martes, 12 de febrero de 2008

Iremos a Marte


En el siglo pasado hemos dividido el átomo, hemos troceado el gen y hemos paseado por el Mar de la Tranquilidad. Se nos plantea ahora un reto a la altura de nuestra capacidad de sorprendernos y de nuestra motivación fundamental: el ser humano es por naturaleza curioso. Nuestra historia es la historia de nuestros descubrimientos y nuestros avances, en las ciencias, en las artes y en las relaciones humanas.

Sarko lanza un órdago y por primera vez el jefe de Estado de una potencia espacial nos conmina a unir nuestras capacidades en todo el mundo para provocar una singularidad tecnológica. Esta singularidad nos llevará a otro planeta. Se puede retrasar la decisión, pero la decisión fue tomada mucho tiempo atrás. Cuando nuestros antepasados salieron de las cavernas y vieron luz al otro lado del valle, avanzaron. Después, vieron un gran mar, y siguieron avanzando. Posteriormente miraron hacia el cielo y nuevamente avanzaron.

Hoy miramos hacia las estrellas y no podemos negarnos a nosotros mismos que estamos hechos para seguir yendo más allá. Más lejos, Donde ningún hombre ha llegado antes. Cruzamos fronteras y Marte es nuestra siguiente frontera.

Sarko pide al mundo llegar juntos a Marte, y yo estoy con él. Se pueden argüir cientos de razones para emprender el viaje: extender la vida y la creación por las estrellas, asegurar la supervivencia de la raza humana, aumentar el PIB de la Humanidad, desarrollar nuevas tecnologías que hagan de la Tierra un lugar más habitable, aumentar nuestro conocimiento sobre las cosas y asegurarnos el acceso a fuentes inagotables de combustibles y agua.

Y sólo una razón en contra: "hay cosas más urgentes en las que invertir todo ese dinero". Naturalmente que esta razón en contra la defiende quien no sabe nada de nada. Un simple vistazo a los gastos actuales de las potencias espaciales en los programas espaciales, nos muestra que en ningún caso la exploración del espacio supera el 3% de los presupuestos nacionales (en el óptimo de los casos). Lo que podemos sacar en contrapartida supera con mucho cualquier estimación apresurada que se pueda hacer aquí y ahora. Por no decir que lo "urgente" y lo "importante" no tienen porque pisarse.

¿Consideran más importante eliminar el hambre del mundo? Oh, puede ser. ¿Tenemos entonces que seguir tirando nuestro dinero en los bolsillos de los sátrapas africanos? Creo que no.

Y tampoco quiero mencionar aquí que existen vías distintas para la colonización de Marte: podemos comenzar por derogar todo tratado internacional que impida a las empresas lanzarse a la exploración. E incluso eliminar las cortapisas que impiden el desarrollo de nuevas formas de transporte, como el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares en el Espacio de 1963. Ron Paul nos puede decir un par de cosas al respecto. La voluntad política que muestra Sarkozy es desde luego fundamental para emprender este salto tecnológico. Este salto... evolutivo, ¿por qué no? Soy de los que piensan que el aumento de la frecuencia de las singularidades tecnológicas corresponden o tienen su causa última en nuestra propia evolución como especie. No podemos comprobarlo, ya que sólo conocemos una especie tecnológica, pero al menos esa es mi teoría.

Gueorgui Grechko, cosmonauta ruso, piensa que en cinco años estaríamos listos enviar una primera misión a Marte. Todos conocemos muchas estimaciones sobre la primera posible fecha de tal viaje. Tenemos que darnos cuenta de que el viaje empieza en la Tierra. Tomando decisiones y actuando con voluntad política. Si se consigue crear una fuerte opinión pública a favor, los políticos, ávidos de votos y de salir en las fotos, no tendrán más remedio que poner cartas en el asunto. Y si buscan precios módicos, no tendrán más remedio que contar con el apoyo de las multinacionales.

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