sábado, 29 de noviembre de 2008

La derecha española


Gustavo Bueno vuelve a dar en el clavo con la reciente publicación de su último ensayo "El mito de la derecha". En El Catoblepas nº80 se pueden leer los últimos párrafos del libro y se pueden sacar algunas conclusiones, cuanto menos, curiosas.

En el texto disponible, escrito a modo de epílogo, se presentan varias ideas. La central y sobre la que trata el libro en parte, sobre la definición de derecha en España y su aplicación real más allá del márketing.

Por ejemplo, un criterio para definir "la derecha" -apunta el profesor- sería definir a los partidos en función de su distancia del Antiguo Régimen:

(...) si nos atenemos al marcador o seña de identidad objetiva más evidente que nos permitiría reconocer las huellas del Antiguo Régimen en la España política actual, a saber, la monarquía dinástica establecida en el título II («De la Corona») de la Constitución de 1978, entonces habría que decir que todos los partidos constitucionales (el PP y UPN, pero también el PSOE e IU) son de derechas. Porque todos son monárquicos, y por tanto, con ello, manifiestan la impronta formal que el Antiguo Régimen ha dejado en ellos.



Graciosamente, en un párrafo, el profesor Bueno despoja a Anguita y a IU de aquella teoría de las dos orillas. Contiúa tratando de hacer una definición razonada de por qué una opción política puede o no ser calificada "de derecha":
No puede decirse hoy que el PSOE sea de izquierdas, puesto que su política es prácticamente la misma que la del PP. Y, por este motivo, tampoco puede decirse que el PP sea de derechas. Incluso, ateniéndonos a ciertos marcadores, el PSOE está más a la derecha en muchos puntos que el PP. Las diferencias que suelen alegarse por los ideólogos del PSOE en el Gobierno son fatuas: la preocupación por la seguridad social, por las pensiones de jubilación, por la igualdad… es común tanto al PSOE como al PP, o a cualquier partido que sabe que los electores de la tercera edad forman en España un colectivo de casi ocho millones de votos, de los cuales dos millones tienen más de ochenta años.

Incluso se alude a la posible diferenciación entre "izquierda" y "derecha", en función de lo que se ha venido en llamar memoria histórica (en mi opinión un error: Rajoy es de familia republicana y Zapatero de la de un represor del golpe de Asturias del 34).

Pero a pesar de la práctica homologación entre PP y PSOE, eso no quiere decir que la sopa ideológica -como he aludido más de una vez- sea tan espesa que torne en indistinguible. Existen varios problemas políticos que perviven en España y a los que como país debemos enfrentarnos:
  • El aumento de la renta en todas las capas sociales ha sido desigual.
  • El Estado de las Autonomías.
El primer problema a mi no me parece un problema, pero el segundo tiene más enjundia. Con la problemática descentralizadora del Estado en pequeños reinos de Taifas ha llegado una especie de daño colateral: todo lo que tiene que ver con reclamaciones soberanistas e independentistas. Un problema nuevo en la historia de España y que vive un punto álgido en estos años mediocres.



Retomo las citas de Bueno:
(...) una carrera hacia la autodefinición de las comunidades autónomas como Naciones (Cataluña, Andalucía, Valencia…), no sólo tolerada sino alentada por el Gobierno socialdemócrata, que ha dejado abiertos en España una serie de problemas muy graves que no pueden considerarse propiamente como problemas de política democrática parlamentaria entre partidos políticos legales. Son problemas políticos constituyentes (...) cuya condición política es similar a la que pudiera corresponder a un conflicto bélico entre Estados, o entre facciones sediciosas que tratan de despedazar el territorio basal sobre el que se asienta necesariamente el Estado.

El camino a la independencia no es una cuestión democrática, tampoco parlamentaria. Apunta a la existencia y a la esencia de la propia nación, del propio estado político, como quieras llamarle, de España. Si no es un problema parlamentario ni democrático, su solución no pasa ni por la demoacracia ni por ningún parlamento.
Cuando los cuarenta ladrones, en virtud de su voluntad unánime, expresada a mano alzada en una reunión, se autodeterminan para apoderarse de una gran cueva o de varias, están proyectando una acción que nada tiene que ver con la democracia, aunque su decisión haya surgido de una reunión o asamblea que se haya ajustado a la forma de una democracia procedimental. Contra las decisiones de autodeterminación de los cuarenta ladrones sólo cabe una respuesta por parte del propietario, la que tiende a recuperar por la violencia (sea a través de los tribunales, sea directamente cuando los tribunales no son internacionales) los bienes que le han sido arrebatados o pretenden serle arrebatados.

Es decir, las decisiones democráticas han de tomarse en el conjunto del estado político (de España) y es equivocado pretender que no ya una comunidad autónoma, sino una parte minoritaria de ésta tiene la legitimidad para arrebatar lo que no es suyo, por mucha votación que se realice. La democracia es un método, no una excusa.
Ahora bien, si las ideas de derecha e izquierda, en el sentido de la política democrática, sólo pueden aplicarse a los ámbitos constituidos por cada Estado, ¿cómo alguien, aunque sea jurista, politólogo o político de profesión, si está en su sano juicio, puede considerar a las facciones secesionistas de un Estado como partidos políticos, y más aún, cómo puede calificarlos de izquierdas o de derechas?

Excelente pregunta.


Los problemas políticos que España tiene planteados, a raíz sobre todo del reconocimiento como partidos políticos de las facciones autonómicas separatistas, no son problemas de política parlamentaria entre la derecha y la izquierda; son problemas políticos que afectan a la existencia misma del Estado, y ante los cuales es totalmente disparatado intentar aplicar medidas democráticas.

Totalmente de acuerdo.

PD: Apuntado queda para la carta de los Reyes Magos.

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