miércoles, 15 de julio de 2009

De aquellos polvos

En 1933 se había reducido un tercio la masa monetaria que había en 1929. Esto ocurrió debido a lo que ya sabemos: falta de confianza y retiradas masivas de depósitos; pero también a algo de lo que no se suele hablar, la reserva federal no inyectó liquidez en el sistema bancario. Literalmente se destruía dinero.

Algunos diréis: si eres liberal por qué defiendes la inyección de liquidez en el sistema. Yo respondo que ésa era la forma en que debe actuar un banco central en este caso. Está para eso. Obviamente yo prefiero que no exista un banco central.

La Reserva Federal acumulaba sus reservas de divisas y de oro y no las trasladaba a la economía real.

Con esto los bancos empiezan a cerrar, las empresas no acceden a créditos y se despide a gente (¿os suena de algo?). Se ralentiza el flujo de dinero.

Los economistas empezaban a pensar que el mercado libre fallaba y era necesaria una nueva política económica. Pero realmente lo que fallaba era el control de la Reserva Federal, que no actuó como debería hacerlo.

Por esa época, un tal John Maynard Keynes ofreció la solución a la depresión dando más importancia al gasto para mantener empleos que a la cantidad de dinero circulante. En principio su teoría sería aplicada a empresas, comercios y particulares "si gastas, inviertes". Pero ¿quién podía disponer de más dinero para gastar? El Gobierno. ¿Por qué? Pues porque se puede endeudar, al menos, en teoría puede hacerlo. El éxito del keynesianismo radica en que viene muy bien a los políticos. Lo que durante la Restauración española (y hoy en día en Galicia) llamábamos caciquismo, los políticos modernos empezaron a llamarlo "política económica seria". Se aumentó el gasto público aumentando la deuda pública. "Miradme, os hago una carretera y no os subo los impuestos, ¡soy un genio!".

FDR disparó el gasto público (la deuda pública) a niveles pantagruélicos. No sólo se ayudaba a las empresas privadas para mantener empleos durante esos años. Es que el gobierno emprendía planes propios entrando en competencia con las empresas de cada sector. Empresas a las que arrinconaba y que el propio gobierno tenía que acudir y salvar.

A eso hay que unir el control de precios, proteccionismo,... el propio Keynes antes de morir acabó criticaando el keynesianismo porque no era aquello lo que él tuvo en mente cuando publicó su teoría.

Hoy en día seguimos sufriendo gobiernos que compiten con la iniciativa privada, aumentan la deuda pública porque quieren mantenerse en el poder y al final, somos los ciudadanos los que pagamos sus ansias de poder.

2 comentarios:

Hapi 16 julio, 2009  

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Gaspar Duarte 17 julio, 2009  

Estoy de acuerdo con tu crítica keynesiana, pero no tanto con el análisis del problema (monetarista puro y duro, en esencia).

Desde una perspectiva austriaca la crisis de 1929 tiene unos orígenes muy parejos a la actual que vivimos (y también a la de Francia en 1720 o la de los Países Bajos alrededor de 1630). La variación de los tipos de interés había sido una política muy común por parte de la FED en las décadas previas, y si se observan los patrones de crecimiento, puede verse claramente la relación entre las fases de crecimiento de aquel entonces y las que hemos pasado ahora. Como todas las burbujas tienen que explotar, la americana precisamente lo hizo en 1929. La recesión sólo puede entenderse como ha de entenderse ahora: como una reestructuración de las inversiones, con la consecuente pérdida de riqueza aparejada al ajuste del valor de los activos. Hay que asumir las pérdidas cuando uno se equivoca, incluso cuando hablamos de pérdidas globales. C'est la vie. La FED no tuvo menos responsabilidad que ahora (eso sí, no por actuar de menos, sino por actuar de más previamente). La política de Hoover y su continuación con el New Deal no hicieron sino alargar una recesión que, no obstante, tuvo más impacto en el imaginario popular que en la economía real. Suerte (ironía) que empezó la guerra, ya que supuso la recuperación de los EEUU a pesar de Roosevelt (se lo tenían que haber comido con patatas).

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