miércoles, 13 de septiembre de 2006

Un tema candente del verano

Un tema candente del verano –nunca mejor dicho y perdonad la licencia- ha sido el de la ola de incendios forestales en Galicia. Se puede ser muy mezquino tratando de buscar una explicación a las causas e intereses tras la quema indiscriminada de árboles y superficie forestal. Esto lo sé porque me leí múltiples cartas al director y artículos de opinión en el principal –con diferencia- diario de Galicia (La Voz de Galicia).

Una cosa está clara, todos los veranos hay incendios forestales: las condiciones meteorológicas y climatológicas son favorables a que de descuidos surja el fuego o simplemente de manera fortuita sin que aparezca la mano del hombre. A esto le sumamos la situación de la mayoría de incendios: en las Rías Baixas el lugar con mayor densidad de población y mayor crecimiento inmobiliario/turístico. Pero este punto no sé por qué se cita tanto: un monte ardido no es suelo urbanizable durante los siguientes 30 años. Además, el paisaje bonito crea valor añadido a una construcción. En fin, las constructoras son uno de los sectores más perjudicados.

Había quien comentaba que muchos fuegos se hicieron para llamar la atención de las autoridades y aprovechar para la descarga de droga en la zona de la ría de Arousa. Puede ser.

Una cosa está clara: existen muchas explicaciones del origen de los incendios. Lo que no está tan claro es la actuación de la bicéfala Xunta de Galicia. Por mucho que lo nieguen, en la calle se habla de que miembros de las brigadas contraincendios fueron expulsados por no poder justificar su conocimiento del idioma gallego. Estas expulsiones arbitrarias dieron lugar a un reclutamiento apresurado (ya en pleno verano) de las brigadas que se encargan de patrullar y vigilar los montes.

Mientras tanto, aparecían los actores nacionalistas de turno que desde hace un año tienen sueldo de la televisión autonómica echándole la culpa al PP. Sí señores, la verdad es que me tardaron en que actuaran como las ratas que son. Miles de gallegos mirábamos el esperpéntico programa especial sobre los incendios de la TVG y cómo se iba gestando una caza de brujas muy similar a la que hubo tras el desastre del Prestige en 2003. Hasta hubo una manifestación del BNG/Nunca Máis. ¡Pero si ellos están en el gobierno! ¡Las explicaciones hay que pedírselas a ellos mismos! Alucinante.

Los ayuntamientos del PP y colectivos vecinales (el PP sigue siendo con mucho el primer partido de Galicia y el más arraigado en el rural) organizándose con las diputaciones al margen de la inoperante Xunta creaban sus propias brigadas contra el fuego (ahora les acusan de no hacerlo, ¿a quién quieren engañar?). Touriño aparecía en la prensa visitando en mocasines y camisa Pierre Cardin alguna aldea y diciendo que no pasaba nada. Por su parte, Quintana, ese animal de bellota que en su vida ganó unas elecciones, aparecía en una especie de centro de mando, un búnker para mayor gloria del contribuyente, mirando un mapa. De ese búnker sólo salió cuando se acabó la crisis. El nacionalitario se desplazó a Villalba a visitar un centro de la tercera edad. Política de altura sí señor.

Pero retrocedamos un poco. Hay otra estampa que quisiera recordar. El inefable, el huracán leonés, el azote de las cámaras legislativas, el amigo de las dictaduras, el de “dame pan y dime tonto”, sí, señores, Rodríguez vino de visita a Galicia. En una foto aparece en un helicóptero con Touriño contemplando cómo abajo estaban a punto de perder sus casas cientos de personas. Y murieron cuatro, que a nadie se le olvide.

Pues como decía, llegó el héroe, y, siguiendo la extraña estrategia socialista dijo que no pasaba nada, que cuando ardiera todo ya pediría dinero a Bruselas. Pero ahí no acabó la cosa. En una visita con su caravana a un pueblo (Ames, cerca de Santiago), las lógicas medidas de seguridad obligaron a la policía a cortar una carretera. Una carretera por la que iban unos chavales en un Nissan Patrol a avisar al puesto de la Guardia Civil de que el fuego se estaba extendiendo por el otro extremo del pueblo. No pudieron pasar. El fuego se extendió y gracias a Dios que los vecinos ¡solos! se organizaron como pudieron e impidieron el avance de las llamas hacia sus casas.

Antes de irse, el inspirador de la “democracia avanzada”, mandó desplegarse a las tropas de la BRILAT de Figueirido (Pontevedra). Bien, el Ejército nos ayudará, pensamos los gallegos. Pues no. Recibieron órdenes de no intervenir en los fuegos, sólo cooperar en labores de logística. Para más inri, la mayoría de esos soldados son gallegos y no se pudieron contener. Cuando ayudaban, pedían a los periodistas que se abstuvieran de sacar fotos. Se les podría poner ante un consejo de guerra por incumplir órdenes.

Y no pienso comentar el baile de números sobre el número de hectáreas quemadas. 175.000 el PP, la UE 86.000 y la Xunta: 77.000.

Ah, como dato diré que en Galicia hay una consellería de Medio Ambiente. Pensaréis que es la que se encargó de gestionar la crisis. Bueno… es que también tenemos otra de Ordenación Territorial… y otra de Medio Rural. Y no acaba aquí la cosa, la Vicepresidencia (Anxo Quintana, el zar del BNG), mandó repartir petos con el anagrama de la vicepresidencia, para que todo el mundo se acordara de él, supongo. Despilfarrando en beneficio propio, los recursos del contribuyente. ¡Viva la burocracia! Es que mires por donde los mires no hay por donde cogerlos.


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