viernes, 5 de junio de 2009

Heraldos de la revolución

Curiosidad: al progreso se va por la derecha

Ejerciendo el gusto tan hispano de estar a la fresca en una terraza tomando unas cañas, aparecen los heraldos de la revolución en forma de jóvenes antiliberales. Con ese vicio tan extendido de demostrar lo listos que somos, uno de esos jóvenes, universitario de pago y estudiante de una de esas carreras donde si en la pública no tienes que hacer nada, en la privada menos aún, saca un tema que para sorpresa de la audiencia no tiene que ver ni con mujeres ni con fútbol.

Viendo el terreno abonado para su discurso emancipador, empieza a dejar caer cosas sobre la crisis. Como siempre salen las mismas tonterías a relucir -evidenciando el discurso único-, yo me mantengo al margen disfrutando de la agradable temperatura que proporciona la puesta de sol del precoz verano.

Pero el tema empieza a ir por derroteros tales que dejan al joven antiliberal -encima también galaico-, hablando prácticamente solo. Cuando deja sus rayban en la mesa, yo pienso para mí: "¿esto va a ir para largo?". Así que por dos motivos decido intervenir. El primer motivo es por tocar los huevos, que es también una sana costumbre patria; el segundo, para impedir que me los toquen a mi.

El aprendiz de Marx comentaba jactancioso:

- Estoy a favor del control de la producción por parte de los trabajadores por dos motivos: es más justo y es más democrático, ya que no nos debemos de limitar a votar cada cuatro años, tenemos que apostar por una democratización efectiva de la sociedad. ¿Qué lugar más básico que el centro de trabajo? -dice como si fuera tan evidente que hasta mencionarlo le produjera hastío y asco.

- Pero imagínate que tenemos una máquina que sólo puede fabricar dos helados de chocolate o dos helados de vainilla. Cuando a mi me gusta el helado de chocolate y a ti el de vainilla. Votar no sirve de nada. Otro ejemplo: dos lobos y una oveja votando sobre qué se va a cenar, a mi no me parece democrático. Estoy en contra de la sacralización de la democracia -sentencio.

-
Democracia es responsabilidad. ¿Y qué mayor responsabilidad que corresponsabilizarse de la dirección de una empresa? -dice, ufano.

- La democracia sin leyes no es responsabilidad.
Contra la sacralización de la democracia debemos tener estado de derecho, imperio de la ley y legitimidad democrática. Esto solo se entiende en la perspectiva de la democracia constitucional que garantiza principios básicos -le espeto.

-
No estoy en contra de las leyes ni del estado de derecho, pero creo que hay que ponerlas al servicio de los sectores populares. Por eso creo que la legislación debe de garantizar el ejercicio de la democracia participativa en todos los ámbitos -dice, generalizando de tal forma que es dificil contestar. Pero contesto.

-
El ejercicio de la democracia está garantizado en todas partes -al juego de las generalizaciones podemos jugar los dos.

-
Pero en el caso de la gestión popular de la producción se tiene que apostar por el desarrollo autocentrado en los pueblos y no por un mero beneficio económico -dice, empezando a meterse en camisas de once varas. Es que qué daño hace la retórica marxista.

- Poner la producción al servicio de los sectores populares ya se consigue en la actualidad, donde no se consigue es en aquellos países que intentan llevar a cabo un modo socialista de producción -bala de plata número uno-. Aparte que desde un punto de vista ético, lo del "desarrollo autocentrado en los pueblos" cae en el momento en que una persona no está de acuerdo conque "algo" se desarrolle "autocentradamente" en su pueblo. La planificación central de un ámbito económico siempre ha fracasado, fíjate recientemente con la crisis económica -por supuesto, el pequeño Ho Chi Mihn arquea las cejas-. El único método que funciona para que los bienes y servicios lleguen a quienes los demandan se llama capitalismo -bala de plata número dos-. Demostrado y contrastado, no como los desarrollos teóricos que siempre que se intentan llevar a la práctica fracasan -bala de plata número tres. Consigo arrancar alguna sonrisa entre la audiencia.

Parece que le he tocado la fibra sensible. Se incorpora, sus ojos centellean de gloria bolchevique.

-
El capitalismo no es capaz de llevar los bienes y servicios a quien los demanda. Solo hay que mirar más allá del estrecho de Gibraltar y lo vemos.

-
Más allá del Estrecho, el capitalismo apenas existe: no hay instituciones, no hay ley, lo que hay es despilfarro de los recursos públicos, impuestos disparatados y sistemas económicos mucho más cercanos a modelos socialistas que al capitalismo. Hay alguna excepción: Botswana y de momento Sudáfrica. Y bueno, luego está el proteccionismo de Europa y América que impide comerciar a África. La pobreza de África se debe fundamentalmente a la falta de capitalismo.

- Pero en los estados capitalistas no se pone la producción al servicio de los sectores populares, si no al de las clases dominantes.

-
No, no. En el capitalismo la producción sí se pone al servicio de los sectores populares porque podemos comprar cocacolas -risas generalizadas- y prácticamente todo lo que queremos y nos es útil. En las economías socialistas los sectores populares (?) no acceden a todo lo que necesitan sino a lo que se les permite acceder.

- Pero la democracia en los sistemas capitalistas no se puede ejercer plenamente ya que no existe un control popular de la producción -y vuelta la burra al trigo.

-
El control de la producción, mejor dicho, la producción, pertenece al ámbito económico y no político. Las partes productivas que están bajo poder político en Europa, han degenerado en planificación centralizada y precisamente son las que nos están dando problemas: por ejemplo, el sector financiero.

La victoria del comunismo mundial asoma a su cara.

- ¡Pero si el sector financiero nos metió en la crisis por no estar regulado! -dice con el placer del que se sabe victorioso.

- El sector financiero sí que está regulado aquí, en Estados Unidos y en todo el mundo. El problema partió de los bancos centrales que se dedicaron a imprimir billetes, extender el crédito no respaldado y mantener los tipos de interés muy bajos. Mientras la gente compraba casas, su poder adquisitivo bajaba por la inflación, y los bancos comenzaron a endeudarse a corto plazo y a invertir a largo. Que se quedaran sin liquidez era tan solo cuestión de tiempo -después del mini-discurso yo estaba convencido de que no había más que hablar.

Pero no:

- ¿Ves? La culpa fue de los bancos que no estaban regulados.

Maldición.

(Dramatización de una conversación real en internet con un maoísta. Hacía tanto tiempo que no oía escuchar del maoísmo que confieso que al principio pensé que se trataba de un baile exótico).

4 comentarios:

No a todo 05 junio, 2009  

Cuando vivía en Italia un día llamó a mi puerta un crío (no llegaba a los 18) para ¿darme? ¿venderme? un pasquín de uno de los partidos comunistas de allí. El pobre empezó la conversación preguntándome si era empresario o trabajador y a partir de ahí empezó una conversación en la que, al pobre, cada vez que abría la boca yo le atizaba hasta en el carnet de identidad. El pobre se fue muy pensativo. Me gusta imaginar que gracias a mi contra-lavado de cerebro ha abandonado esos derroteros.

Pablo 05 junio, 2009  

Supongo que hacen falta varias conversaciones y un par de buenas lecturas para hacer lo que debió hacer un profe de historia en su momento.

Otra historia

Teseo 06 junio, 2009  

Maoismo? Supongo que los chinos tienen a Mao... los alemanes a Marx... los gabachos la revoluvion...los rusos a Lenin... los otros chinos pero menos chinos a Ho-chi-mihn... ¿Y los españoles? A Pablo Iglesias? Al Generalíssimo? Vaya, si también eran galaicos

Pablo 06 junio, 2009  

A Franco, Indalecio Prieto y Negrín.

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