sábado, 9 de febrero de 2008

"Es todo política"


La concentración de la Mesa por la Libertad Lingüística, previa autorización, reunió a 100 personas. Lo que para una ciudad como La Coruña, en la que no nos constan los problemas lingüísticos que sí se suceden en otras ciudades de Galicia, no es un mal comienzo. Pero cómo no, cada vez que una voz se alza frente al pensamiento único, allá van los agentes de esa autoridad paralela nacionalsocialista que actúa al margen del gobierno gallego, pero con su disciplente sonrisa y apoyo.

Los cachorros nacionalsocialistas hoy en día no llevan botas negras, ni una calavera en las gorras. Llevan pañuleos palestinos, parcas, pendientes y barba de tres días. Nos cuenta La Voz:


Una manifestación promovida por la Mesa por la Libertad Lingüística de A Coruña contra la imposición lingüística del gallego obtuvo la respuesta de unos 200 jóvenes vinculados a movimientos nacionalistas e independentistas, convocados de manera no formal. Debido a ello, hasta una veintena de agentes de la Policía Nacional acudieron al lugar de celebración, el Obelisco, que llegaron a cargar contra los contramanifestantes, aunque sin llegar a disolverlos.

La protesta de la mencionada mesa reunió a unas 150 personas que entonaron consignas como «Viva España» o «!Libertad, libertad!». Por su parte, los defensores del gallego gritaban «A cultura é a nosa alma» o «Na Galiza en galego», y se acompañaron de varias pandereteiras y bailarines de muiñeiras.
"Defensores del gallego", el que escribió el artículo es un tarado. La Mesa por la Libertad Lingüística también defiende el gallego. Pero es tan fácil y automático poner etiquetas, para que los cerebrines de los psicópatas se sientan a gusto, me imagino. Luego, la consigna "En Galicia, en gallego", es nazi. Que digan lo que quieran, pero corear eso es muy nazi. Y los nazis apestan. Por cierto, lo escribieron ¡en portugués! BISBA! :-D

«Suponíamos que podía pasar esto», confesaba Concha Pedrido, una de las portavoces de la mesa propulsora de la concentración. Según ella, con el acto pretendían «que se vea que en Galicia hay gallegos que hablan gallego y castellano. Estamos en contra de la normalización, porque nosotros ya somos normales. Nadie nos tiene que normalizar». Respecto a la respuesta con la que se toparon, comentó que le inspiraba «pena y ternura el ver a chavalitos jóvenes que quieren ofender y atacar a gente pacífica como nosotros

Por su parte, Diego Bernal, que encabezaba la pancarta de los contramanifestantes detallaba sus motivos: «Hai unhas persoas que están aquí reunidas para que os mínimos dereitos que temos os galegofalantes sexan derogados, pretenden que na Galiza non teñamos escolla nin posibilidade de falar na nosa lingua». Bernal criticó también el hecho de que los agentes de la policía cargasen únicamente contra ellos.
Si el cabarellete este hubiera dedicado 30 segundos a informarse un poco, sabría que su afirmación es falsa. Y capciosa. La Mesa defiende la elección del idioma. Y defiende que se pueda hablar en gallego. Los que defienden que no se pueda hablar en castellano son los amiguitos tarados del descerebrado ese. Y perdón por emplear esas palabras pero contra el fascismo o el comunismo o lo que carallo defiendan esos personajes, ¡ni un paso atrás!

Los integrantes de la mesa anunciaron que pondrán una denuncia contra la Policía Nacional por no haber disuelto a sus adversarios.


Lo de la Policía Nacional es casi lo mejorcito. Pero quiénes mejor que los propios organizadores para contarlo:

Cuando ayer iniciábamos los preparativos para la concentración convocada bajo el lema "Por la libertad lingüística. No a la imposición" fuimos recibidos por un grupo de individuos muy jóvenes, aunque parece que bajo la dirección de otro de mediana edad y poco pelo, que nos interpelaron y empezaron a insultarnos. Al parecer hemos invadido su tierra sagrada y la profanamos, no con las plantas de nuestros pies, sino con nuestra lengua. Aquellos chicos no tenían callos en las manos. Tienen un concepto de tierra y un vínculo con ella verdaderamente espiritual.

En la comunicación preceptiva a la Subdelegación del gobierno no habíamos hecho indicación sobre medidas de protección del derecho de reunión que íbamos a ejercer porque no podíamos imaginar que íbamos a merecer tanta atención de los enemigos de la libertad -y esto sí que no es una metáfora-

Sin embargo, la policía debía saber más que nosotros, pues ya media hora antes había una discreta vigilancia. Es amargo e inevitable recordar ahora que comentamos la seguridad que nos inspiró entonces aquella presencia, que no habíamos creído necesaria.

Mientras desplegábamos nuestros pobres preparativos -una megafonía ronca, inútil, y una pancarta con el lema anunciado- la presión de los jóvenes batasunos fue adquiriendo el aspecto que definitivamente iba a tener: una contramanifestación organizada, con el propósito y los medios para impedirnos el ejercicio de nuestro derecho.

Lo que no sabíamos entonces es que iban a contar con la pasividad gubernativa. La policía concentró en el lugar una fuerza notable, superior a la estrictamente precisa para neutralizar a los batasunos, estimados en cien por los agentes. Un número parejo al de quienes acudieron a nuestra primera convocatoria.

Sin embargo se limitó a seguir el modelo "ertzaino": interponerse entre los ciudadanos que pretendíamos ejercer el derecho de reunión pacífica y sin armas en legal forma, previa comunicación a la autoridad competente -es un decir- y quienes se habían concertado en número y con medios suficientes para impedírnoslo. Actuó aquella 'fuerza de interposición' con la exquisita neutralidad propia de quien media entre dos extremismos equiparables: el de quienes pretenden ejercer un derecho fundamental, y el de quienes pretenden impedírselo, y se asegura de que los insultos, amenazas y coacciones de los segundos no pasen del sonido al tacto.

El sonido fue suficiente: imposible leer el comunicado de la organización a los ciudadanos que habían acudido a la convocatoria, bajo la fanfarria, la grita, la gaita y la pandereta de aquella centuria joven y vigorosa de voces y odio. Pero cuando ya abandonábamos por imposible la concentración programada y el "frente" se expandió demasiado para mantener el control, los batasunos pudieron demostrar lo que hubieran hecho sin la interposición policial, agrediendo a dos jóvenes brutalmente (¿o es que hay otra manera de agredir?). La noticia se propagó por la concentración centrifugada.

Cuando, vista la imposibilidad de desarrollar el acto manifestamos nuestra perplejidad al jefe de la fuerza de interposición por su pasividad ante la conculcación flagrante de un derecho ciudadano nos dijo "tienen ustedes todos los derechos del mundo ..." . Todos menos el que se nos había impedido ejercer ante sus narices.

La gente nos decía que debíamos llamar a la policía para denunciar lo que estaba pasando -las buenas gentes tienen una fe ciega en el estado de derecho, contra toda evidencia- pero es que la policía, o, al menos, un nutrido número de individuos de uniforme y medios antidisturbios, YA ESTABA ALLÍ. En consecuencia, tenemos un problema.

No es que el estado haya agotado sus recursos en normalización lingüística y ya no quede nada para seguridad ciudadana. No: al menos hubo allí medios más que suficientes para imponer el orden y restablecer el derecho. El problema es saber si la inhibición del chulo de bar con uniforme al mando se debía a su propia iniciativa, o si, simplemente, simpatizaba con las instrucciones recibidas de la autoridad competente. Y tenemos un indicio: al final, atónitos por lo sucedido, preguntamos a un agente que custodiaba un furgón vacío si tenía noticias sobre la agresión que corría en boca de la gente: aunque muy parco en palabras nos dijo que uno de los agredidos había sido conducido a un centro médico, y que buscaban a los agresores. Aprovechando esta brizna de simpatía, le planteamos el esquema jurídico de los hechos que había presenciado y le preguntamos si siempre "actúan" igual.

Entonces nos obsequió con tres palabras de claridad cegadora:

es todo política

Y ya no fue posible arrancarle ni una más. Ni falta que hizo.


Simple y llanamente aterrador.

Por cierto, otro atentado de los imbéciles de Resistencia Galega.

Motivos para creer... que sois unos inútiles.

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