viernes, 11 de mayo de 2007

¿Cambiará China su política hacia Sudán?


De todos es bien conocida la aversión de los antisistema comunistas por la injerencia occidental en los asuntos del Tercer Mundo que malvadamente "explota". De hecho, a esto, no sin cierta gracia, le llaman "imperialismo". Pues bien, China desde los años 60 ya vendía armas a países africanos "anti-imperialistas", pero es desde la implosión de la URSS que se ha convertido en el suministrador nº1 de armas y tecnología militar a los países en vías de desarrollo. Concretamente al Sahel y más concretamente a Sudán.

Desde 1995, China vende munición, tanques, cazas de combate (algún día hablaré del "caza chino de los pobres") y helicópteros. Cómo no, también minas antipersona y antitanque. La excusa china es la llamada "defensa Nuremberg" que consiste en justificarse alzando las manos y diciendo "son sólo negocios y tengo que pagar mi hipoteca". Resulta curioso que den facilidades de pago a un socio tan pobre como Sudan si lo que quieren es rédito económico.

Lo cierto es que al mismo tiempo, China invierte tecnología petrolífera en Sudán ya que según sus propios expertos, para el 2010 necesitarán 50 millones de toneladas de crudo del extranjero ante el estancamiento de su producción interna.

A partir de 2001, la CNPC (China National Petroleum Company) comenzó a construir dos campos petrolíferos. Con un aumento anual del 40% en la producción de barriles, Sudán ya representa las dos terceras partes del negocio de la CNPC. Además, los sibilinos chinos se guardan una cláusula: si Sudán no paga sus deudas contraídas, la CNPC podrá cobrárselo en crudo, cosa que dejaría a Sudan sin posibilidad de satisfacer su demanda interna de combustible.


Debt service payments for the Khartoum refinery, amounting to U.S. $ 60 million, would have priority over all other debt service payments, such as to the IMF, the World Bank, and other creditors.

Sigamos vigilando. China ahora quiere enviar una fuerza de intervención junto a la Unión Africana para el asunto Darfur. Lavado de imagen cara a unos juegos olímpicos de Beijing que si yo fuera superpotencia boicotearía.

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