miércoles, 27 de mayo de 2009

Algo tan importante no puede caer en sus manos

Ceremonia nazi de imposición de nombre (Linz, 1941)

Es muy peligroso jugar con según qué cosas. Cuando un gobierno -el que sea- se lo tiene muy creído porque no encuentra a nadie que le pare los pies, es cuando la libertad corre peligro. En los últimos tiempos asistimos impávidos a una doctrina anticlerical (y antifamiliar, antiindividual, antiplural) que responde a dos objetivos:

  • Por una parte, imponer un ciclo de noticias que centre la atención en lo que le interesa a la autoridad. Esto todos los gobiernos lo hacen con mayor o menor fortuna, pero en el caso español, el gobierno lo hace de forma muy zafia.
  • Por otra parte, aumentar el espacio doctrinal. Ir pisando poco a poco espacios de libertad que pertenecen a la sociedad civil. En este punto, advierto terrible que el Estado se lo tenga creído y concluya que la única verdad es la suya.

El problema del político español -se puede extender el razonamiento a casi cualquier gobierno y época-, es que tiene una muy mediocre formación, que en el caso de tener alguna relación con el ámbito de lo intelectual, la tiene bajo un ambiente opresivo y cerrado, que no deja de recibir repetitivamente los mismos mensajes como ecos de su propia voz. Resulta muy sencillo que se crea su propio cuento. Es tristísimo, pero creo que es así.

El problema es inmensamente mayor cuando su ideología tiene un origen autoritario. Cuando la única forma que sabe de hacer política es haciendo que el Estado asuma más poderes, agrandándolo, sin tener en cuenta que cuanto más grande es el Estado, más diminuta se vuelve la sociedad civil. Ningún país sobrevive sin graves conflictos al aplastamiento de su sociedad civil. No me gustaría ponerme trágico -en el sentido griego-, pero mucho me temo que este aplastamiento tiene mucho de suicidio.

La parte más importante de las libertades civiles es la relacionada con la libertad religiosa porque es la más íntima, el último reducto de libertad individual (obvia decir que la libertad religiosa también es la libertad de no profesar religión alguna).

Uno de los éxitos de nuestra Constitución es la aconfesionalidad del Estado. Esto quiere decir que el Estado no es laico, es decir, que no puede legalmente imponer una religión de Estado, ni siquiera una religión atea. El Estado simplemente no puede tener religión oficial. Existe un consenso mayoritario sobre esta cuestión que está girando hacia el laicismo de una forma muy chabacana y posmoderna: mediante sonrisitas y eslóganes para gilipuertas. Vemos ejemplos demasiado a menudo de los intentos de esta banda de bárbaros: una crítica inhumana a la religión (en este caso a la católica), aunque ello suponga apoyar de facto otra religión (islam), el intento de vaciar de contenido a la religión y finalmente el intento de sustituir a la religión para imponer la religión de Estado (en este caso el ateísmo).

Es muy importante que los católicos tomemos partido en esta dialéctica y que avisemos a quien no es católico de que si ahora nos machacan a nosotros, pronto encontrarán excusas para ir a por ellos. La única medicina que funciona contra las ansias totalitarias es una sociedad civil fuerte frente a la autoridad pública.

Esto no es nuevo, esto lo hemos vivido a lo largo de la historia innumerables veces. Es una constante histórica que lo primero que hace cualquier movimiento totalitario es cargarse la religión: lo hicieron los revolucionarios franceses, los bolcheviques, los nacionalsocialistas, los chinos, los jemeres,... El Estado totalizador que cree en un designio histórico autoformulado elimina a la competencia y la competencia más fuerte que tiene el Estado es la Iglesia o la Fe de los creyentes. Cuando la sociedad civil se ha rendido, lo último que queda es la religión. Es muy importante que gente no implicada en la religión sepa ver esto.

Incluso relativizan -porque son básicamente analfabetos funcionales- y ponen a todas las religiones en pie de igualdad. Oiga, que no todas las religiones son iguales, ¡que eso es una burrada! Las que ponen al individuo por encima del colectivo (las religiones judeocristianas) no tienen nada que ver con las que definen al hombre como hombre-masa. Las religiones que han convivido y han ayudado a conformar los estados democráticos donde se reconocen como derechos civiles una serie de derechos naturales, no tienen nada que ver con las religiones que tienen vocación de poder político. No son iguales.

Y no estoy pintando un panorama exagerado. Es que ya han empezado a cargarse la religión, ya empiezan de un tiempo a esta parte a coquetear con ideas alienígenas para el común de los mortales pero muy claras para ellos.

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4 comentarios:

Sr. IA 27 mayo, 2009  

Muy oportunas palabras. Vuestra sociedad es de día en día más compleja, más proclive a la regularización. Eso debería dar más valor a aquellos espacios que son puramente yoicos, la religión, la cultura, la amistad, la familia, la moralidad... En su lugar, el poder arremete contra esos resquicios... Hay que regularlos para que el Gran Hermano disponga de una masa cumplidora, fácil de guiar, manipulable...

No a todo 27 mayo, 2009  

Diría nuestra amiga Maggie: "every regulation represents a
restriction of liberty; every regulation has a cost".

Abraxas 31 mayo, 2009  

En primer lugar, no existe la religión atea, eso es absurdo.

En segundo lugar, un estado aconfesional moderno debe ser neutro en el tema religioso. es decir, ninguna confesión se debe ver favorecida desde el Estado: nada de Concordatos, nada de casillas específicas en la Declaración de la Renta, nada de pagar adoctrinadores de una religión con dinero público, nada de Religión en las escuelas públicas, etc etc etc

y esto no es "regularizar" más, si no regularizar menos y dejar de buscar excepciones a la constitución: "nadie será discriminado por sus creencias religiosas" mediante trapisondas como el "notorio arraigo"

Pablo 31 mayo, 2009  

Por religión atea entiendo la explícita prohibición de las manifestaciones religiosas en la vida pública.

Vamos, que si eres funcionario no puedes ponerte una camiseta con la frase "Jesús te salva".

Creo que la trapisonda del notorio arraigo es fundamental. No se puede pasar a vivir de la noche a la mañana sin una parte fundamental de nuestra historia y de nuestras costumbres.

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