases

En La miseria de la filosofía (1847) y otros textos para gente con tiempo libre, Marx describe la historia como el conflicto continuo de clase dominante contra clase dominada. En la Inglaterra o la Alemania de sus días, veía la lucha de clases entre la burguesía que tenía el capital (“los capitalistas”) y el proletariado que se deslomaba trabajando para llegar algún día a formar parte de quienes tenían el capital. Marx deja muy claro desde el principio que el proletariado no debe conformarse con alcanzar el poder, debe eliminar físicamente a los capitalistas. Sólo así se remedia el conflicto de clases y se acaban con todas las clases.

Sobra decir que lo de eliminar a la peña es la nota distintiva del totalitarismo. Su característica fundamental, el núcleo de todo pensamiento cerril y homicida. El núcleo fundamental del comunismo y sus primos.

El odio contra los campesinos y la burguesía no capitalista

En la lista de grupos de personas que Marx odiaba con rabia homicida, un lugar especial lo ocupaban los campesinos, tenderos y artesanos. Los veía como un grupo reaccionario que defendía sus intereses (su existencia) y por tanto, también había que “transformarlos” en el proceso de lucha de clases.

Claro que la movida fue que incluso en los países más industrializados, la clase mayoritaria era el campesinado. Incluso donde aparecieron las revoluciones comunistas, el enemigo no fue una mínima élite capitalista, sino la vasta mayoría de la población. Ésta es otra de las características importantes del marxismo que a veces se nos pasa por alto.

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3 comentarios:

Sr. IA 07 octubre, 2009  

El Marxismo (al igual que el fascismo y los totalitarismos ideológicos) surgen de Hegel (que era liberal). Esencialmente, parte de la convicción de que el hombre está modelado por la cultura y esta por la historia, que a su vez sigue una dialéctica basada en los flujos económicos, y que éstos se traducen en las tensiones por la explotación de los bienes de producción. Es totalmente cierto que como filosofía de la historia es un reduccionismo simplificador y (hoy sabemos) erróneo, pero reconozcamos que la simplificación Hombre=cultura=economía está lejos de ser una chorrada.

buggy 26 febrero, 2010  

A mi las reflexiones sesudas me confunden. Prefiero los ejemplos: imaginemos que una persona es torturada hasta la muerte en una cárcel por haber exigido libertad y democracia para su pueblo. Pongamos que se llama Orlando Zapata. Si entiendes las razones de los asesinos, eres comunista.

Pablo 26 febrero, 2010  

Ciertamente, buggy, es exactamente eso.

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