lunes, 1 de junio de 2009

Apuntes de la charla de Monserrat Nebrera en la Pompeu Fabra

Dentro del ciclo de conferencias Liberalisme vs Socialdemocràcia de la UPF, el 14 de mayo fue la diputada catalana a hablar del liberalconservadurismo. Dejo algunos apuntes que aunque sea darle vueltas a lo mismo de siempre, me parece que nunca está de más.


Algunos defendemos una serie de principios de comportamiento y de pensamiento que se engloban en lo que conocemos como conservadurismo. ¿Cuáles son estos principios?

El primero y más importante es que no existe el derecho a forzar la voluntad humana. Somos como somos. Ir contra las leyes naturales nunca puede constituir un derecho. El ser humano es extraordinario en su individualidad y su unicidad.

La uniformidad es la muerte de la libertad. ¿Qué diablos es eso de "progresa adecuadamente"? No se provoca a la gente a mejorar, se tiende a uniformar y a no hacernos mejores que los demás. Te dicen "no te esfuerces, confórmate con no distinguirte de la masa". La falacia de que todos debemos tener las "mismas oportunidades" es la causa de la mediocridad en el sistema. Porque al final no tenemos todos las mismas oportunidades si no tenemos en cuenta que todos somos distintos. Quien tiene más capacidad se va a ver retrasado. La mayoría de nuestros mejores científicos y técnicos acaban saliendo del país. Nuestro mundo cultural huele a naftalina.

La justicia es el derecho a lo propio. Mi propiedad es expresión de mi persona. No hay libertad sin propiedad. No hay libertad sin la capacidad de autodeterminarse que da la autonomía económica. Siempre de acuerdo con el esfuerzo, el incentivo y el talento de cada uno.

El poder político cuanto más descentralizado y por tanto que más resida en el ámbito privado de las personas, es mejor. No estamos de acuerdo con grupos de intereses. Es la persona, la empresa, los sindicatos y asociaciones libres los que deben tener la fuerza. Sociedad civil frente a autoridad pública.

El individuo es estúpido pero la especie es sabia (Burke). La especie acaba superando los mayores retos: guerras, enfermedades, conflictos...

Comunidad frente a sociedad. Cada uno pensamos que otra persona es tan importante como nosotros mismos. Estamos en contra de los fenómenos de masas y el gregarismo. Nuestras acciones individuales cuentan.

Cuando no es necesario que cambiemos algo, es mejor que no lo cambiemos. Lo que funciona no lo toques. Déjate de experimentos de ingeniería social. La prudencia es un valor, no la temeridad.


Segunda parte: conexión liberal-conservadurismo y socialdemocracia.


Influencia de la Iglesia Católica: lo que haga cada cual en su ámbito privado realmente nos la sopla a todos bastante. Vicios privados y públicas virtudes sólo son comprensibles en nuestro contexto católico. Es el modelo que marca nuestra manera de ser a diferencia del modelo anglosajón. La comunidad es fundamental. Ese modelo lo ampara tanto el liberal-conservadurismo como la socialdemocracia.

Las cuestiones políticas son como los dos caballos de Platón: uno va hacia la izquierda, el otro hacia la derecha. Ambos bien conocidos. Actualmente le sumamos otro caballo al que la ideología le importa poco, a ese le llamamos nacionalismo. Ahora este último caballo cobra especial relevancia. En cada momento histórico, la deriva de uno de esos caballos cambia de rumbo del conjunto. El buen gobernante es el que es capaz de redirigir y controlar el rumbo.

Un problema actual que tenemos es que a la gente le da vergüenza decir que es de derechas. Herencia directa de relacionar la dictadura franquista con la derecha política. Un fallo histórico que pasa por alto que todas las dictaduras son realmente de izquierdas pues se sustentan en el control de la persona, en la creación de la masa, más allá de los detalles. Es un error identificar a la derecha con la izquierda que defiende la moral católica (defensores del control). Ya que el problema no es de moral, ese es solo un detalle, sino de control de la persona, de intromisión en el ámbito de lo privado. Es una injusticia histórica que dé vergüenza reivindicarse de derechas. O incluso utilizar eufemismos tipo "socialismo liberal" para no reconocer que se es de derechas.

Sin embargo existe una gente que sí se reivindica de derechas. Lo triste es que no lo son (en el peor de los casos son "de Franco", cuando no directamente socialdemócratas). Se equipara derecha y Franco, la derecha queda huérfana y los socialistas (social-liberales) actúan como la derecha. Todo esto resulta en un cóctel, una purrela bastante lamentable. Sólo se salva el elixir del liberalismo.

El liberalismo tiene una esencia -el conservadurismo-, que es como un elixir. Este elixir es la única fórmula que nos proporciona la libertad. En las guerras, en las injusticias, en los menosprecios, se activa el elixir de la libertad. Es lo que distingue al ser humano del resto.

Las negritas son mías, porque uno cuando habla no habla con negritas. Me refiero al tipo de letra, malpensados. :)

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3 comentarios:

Sr. IA 01 junio, 2009  

Muy inteligentes palabras y un soberbio análisis de las pretensiones de "esta" (no "la") izquierda: uniformar a la masa para fraguar una masa política clientelar que les mantenga en el poder.

Con todo, me cuesta asociar conservadurismo a liberalismo. El segundo tiene unas connotaciones economicistas que me cuesta compartir.

Pablo 01 junio, 2009  

Sï, sin duda, entiendo que no son directamente homologables.

Por eso hablamos de "liberal-conservadurismo", porque al fin y al cabo también desde un punto de vista conservador se tiende a hacer preponderante al individuo y tener una política de impuestos y de intervención en la economía muy comedida en comparación con los socialdemócratas.

Viéndolo desde la perspectiva liberal, hay puntos de conexión con el conservadurismo en tanto se tiene una visión de la ley natural superior a la ley positiva.

Personalmente, como veo muchos puntos en común frente a lo que no es conservador ni liberal, yo prefiero casi que unirlos, aunque sé que no son lo mismo.

No a todo 02 junio, 2009  

He visto el vídeo entero y estoy pasmado. Yo creía que la Nebrera era un cacho-carne.

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