viernes, 8 de mayo de 2009

Ordet (1955)

Una de las más afamadas obras de temática religiosa es la inmortal Ordet (La Palabra) de Carl Dreyer. Y cuando digo religiosa me refiero a aquello que liga al hombre con lo absoluto: en su relación con otros hombres, consigo mismo, con la naturaleza y con el propio Dios.

La trama argumental tiene una relevancia menor respecto a las conclusiones que se pueden sacar de todo lo que ocurre en la película. Menor, pero no sin importancia. La familia Borgen y la familia Petersen viven enfrentadas -educadamente enfrentadas- por la interpretación de las Sagradas Escrituras y la forma de expresarse la Fe. Es fácil de entender estas diferencias para los católicos aunque sean aquéllas iglesias luteranas. Los Borgen creen que se puede alabar al Señor cantando -por ejemplo- y los Petersen consideran más apropiada la introspección y el rigor de las formas.

A lo largo de la película se nos presentan diferentes personajes que viven su relación con la Fe de forma muy distinta: el descreído, el piadoso, el estricto, el iluminado, el inocente,... Se trata la problemática del enfrentamiento teológico mientras somos testigos omniscientes, dejando que saquemos nuestras propias conclusiones. Afortunadamente las conclusiones que podemos sacar al principio de la película, serán distintas a las del final.

El final de la cinta, sitúa a todos los personajes ante un hecho que los supera y por tanto iguala. Se ve un abrazo que debe significar el encuentro entre naturaleza y milagro, entre mundo y cielo, entre Hombre y Dios.

Toda la historia se presenta de forma sobria, adusta, sin concesiones. Atmósferas cerradas para un film que menos mal que lo hicieron en blanco y negro. O en grises.

Ah, a Johannes -el iluminado- me gustaría verlo en todas las películas.

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