martes, 10 de marzo de 2009

Origen y fin de la guerra fría: La pax hispánica


Enrique VIII sostiene a su hijo, el futuro Juan V

El 3 de junio de 2005, el Felicísimo Señor Conde de Zúñiga y Altoláiz, duque de Kerry y elector de Connaught, fue el anfitrión de los festejos en Hibernia para conmemorar el primer cumpleaños del Príncipe de Asturias, el primogénito de Su Católica Majestad Don Enrique VIII. Con la asistencia del Monarca, la fiesta tenía que ser tan sonada, que se recordara en los anales de la mencionada provincia durante décadas.

Y sonada fue, desde luego. El magnicidio perpetrado por el proudhonista José Santurce Connelly puso fin a la vida del joven rey y por poco logra acabar con la del príncipe. Ciertos historiadores especulan con la posibilidad de que Santurce tuviera a algún infiltrado bien en la Guardia Real, bien en el castillo ducal. Lo que está claro era que no había sopesado las consecuencias de su decisión. No sólo fue abatido en el acto por el certero disparo de un coracero, no sólo fue ahorcada su familia conocida y arrasada su casa (una pequeña granja a las afueras de Santander), sino que se precipitaron acontecimientos políticos difíciles de preveer en la aciaga noche de aquel 3 de junio.

Tras recobrarse los asistentes del atentado, el programa de festejos continuó con la actuación de Chloe Agnew cantando el Panis Angelicus de Santo Tomás:



Obviamente, la señal de holovisión y el streaming por el Interenlace tenían el acostumbrado retardo de cinco minutos: el mundo todavía no sabía que en aquel momento, el rey de España estaba muerto. Inmediatamente, antes de que acabara la canción de la cantante hibérnica, el Consejo de Estado fue debidamente informado en Madrid. El procedimiento a seguir estuvo claro desde el primer momento: el príncipe fue devuelto a España en un Albatros K-21, se elegiría a un miembro del Consejo para asumir la regencia y se comenzaría a pensar en una respuesta que dejara alto el honor de la Corona y de la Nación, más allá de la ejecución del magnicida y su familia.

El elegido fue Don Alfredo Fernández de Castro, vigesimo segundo Conde de Lemos. Don Alfredo nunca se había destacado por tomar posiciones partidistas, esa fue la primera razón de su elección, la segunda era que al poseer la tercera mayor fortuna de Portugal, no estaba ocupado con sus negocios privados y podía dedicarse a la labor a tiempo completo. ¿Quién podía predecir el cambio de rumbo de la política española con Don Alfredo al frente? El día 4 juró ante la Biblia su cargo y dio un discurso a la nación: primero elogió la figura del fenecido monarca y aseguró la continuidad dinástica, pero luego condenó la acción del proudhonismo internacional, elevando poco a poco el tono. Relacionó la hostil política de los estados proudhonistas con un contubernio para acabar con el modo de vida occidental, acusó directamente a la Convención de París y a sus aliados de estar detrás del atentado y las reacciones en todas las Españas no tardaron en revelarse.

Manifestaciones espontáneas, asaltos a oficinas consulares francesas, holandesas, danesas y occidento-germanas, las redes del Interenlace colapsadas, agresiones a transportistas en la frontera, boicot generalizado en todas las posesiones españolas a productos de países proudhonistas,... Las autoridades españolas hacían la vista gorda ante estos hechos, esperando quizá, que con el tiempo la cosa se calmara sola. Pero entonces alguien cometió un grave error.

Unos jóvenes que corrían a palos a un vendedor francés de libros prohibidos por el puente internacional que une Hondarribia con Hendaya, cruzaron inadvertidamente la línea blanca de separación. Los gendarmes del otro lado de la frontera, simplemente siguiendo el protocolo habitual, abrieron fuego y mataron a los chavales. Este causus belli hizo caer un telón de acero sobre Europa. El bloque proudhonista quedó aislado del mundo para pesar de los millones de inocentes que simplemente nacieron en el lugar equivocado. Una serie de conflictos regionales por todo el mundo marcarían la política internacional de los siguientes veinte años. La catolicísima España y sus aliados firmaron un acuerdo de protección mutua y los proudhonistas con Francia a la cabeza los imitaron poco después.

Moneda de dos doblones de a ocho acuñada por la República Federal Alemana en 2008

El 13 de octubre de 2024, el canciller de Alemania Occidental presenta su dimisión ante los Estados Generales reunidos en Bonn debido a la presión de un desesperado y hambriento pueblo. El gobierno de transición elegido decide aprobar la libertad de culto y comenzar a hacer reformas antiproudhonistas. Bohemia, Zelanda, Silesia y diversos estados franceses le seguirán en el siguiente año. El bloque se descompone, implosiona desde dentro. La causa de la cruz triunfa así sobre el antiteísmo y el relativismo.

Cuando el nuevo gobierno francés y el español firman un tratado de amistad el 24 de julio de 2026, la guerra fría se da por finalizada y las catedrales de Europa harían repicar sus campanas. ¿Qué mejor forma de celebrar la pax hispánica?

Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis coelicus
figuris terminum:
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, servus, et humilis.
Te trina Deitas
unaque poscimus:
Sic nos tu visita,
sicut te colimus;
Per tuas semitas
duc nos quo tendimus,
Ad lucem quam inhabitas.
Amen.

4 comentarios:

Teseo 10 marzo, 2009  

Un poco largo, pero esta bien.
Yo sustituiria Holanda por Flandes, sino es como tomar la parte por el todo. Apoyo sin paliativos la politica expansionista holandesa en el siglo XXI (21)
¿Pa cuando la historia de la Ciencia Ficcion 5?
¿No ibas a escribir en ingles, la lengua materna de Camilo Jose Cela?

Pablo 11 marzo, 2009  

Todo llegará.

Gaspar Duarte 11 marzo, 2009  

Muy grande esto de las ucronías, ha sido un género que siempre me ha atraído.

A ver si me entra el gusanillo y me empiezo a picar contigo en estos temas :D

Pablo 11 marzo, 2009  

Mola: que haya pique!

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