sábado, 11 de julio de 2009

Sobre Caritas in veritate

No me la he leído de cabo a rabo, lo confieso, pero sí que leo comentarios de gente más lista y menos lista que yo. O más y menos malvada que yo, que ya sabemos que la capacidad de hacer el mal está intrínsecamente relacionada con la estupidez. Lo tonto es malo. El tonto es malvado. Pero no hablo de esto hoy, sino de la última encíclica ("encíclica" suena a nombre de tía abuela mochales: "Voy a merendar a casa de Encíclica") de Benedicto XVI "Caritas in veritate".

Santiago Carrillo a q. D. g. dice que "el Papa copia a Marx" porque "este mundo es injusto y hay que cambiar cosas". Es decir, yo también copio a Marx, y tú, amable lector, también copias a Marx. Todos los que creemos que hay que cambiar cosas del mundo para que haya más justicia copiamos a Marx. Disculpemos al camarada Carrillo por su edad. No hagamos sangre.

Interludio: creo que hay que cambiar cosas del mundo, pero obviamente no me compete a mi. Yo cambiaré las cosas que me afectan personalmente y así debe ser para todos. No creo que nadie sea capaz de mejorar la vida de otra persona mejor que esa misma persona.

Ahora me referiré al listo, Agapito Maestre, que en su artículo de LD "Neopopulismo socialista", comenta las declaraciones del Papa acerca de la limitación de derechos poniendo como ejemplo -muy acertado, creo yo- lo que está sucediendo en España. La cita del Papa que comenta el catedrático de nombre gracioso dice así:

Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y voluptuoso, con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la Humanidad (...). La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropológico y ético en cuya verdad se insertan también los derechos y así dejan de ser arbitrarios.

Llamo la atención sobre "los deberes delimitan los derechos" y "existe un marco antropológico y ético". Estas cosas son fundamentales. Sobre todo para quienes consideramos que el número de derechos "otorgados" o positivos está empujando al rincón al número de deberes de la gente.

No se puede, desde el punto de vista cristiano, no tener en consideración el marco ético cuando se aprueban nuevos derechos, pero es que incluso haciendo el famoso juego filosófico-político de "la isla perdida", si queremos otorgar derechos a los supervivientes de un naufragio, no lo podemos hacer ignorando los deberes del grupo y de cada uno de los náufragos.

Llega un momento -poniéndonos trágicos- que de tantos derechos "nuevos", deja de haber deberes. Con la excepción del instrumento que otorga los derechos. Esto es terrible, pues supondría que el único con obligaciones reales acabaría siendo el que otorga los derechos, es decir, el Estado o su similar. Y volvemos al totalitarismo.

No es baladí esta reflexión sobre todo cuando Pajinete -la mujer de su edad que más cobra en España- comentó en la merendola del "PIB femenino" que la anterior legislatura de Zóter fue "la legislatura de los derechos civiles". Esto lo hace en referencia expresa a homosexuales, divorcio y discriminación positiva para las mujeres. Precisamente temas en los que ni hay unanimidad en el país, ni existe una demanda importante y que se han hecho siguiendo una agenda ideológica, un constructo artificial que no tiene en cuenta el marco ético ni antropológico al que afectan.

Quiero traer más temas de la encíclica, porque en muchos medios se han apresurado a hacer comentarios dolosos sobre ella y me parece muy injusto aún cuando ni yo mismo estoy completamente de acuerdo con la interpretación económica que el Papa hace del mundo.

Dice el obispo de Roma sobre la ayuda al desarrollo:
...los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos. A veces, el destinatario de las ayudas resulta útil para quien lo ayuda y, así, los pobres sirven para mantener costosos organismos burocráticos, que destinan a la propia conservación un porcentaje demasiado elevado de esos recursos que deberían ser destinados al desarrollo. A este respecto, cabría desear que los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esforzaran por una transparencia total, informando a los donantes y a la opinión pública sobre la proporción de los fondos recibidos que se destina a programas de cooperación, sobre el verdadero contenido de dichos programas y, en fin, sobre la distribución de los gastos de la institución misma.

Es decir, auditar las cuentas. Es básico un control contable de las ayudas al desarrollo. Estas ayudas que más que ayudar al Tercer Mundo, ayudan a quien está ayudando.

Después introduce la esperable solidaridad entre naciones desarrolladas y subdesarrolladas, la responsabilidad global, la redistribución energética y otras cosas bienintencionadas que sin embargo no escapan a las consecuencias previstas por las decisiones económicas a lo largo de la historia de las naciones.

Como el Papa es católico (universal) se posiciona a favor de la globalización, entendiéndola lógicamente como un proceso no sólo económico:
La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria.

Este Papa en materia económica cita mucho a Pablo VI (Populorum progressio), y pese a introducir tímidamente mejoras en el discurso económico de la Iglesia, se limita a repetir lo que ésta defiende desde Rerum Novarum, eso sí, con otro lenguaje. También cita Centesimus annus de Juan Pablo II. En general es una encíclica de una actualidad indudable cuya lectura es necesaria.

Espera, que hay más.

No me parece acertado que la Iglesia pierda su norte respecto al hombre en su relación con Dios y los otros hombres. Tampoco me parece acertado que la Iglesia nos dé sorpresas: sabiduría y prudencia no lo aconsejan. Sin embargo, cuando la Iglesia habla de ayudar al que lo necesita, podría comenzar a hacer más hincapié sobre las formas objetivas que la Humanidad ha encontrado para eliminar la pobreza y los procesos de empobrecimiento.

Pese a todo me quedo con una frase que focaliza el centro de gravedad permanente de nuestro contexto ético y antropológico:
Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién es.
Esto es clave.

Más:

7 comentarios:

Sr. IA 11 julio, 2009  

No sé. Es indudable el rigor y la seriedad de la encíclica. Pero al final, me ronda la duda.
¿A dónde quiere ir a parar el Papa?

¿Inequívoco compromiso con los pobres -economícos- y mejora de los mismos a partir de la caridad? ¿Del simple amor al otro?

Plenamente de acuerdo en que, a falta de una lectura profunda (yo también me confieso) la iglesia debe mojarse con políticas objetivas de desarrollo como mecanismos principales de erradicar la progresa.

Yo apuesto por dos. El libre mercado y todo lo que conlleva asociado a la redistribución por la vía de impuestos justos en el marco de una sociedad, transparente y con garantías cívicas plenas. Todos iguales ante la ley.

Pablo 11 julio, 2009  

Exacto. Esa es la parte que le falta asumir a la Iglesia en su discruso.

Pero claro: el método que nosotros defendemos es un método que aboga por el egoísmo. Y el egoísmo es una palabra con muy mala fama que la Iglesia rechaza.

Hace falta pedagogía sobre el egoísmo bien entendido, el que crea oportunidades y riqueza de forma colateral.

Natalia Pastor 12 julio, 2009  

Que la enciclica es una crítica al liberalismo,no hay lugar a dudas, y en eso enlaza con aquella "Populorum progresum" que tanto revuelo alcanzó.
Da la sensación que desde el Vaticano se opta por abrazar las tesis socialdemócratas que ya avanzó entre otros Obama, y ciertamente es un terreno espinoso;reclamar un mayor intervencionismo del Estado,mayor participación estatal en los mecanismos del mercado o abogar y pedir una "autoridad mundial" para controlar las fluctuaciones de la economía".
Coincido contigo Pablo,en que yo no comparto la interpretación económica que el Papa hace del mundo.

Teseo 12 julio, 2009  

¿Carrillo se refiere Carlos o a su hermano Groucho?
Si es por Carlos, se parece a un gato de angora...

Pablo 12 julio, 2009  

Se refiere al que pilló la sífilis en Baviera.

Gaspar Duarte 12 julio, 2009  

La Iglesia, desde los ebionitas a los teólogos de la liberación, lleva rechazando ideológicamente toda su vida el comercio, el interés y el propio mercado.

No obstante, no lo veo contradictorio. Más allá de razones humanitarias (cuestionables en tanto tal, dados sus medios y sus fines), el mercado como orden extenso escapa a la comprensión de aquel que considera todo orden regido en última instancia por una entidad omnipotente y omnisciente a la que llaman Dios.

Son incapaces de asumir un orden sin control, unos resultados sin causa concreta y una interacción no personal. Está en la misma raiz de su doctrina desde la escolástica.

No van a cambiar ahora, por mucho que pudieran no encontrar contradicción con sus planteamientos. Qué le vamos a hacer.

Pablo 13 julio, 2009  

Y paradójicamente todo empezó con la escolástica.

Yo soy optimista y espero que algún día cambie el discurso económico de la Iglesia.

Un saludo!

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