jueves, 7 de mayo de 2009

Autodefinirse, síntoma de decadencia

Cuando alguien trata de definirse o de describirse a sí mismo, más allá de las categorías medibles, físicas y objetivas a la luz de la física clásica (o de la medicina, ciencias naturales, etc), está cometiendo un craso error.

Uno no se define, es definido. Son otros los que describen al sujeto de descripción. (¿No os suena aquello de "la palabra a definir no puede formar parte de la definición"?).

Las categorías "plausibles" o probables, es decir, aquellas en las que uno participa en grados, son precisamente aquellas a las que recurre el personal que pretende autodefinirse. Esto lo vemos todos los días. Por poner un ejemplo muy conocido, el de Zápater cuando dice "Yo soy rojo". Se autodefine calificándose con una etiqueta. Normalmente, la mayoría de la población se autodefine calificándose con más de una etiqueta: madridista, vegetariano, cinéfilo, español, alegre, holgazán, extrovertido, etc. Para el caso es lo mismo.

La autodefinición mediante etiquetas es un error. Un error que adquiere dimensiones de catástrofe cuando esas etiquetas son metafísicas. En el zapateril ejemplo, deberíamos preguntarnos qué significa "ser rojo". Carecemos de una respuesta a la pregunta o tenemos diversas respuestas (para el caso es lo mismo), por tanto es algo metafísico.

Cada vez observamos con mayor profusión, cómo la gente se autocalifica. Podemos interrogarnos sobre por qué lo hacen. De entre las hipótesis que podemos soslayar, mi preferida es la que invoca a la seguridad que proporciona el redil en el que se encuentra el rebaño de lo común (común o coincidente).

Esto tiene una amarga consecuencia: un redil conlleva vallas. Levantamos vallas entre nosotros al aplicarnos etiquetas metafísicas. Es decir: la causa de la valla no existe en el plano real, pero la valla sí es muy real.

Esta es una de las causas por las que creo que la mayoría de la gente es un tanto lerda.

Otro conjunto de etiquetas no las puedo calificar de metafóricas. Por ejemplo, cuando alguien dice: "soy español". Si esa persona tiene nacionalidad española, hablamos de algo del plano real y físico, como "tengo cinco dedos en la mano". Ahí no hay lugar para la duda, tus padres o circunstancias x te han definido como español, junto con el ministerio del Interior, y tienes cinco dedos en la mano, por una información que viene en tu código genético heredada desde hace muchos años. Vuelves a ser definido. ¡Pero tú no te defines!

Tema aparte es cuando alguien dice "soy español" y trata de aumentar el significado del término. Por ejemplo, en la frase: "creo que Gibraltar debe volver a ser parte de España, porque soy español". En esta frase, a "español" se le otorga un sentido metafísico e irreal. La prueba inmediata de ello es que no todos los españoles quieren que Gibraltar sea española. Otra prueba de ello -la prueba que llamo "fuerte" y otros "condición suficiente"- es que ser español es algo puramente circunstancial y aleatorio. Si has nacido aquí no has elegido ser español. Sin embargo, el extranjero que adquiere la nacionalidad tiene un motivo más fuerte para ser considerado español. Él conscientemente ha elegido ser español.

Pero el tema de "ser" de forma circunstancial o por elección, lo dejo para después de leer a Parménides y sus críticos.

Por último y al hilo de esta última frase: si la gente leyera más textos clásicos, se daría cuenta de que ya todo está inventado. A todo se le ha dado muchas vueltas y en el páramo de ideas en el que nos ha tocado vivir -nuevamente no elegimos cuándo vivir-, se ignora la presencia de los clásicos*. Esto me parece dramático y se llega de dos formas:

  • No queriendo averiguar nada, ni debatiendo las cuestiones fundamentales del hombre, Dios y la naturaleza. Ya sea mediante negación, ignorancia casual o debido a circunstancias inmediatas más apremiantes.
  • La minoría que sí debate se cierra sobre sí misma, pierde el contacto con la calle y vive de espaldas al mundo. No dejando de analizar el mundo, pero no aportando su visión de las cosas. Y todo ello aderezado de un lenguaje incomprensible para quien se centra en la inmediatez y el corto plazo.
Otra causa por la que considero lerda a la gente es que vive en un mundo de opiniones, pero no de argumentos. Es tristísimo.

*No sólo me refiero a la época clásica, sino a quienes son merecedores de seguimiento y estudio. Es decir, autores y obras de todas las épocas.

3 comentarios:

bate 07 mayo, 2009  

Y tanto que ya está todo inventado Don Pablo. Iré al grano y daré mi opinión, jejeej, es que tengo poco tiempo y no puedo argumentar, ay..el tiempo. Ser Rojo es ser un sinverguenza, por acción o por omisión. Y eto me lleva a decir y afirmar que nunca España ha caido más bajo que teniendo un presidente rojo/sinverguenza. Y lo dice un español que no tiene más cojones que serlo.
Mi enhorabuena por la entrada de hoy.

Sr. IA 07 mayo, 2009  

¿Todo inventado? Vive Dios que no...
En cuanto a definirse, de algún modo hay que empezar, pienso yo. Y más fiable me parece la opinión propia que la ajena aunqe la propia termine en "soy un pobre pecador", verdad esta incuestionable.
Otra cosa es Zapatero, afirmando que el es rojo... Ni sabe lo que es, el pobre hombre... El es gris, un producto puro de la época.

Pablo 07 mayo, 2009  

Si es que opinar se puede opinar todo lo que se quiera. Pero cuando tratamos de dar significado a las cosas, debemos argumentar, exponer conocimientos. Ese es el quid de la cuestión.

Sobre si todo está inventado o no... en mi opinión sí, porque no se dan los pasos para crear nuevos pensamientos.

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